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domingo, 15 de diciembre de 2013

En Alemania no se habla alemán

He alertado ya en más de una ocasión (como aquí o aquí) de la importancia capital que tiene el idioma en esto de emigrar. En la actualidad, son muchos los que pasan por alto este aspecto y se vienen para Alemania "a ver qué pasa", cosa que desaconsejo una vez más. Otros, por su parte, tratan de aprender algo de alemán antes de lanzarse. Pero, si eres de estos últimos, tengo malas noticias para ti: no te encontrarás muchas personas que hablen el alemán de los libros —especialmente si te instalas en el sur—.





Suele decirse que el área de Hannover es prácticamente el único reducto donde se habla "limpiamente". En las demás regiones, el alemán estándar se ve normalmente relegado por los dialectos propios de cada una, encontrándose incluso múltiples variantes dentro de un mismo estado. Este mapa refleja el complejo panorama.

La consecuencia de tal batiburrillo es que un extranjero puede volverse loco. Ya es bastante enrevesado este idioma como para encima tener que lidiar con dialectos imposibles. Es evidente que todas las lenguas tienen sus peculiaridades regionales, pero lo que ocurre aquí trae de cabeza al más pintado. Si bien dentro de España encontramos acentos muy distintos, todos usamos básicamente las mismas palabras. La diferencia entre un aragonés y un canario, por ejemplo, radica fundamentalmente en la particular pronunciación y entonación de cada uno, y no tanto en el léxico empleado. Aquí, sin embargo, hay dialectos que han distorsionado tanto el lenguaje que han dado lugar a un vocabulario muy singular. Gente de zonas distintas tiene problemas para entenderse si cada uno habla "a su manera", y es ahí cuando no les queda más remedio que recurrir al alemán estándar. Ahora, dentro de su propia zona dialectal, aparcan el habla "académica".

No soy filólogo ni nada por el estilo —si hay alguno en la sala, que me corrija—, pero tengo una opinión personal al respecto. Creo que esto puede deberse a la ausencia de un estatus de lengua oficial de los distintos dialectos. Pienso que si estuvieran normativizados quizá el entorno lingüístico resultaría menos confuso. En España tenemos tres idiomas cooficiales que se usan en sus correspondientes regiones, pero el castellano es nuestra lengua común y es relativamente uniforme en todo el territorio. Incluso el español americano, con un océano y miles de kilómetros por medio, me parece menos distante —con sus evidentes diferencias y particularidadesdel español europeo de lo que son algunos dialectos alemanes entre sí, separados por unos pocos cientos de kilómetros.

En fin, para los curiosos dejo este enlace. Se trata de un mapa interactivo en el que os podéis entretener con ejemplos de los peculiares dialectos y su comparación con el alemán estándar.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Sobrevivir al fracaso

Tras las innumerables vueltas y revueltas de los últimos meses, vuelvo a tener un empleo. No quiere decir esto que haya salido del atolladero. Primero, porque he perdido en varios aspectos con respecto a mi anterior trabajo. Segundo, porque no tengo más remedio que quedarme en Alemania, y la deseada vuelta a casa sigue siendo una utopía. No obstante, he decidido comentar algunas acciones que me han servido para reconducir —aunque solo sea levemente— la situación. Porque, en la vida, hay momentos para avanzar a toda vela y otros en los que toca aguantar el chaparrón minimizando los daños del navío.

Siempre es duro sobreponerse a un fracaso y, desde luego, yo no poseo una fórmula mágica para ello. Sin embargo, una cosa tengo clara: difícilmente puedo resolver un problema negando su existencia. Por eso, creo que se debe comenzar llamándole a las cosas por su nombre. Hay que dejarse de chorradas y asumir la realidad: HE FRACASADO. Punto. De lo contrario me estoy engañando.

A continuación toca reflexionar profunda y serenamente sobre los factores que han provocado ese desenlace. Y en este punto es necesaria una gran dósis de autocrítica. Naturalmente que existen causas externas que no he podido controlar, pero es imprescindible identificar y reconocer mis propios errores.

