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lunes, 6 de enero de 2014

Alimentando un modelo podrido

Comienza un nuevo año y algunos quieren vendernos que será el de la recuperación. Yo sin embargo soy abiertamente escéptico sobre la posibilidad de que España mejore en un futuro próximo. Y no me refiero a que se acabe lo que erróneamente llaman crisis, sino a que se produzcan cambios de fondo más allá de modas y coyunturas. Puede que un día de estos el dinero vuelva a fluir, pero eso no arreglará los defectos de base. Más bien al contrario, creo que los volverá a potenciar, como ya ocurrió en el pasado.


Una de nuestras muchas lacras es el paupérrimo panorama laboral, del cual, como es costumbre, culpamos a otros. Somos maestros de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Y si no respondedme a estas preguntas:

¿Quién es culpable de que no haya oportunidades si somos incapaces de generarlas?

Nadie tiene la obligación de servírnoslas en bandeja, señores. Y es que somos un país con una deficiente capacidad empresarial y comercial. En parte, por la humillante normativa que castiga a todo el que se establece por cuenta propia, y en parte, por nuestra brutal carencia de iniciativa y formación. Vivo en un lugar en el que la gente no considera el trabajar por cuenta ajena como la única opción, ni ve en el funcionariado un ideal de vida. Se dice que en Alemania hay más oportunidades como si hubiesen llovido del cielo, pero las hay únicamente porque las han creado y conservado. Aquí el que sabe hacer algo se lo monta por su cuenta, no espera a que venga nadie a darle limosna. Nuestra total inoperancia, por el contrario, hace de España un país de saldo. Oleadas de oportunistas extranjeros están comprando ahora mismo una empresa tras otra a precio de ganga. La lista es interminable. Y nosotros encantados, oiga. ¡Qué se compliquen otros haciendo números! Luego, cuando les convenga llevarse esos puestos de trabajo a otro sitio, diremos que son unos cabrones desalmados. ¡Tiene huevos!

¿Quién es culpable de que la dichosa "marca España" esté devaluada si no sabemos venderla?

De las decenas de ejemplos que existen, voy a escoger hoy uno clamoroso: el caso del aceite de oliva. España, el mayor productor mundial, debería ser inmediatamente relacionada con ese producto en cualquier punto del planeta. Con la sola mención de la palabra 'aceite', a cualquier persona se le tendría que venir a la mente España ipso facto, y viceversa. Sin embargo, no es así. ¿Porqué? Pues, entre otras cosas, porque vendemos la mitad de nuestra producción a granel a Italia, quienes lo embotellan, le ponen una etiqueta en italiano y lo venden a precio de oro por todo el mundo como si fuera suyo —por ejemplo en mi tienda más próxima a 8-9€ el litro, cuando no más caro—. Resultado: el consumidor asocia aceite de oliva y calidad con Italia, no con España. Claro, con nuestra marca nos interesa más asociar toros y flamenco. Eso sí que nos va a dar la gloria, vamos.

¿Quién es culpable de que el único modo de tener trabajo sea por enchufe si todos hacemos uso de él?

Vengo de pasarme en el paro buena parte de 2013. Durante varios meses, me desgañité sin éxito por conseguir un trabajo en un país donde abundan. Mientras tanto veía cómo en España, un país desolado por el desempleo, determinada gente conseguía nuevos trabajos con una facilidad asombrosa, sin despeinarse. Curiosamente, esos puestos nunca están a la vista del gran público, sino que parecen creados ex profeso para alguien —el cuñado de un primo que conoce a un amigo, ya sabéis—. Con todo el descaro, esas mismas personas critican situaciones semejantes cuando son otros quienes lo hacen. Pero, ay amigo, cuando son ellos todo vale. Esta es exactamente la misma hipocresía que nos caracteriza ante la corrupción y las injusticias con las que convivimos. Hablar es gratis y es muy fácil quejarse del enchufismo, de la corrupción o de lo que sea. Pero luego, cuando nosotros podemos sacar tajada, lo hacemos, así que somos tan responsables de este podrido sistema como lo son otros más poderosos.

En resumen: nuevo año, mismas prácticas nefastas. Pautas de comportamiento como estas, que nos han traído a este despeñadero, persisten y persistirán, de modo que no puedo augurar resultados mejores para los años venideros. Ojalá me equivoque. Entretanto, una cosa es segura. Muchos hemos pasado otra Navidad lejos de casa, y no tengo motivos para pensar que sea la útima...

"A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa."
Michel Eyquem de Montaigne

sábado, 21 de diciembre de 2013

Alemania a cualquier precio

Irse a Alemania está de moda. Trabajo, buen sueldo y preciosos mercadillos navideños. ¡Cómo mola! Pero, lo siento, para ver bonitas estampas de nieve, lucecitas y árboles decorados tendrás que cambiar de página —no te costará encontrar una de esas—. Ese no es mi estilo, así que voy a hablar de algo mucho menos festivo y glamuroso. Se trata de una oferta que he visto últimamente para unas prácticas remuneradas en Alemania.