Es entonces cuando puedo corregir aquello que he hecho mal. En este sentido, yo he procurado trabajar sobre mis 3 "pecados capitales", los cuales fueron objeto de sendas entradas en este blog:
  1. El idioma. Es temerario, a la par que ingenuo, creer que se puede desarrollar una vida plena en un país desconociendo su lengua. He intentado subsanar este error garrafal mejorando mi nivel de alemán y, si alguien duda de que este es un factor decisivo, le diré una cosa: SOLAMENTE me llegaron ofertas cuando convencí a las empresas de que podía comunicarme en su idioma.
  2. Las apariencias. La imagen que las empresas venden de sí mismas raras veces se corresponde con la realidad. A estas alturas, he experimentado lo suficiente para saber que TODAS son iguales. Uno no sabe dónde se mete hasta que está dentro, y Alemania no es diferente en eso. Dentro de lo posible, esta vez he tratado de juzgar con mayor objetividad las alternativas que se me presentaban. Aún así, no puede decirse que mi elección sea muy diferente de los sitios que he conocido antes.
  3. La especialización. El arma de doble filo. Centrarme en un campo muy específico me cerró casi todas las puertas cuando este se vino abajo. He tenido bastante claro qué línea(s) seguir para vencer este obstáculo, pero el proceso de reciclaje no está siendo fácil y, por ahora, solo lo he conseguido parcialmente. Me queda mucho que pelear, pero es un comienzo.
Con estas labores de "desescombro" he comenzado a corregir mis principales errores, pero ninguno de ellos está plenamente subsanado. Mi balance personal es que, de momento, he conseguido sobrevivir a este fracaso —que no es poco—, aunque no está superado todavía. Son varias las circunstancias que me mantienen al borde del abismo —entre otras, que volveré a visitar la agencia de empleo más pronto que tarde—, así que no puedo considerar satisfactorio el statu quo. 

Empleando un símil futbolero, digamos que la situación actual se asemeja a una racha de empates consecutivos. Si a continuación llega otra derrota, los empates no valdrán nada. Pero si lo que llega es una victoria, estos empates cobrarán valor y se verán como el inicio de la recuperación.

miércoles, 27 de marzo de 2013

¿Y ahora qué?

Un día llegas al trabajo y te llaman a una habitación. Te explican que la empresa pasa por dificultades que le obligan a tomar decisiones drásticas y, antes de que te des cuenta, estás recogiendo tus cosas del lugar de trabajo y saliendo de allí para no volver. Estás despedido. ¿Y ahora qué?



Esta pregunta ya es difícil de responder ante tal situación estando en tu tierra. Pero si además resulta que estás en otro país, las preocupaciones que te asaltan sobre tu futuro hacen que tu vida se parezca de repente a un túnel sin salida. Desconoces las leyes, los procedimientos y hasta tus derechos básicos, y encima no puedes expresarte plenamente a causa del idioma. Una experiencia francamente desagradable, la verdad.

Cuando eso ocurrió, empecé a buscar soluciones y a hacerme infinidad de preguntas. Por ejemplo, de repente debía replantearme mi lugar de residencia: "¿Me quedo en Alemania? ¿Me vuelvo a España? ¿Huyo hacia adelante y pruebo en otro país?" Estas cuestiones en particular se fueron respondiendo solas a medida que recogía información por el camino. Es de lo que hablaré a continuación. Otras muchas, sin embargo, aún siguen sin respuesta.

Personalmente, mi decepción fue de tal magnitud que me hizo perder las ganas de seguir dando tumbos por el mundo. No podía quitarme de la cabeza un pensamiento: tanto sacrificio para terminar así; para eso es mejor estar en mi casa. Si hubiese tenido una varita mágica que me permitiese hacer lo que quisiera, yo hubiera vuelto a casa inmediatamente tras el despido. Es verdad que luego he ido relativizándolo un poco, pero la enorme decepción no se borrará nunca. Hasta tal punto es así, que muchos de mis puntos de vista han cambiado.

Si miro atrás me asombro al pensar con qué decisión me lancé a la emigración. A veces creo que debía estar loco para elegir este camino, pero no me asustaba y estaba convencido de que quería hacerlo. Ahora en cambio, con todo lo ocurrido, esas ganas han desaparecido, y he dejado de pensar que la mejor forma de mejorar es irse a otro país (puede que en otra entrada desarrolle el porqué).

En cualquier caso, pese a mis muchas meditaciones y deseos, es la realidad la que de momento se encarga de decidir por mí.

En primer lugar, la búsqueda de trabajo en ciertos países se trunca de nuevo a causa de sus respectivos idiomas (una lección que ya aprendí). A esto se suma el hecho de que no estoy muy por la labor de volver a empezar de cero. Después de haber superado ya aquí las dificultades iniciales y conseguir adaptarme... sería como en el parchís volver a la casilla de salida cuando llevas todo el tablero recorrido. No pensaba así hace unos meses, cuando seguía atraído por conocer otros países. Pero como digo, ahora mis prioridades han cambiado.

En segundo lugar, lo de encontrar trabajo en España ya sabemos cómo está. Desde el primer momento tuve que resignarme en este sentido. Salvo milagro improbable, es una utopía volver ahora.

Por tanto, parece que la opción de permanecer en Alemania es la más adecuada. Y en efecto, así es. Tiene que serlo a co..nes, porque es la única. No sólo por eliminación, sino también por motivos legales derivados de la normativa europea en materia de desempleo.

Me explico.

Simplificando mucho para no aburrir: los periodos trabajados en cualquier país de la unión se computan para calcular cuánto tiempo de paro te corresponde (para lo cual se necesita el formulario europeo PD U1; no entraré en eso ahora, si alguien tiene interés no tengo inconveniente en contestar preguntas). Pero tienes derecho a percibir la prestación en el país donde nació tal derecho. En mi caso, Alemania (que es donde me quedé en paro), no España (a pesar de que allí haya cotizado más años).

Eso por un lado está bien, porque obviamente la prestación es de mayor cuantía en Alemania. Pero por otro lado no tanto, porque la prestación dura menos tiempo (en mis condiciones, la mitad, para ser exactos).

La consecuencia es que, si quisiera volver a España ahora, tendría que hacerlo con una mano delante y otra detrás, puesto que trabajo no hay y allí no tengo derecho a paro, lo que sería una verdadera locura. De ahí que quedarme en Alemania sea mi única opción razonable de momento.

Es cierto, como muchos sabréis, que la legislación europea permite exportar la prestación por desempleo entre países de la unión (formulario PD U2). Pero tan solo puedes "llevarte" tres meses, tengas el tiempo que tengas. Es decir, si te queda por ejemplo un año entero de paro y solicitas su exportación a otro país, te conceden tres de esos doce meses. Una vez transcurridos esos tres meses, si sigues en paro y no vuelves al país de origen, el resto lo pierdes definitivamente.

Así pues, todavía no es una opción para mí. Ese tiempo lo consumiría prácticamente ya sólo en mudarme. Hoy por hoy, sólo puedo plantearme volver a España si tengo trabajo, lo cual es sinónimo de decir que no puedo volver.

Lo peor de este galimatías legal es que también obstaculiza otra de las vías para intentar salir adelante: crear mi propia empresa. Dado que no tengo derecho a paro en España, no puedo acogerme a la famosa capitalización del mismo ni a ninguna otra de las supuestas ventajas que anuncian para emprendedores. A no ser, claro está, que me la juegue y haga un salto mortal sin red (todo llegará...).

En conclusión, quiera o no quiera, estoy atrapado aquí. Todo lo que puedo hacer por ahora es seguir buscando trabajo. Si en los próximos meses consigo encontrarlo, pues bien. Si por el contrario no es así y nada cambia, mi condición de emigrante tiene ya fecha de caducidad, y ésta coincide con la de mi derecho a percibir paro. A partir de ahí me convertiré en un emigrante retornado prematuro. Siguiendo mis propios consejos, me niego a permanecer aquí careciendo de ingresos, aunque ello suponga volver a casa derrotado y con el rabo entre las piernas.

Veremos lo que depara el futuro inmediato.

viernes, 8 de marzo de 2013

3 "consejos" para fracasar en Alemania (I)

Cuando nos pasa algo malo (como quedarnos en paro), una de las preguntas que suelen venirnos a la cabeza es: ¿pero qué he hecho yo para merecer esto? Para responderla tendemos primero a buscar culpas externas, lo cual es legítimo además de cierto en gran medida. Despotricamos de que la empresa es tal o la empresa es cual, que la crisis tiene la culpa, que yo no merecía esto, etc, etc. Sin embargo, a menudo olvidamos la parte de responsabilidad que nos toca en el suceso.

Algo habremos hecho mal para vernos envueltos en tal calamidad. ¿O no?

Como anuncié en la presentación del blog, quiero ser crítico con muchas cosas. Pero considero que, para ganarse el derecho a criticar algo, primero debes criticarte a ti mismo. Por eso quiero empezar, con esta entrada, una serie titulada "3 consejos para fracasar en Alemania", donde describiré las principales equivocaciones que yo cometí para meterme en este hoyo.

En la lista de errores que me atribuyo, el primero tiene que ver con el idioma, un tema absolutamente crucial.


Antes de venir, yo tenía un gran concepto de los alemanes en este sentido. Las estadísticas reflejan claramente que el nivel medio de inglés en Alemania es bastante superior al de España, algo que por otra parte coincide con el sentir general. Precisamente por eso, me creí inocentemente que con mi buen nivel de inglés podría hacer una vida normal a pesar de no hablar nada de alemán cuando llegué. ¡CRASO ERROR!

Venir a Alemania sin hablar alemán aumenta tus probabilidades de fracaso enormemente. Y no por casualidad subrayo el verbo 'hablar', porque entre 'saber' alemán y 'hablar' alemán hay una diferencia notable (los que habéis pasado por ello me entenderéis). Puedes saberte un montón de palabras a base de chapar vocabulario, incluso ser capaz de juntar dos o tres en una misma frase. Pero de ahí a HABLAR va un mundo. Y no te cuento para entender lo que ellos te dicen, especialmente en según qué zonas... Incluso un nivel medio de alemán no es suficiente en muchas situaciones, pero ya si tu nivel es bajo o nulo, date por jodido.

En este aspecto, el alemán es muy distinto de otras lenguas en las que, tan pronto te aprendes una palabra, estás en disposición de usarla (p. ej. el inglés). Aquí no basta con saberse una palabra para poder utilizarla. Debes saberte también sus declinaciones, plural, género (que no siempre es tan obvio como imaginas)... o de lo contrario serás incapaz de colocarla con sentido en una frase.

Sinceramente, he de admitir que infravaloré la dificultad de este idioma (o sobrevaloré mi capacidad, no lo tengo claro...). Siempre se me han dado bien los idiomas, así que supuse que este sería uno más. Pero no fue así exactamente.

La fama de difícil que tiene el alemán no es gratuita. Sus palabras infinitas rebosando consonantes por los cuatro costados, sus declinaciones o sus 8 vocales en vez de 5 tienen parte de culpa. Pero si tengo que elegir lo que más me irrita de esta lengua, diría que es su exceso de arbitrariedad y falta de lógica, algo de lo que te percatas cuando empiezas a profundizar en su aprendizaje. Recuerdo que esto me llamó mucho la atención, porque no concuerda con el carácter pragmático que se le presupone a sus hablantes. Tal obstáculo se pone de manifiesto, por ejemplo, al asignar el lugar correcto a cada palabra según de qué oración se trate y la función que en ella cumple dicho vocabloAdemás, cada regla presenta más excepciones que ejemplos.

Por estas y otras razones, el sistema resulta caótico y genera verdaderos dolores de cabeza. Y el desacuerdo existente entre los propios nativos a la hora de dar una explicación coherente al respecto, tiene efectos dramáticos en la moral del que está aprendiendo. Muchos hablan el alemán "por sensaciones", o sea, no saben decirte porqué es así, sólo saben que así suena bien y por eso debe ser correcto (¿?).

¡Mátame camión!

Para más pruebas de los infames e intrincados recovecos de esta lengua, quiero remitiros al ensayo que Mark Twain le dedicó hace más de un siglo, tras arduos esfuerzos por comprenderla. Se titula "El horrible idioma alemán" (aquí lo encontraréis traducido al español) y merece la pena leerlo hasta el final. Sencillamente genial.

En resumidas cuentas, lo que quiero transmitir con todo esto es que es muy, pero que muy recomendable, llegar aquí hablando alemán. Tendrás una cantidad de terreno ganado bestial. De lo contrario, te estrellarás contra un muro en cualquier cosa que trates de hacer, hasta lo más sencillo y cotidiano.

Ten en cuenta que, el ciudadano alemán medio puede dominar mejor el inglés de lo que lo hace el español medio, pero a la vez siente mucho más orgullo de su lengua y de su país. Esto lo demuestran muchas empresas demandando un alto dominio del alemán, muy superior al "nivel medio", incluso para optar a puestos que no exigen necesariamente habilidades lingüísticas.

Curiosamente este no fue mi caso, ya que me contrataron a pesar de advertirles de mi completo analfabetismo en su lengua. Quizá por eso, cometí este error. Conseguir el trabajo sin hablar alemán me hizo pensar que ese era un tema secundario y menor.

"Ya lo iré aprendiendo", me decía a mí mismo.

No podía estar más equivocado.

Esto me causó desde el primer día serias dificultades a pesar de contar con el inglés para sobrevivir. Pero es que además, seguí agravando el error al no medir bien la importancia del factor idioma. Debido a múltiples circunstancias que escaparon a mi control no tuve la dedicación necesaria para hablarlo bien, lo cual se ha terminado convirtiendo en una poderosa arma en mi contra.

Estudié muy poco alemán desde que llegué, lo que sé es fundamentalmente por inmersión (escuchar, leer, hablar, escribir...). Y puedo decir que, aun con cantidad de errores, me defiendo con cierto decoro en un buen número de contextos (incluso a veces sorprendentemente mejor de lo que creo). Sin embargo, los hechos demuestran que no es suficiente. Y por eso, me avergüenza reconocer que tras dos años viviendo aquí, mi nivel de alemán representa el mayor de los obstáculos para encontrar trabajo.

¡No cometáis el mismo error!
"Una persona inteligente puede aprender inglés (excepto gramática y pronunciación) en treinta horas, francés en treinta días y alemán en treinta años. Queda en las manos de quienes podrían, enderezar y reparar la tercera lengua mencionada. En caso de que así permanezca, debería ser presentada, amable y respetuosamente, como una de las lenguas muertas, pues sólo los muertos tienen suficiente tiempo para aprenderla."

- Mark Twain -
¿Has tenido experiencias en este sentido? ¿Destacarías otras dificultades del alemán?

Lee también:
3 "consejos" para fracasar en Alemania (II)
3 "consejos" para fracasar en Alemania (y III)