La susodicha oferta se dirige a personas entre 18 y 29 años que tengan la ESO como mínimo, aunque aceptan gente con Bachillerato, FP y hasta universitarios. No se requieren conocimientos previos de alemán. Los seleccionados recibirán un curso de alemán básico (3 meses) en una ciudad española, donde deberán correr con los gastos de alojamiento, y luego otro (2 meses) ya en Alemania, este con alojamiento a cargo de la empresa. La duración de las prácticas se estima entre 2 y 3 años, en los que la remuneración será de unos 800€ brutos al mes. Finalizadas las prácticas, el candidato podría incorporarse a la empresa percibiendo unos 26.000€ brutos al año.

Bien. Hasta aquí los datos objetivos. Ahora mi punto de vista personal:

Sin conocimientos previos, el curso básico de alemán te servirá para dar los buenos días y la hora a duras penas. Poco más. Durante los 3 meses de curso en España, a no ser que tengas la suerte de vivir en la ciudad donde se imparte, empiezas a soltar pasta, porque tienes que mudarte por tu cuenta. Para el curso en Alemania no pagas alojamiento, pero esos 2 meses serán escasos para encontrar un lugar digno donde vivir después, el cual ya tendrás que pagar de tu bolsillo. Con un sueldo de 800€ brutos (unos 600€ netos) te podrás permitir una habitación y vas que ardes. Pero te recuerdo que aún tienes que comer. Como no tengas más dinero que el de estas prácticas, vas a comer muy, pero que muy mal. Y ya no hablo de divertirse ni nada por el estilo… Ah, y tampoco olvides que seguirás sin tener ni idea de alemán, o sea que tu vida se parecerá en muchos momentos a una pesadilla.

Por fin, si aguantas esos 2-3 años sin desquiciarte ni morir de inanición, existe la posibilidad —no la garantía— de que pases a estar en plantilla, con un sueldo de 26.000€ brutos anuales. Suponiendo 12 pagas y sin entrar al detalle de tus circunstancias personales, eso son del orden de 1400-1600€ limpios al mes. Esto, comparado con España, puede parecer una cifra interesante, y no digo yo que sea para despreciarla —sobre todo cuando no se tiene nada—, pero con esa cantidad aquí no irás sobrado precisamente. Por ejemplo, solo el alquiler de un piso normalito puede llevarse prácticamente la mitad de ese sueldo.

En definitiva, no niego que ofertas de este tipo pueden suponer una ocasión para alguien que no la tiene en España, pero hago este análisis para mostrar que hay que pensarlo muy bien. No es tan sencillo como agarrar la maleta y largarse. Analiza todos los detalles detenidamente antes de dar el paso. Ya he dado mis motivos por los que creo que emigrar no es la solución. Si aún así tienes claro que es eso lo que quieres, te garantizo que no va a ser fácil, así que dos recomendaciones: 1ª) nunca bajes los brazos ante las dificultades ni dejes de pelear; 2ª) trabaja, trabaja, trabaja duro cada día hagas lo que hagas.

domingo, 13 de octubre de 2013

Encuentra las 7 diferencias

Los cientos —o quizá miles— de ofertas de empleo que he analizado durante los últimos meses me han mostrado otra de las muchas y profundas diferencias entre la cultura española y la alemana. Es obvio que, los buenos modales, se tienen o no se tienen, y se demuestran en cualquier ámbito de la vida. Pero vamos al grano. A continuación expongo la estructura tipo de los anuncios de trabajo en cada país. ¿Conseguiréis detectar las diferencias? ;)



ANUNCIO TIPO EN ALEMANIA

El contenido suele ser bastante estándar e incluye siempre los apartados siguientes:
  • Presentación: Breve pero descriptiva introducción de la empresa. Como mínimo se cita el sector, productos y ámbito de aplicación, aunque no es extraño que se mencionen también algunas de las ventajas más atractivas para los empleados, así como su filosofía empresarial. 
  • Lugar de trabajo y denominación exacta del puesto. 
  • Responsabilidades: Descripción detallada de las principales tareas que conciernen al puesto, departamentos con los que se deberá interactuar, etc. 
  • Requisitos: Estudios y experiencia necesarios, así como idiomas u otros posibles requerimientos, todo ello ajustado al puesto, con un enfoque realista y sin sobredimensionar las exigencias. 
  • Observaciones: Modo en que han de ser enviadas las solicitudes (correo postal, correo electrónico, página web...) y documentos o datos que deben incluirse. 
  • Contacto: Animan a los interesados a presentar su solicitud y a preguntar cualquier duda que exista al respecto de la oferta. Para ello aparece siempre el nombre de la persona de contacto junto con su dirección, teléfono y/o correo eléctronico.
Una vez enviadas, en casi todos los casos, las solicitudes son recibidas, atendidas y respondidas con exquisita corrección y respeto hacia el aspirante, tanto si este sigue en el proceso como si no.

ANUNCIO TIPO EN ESPAÑA

En cualquiera de los portales de empleo españoles es habitual ver cosas como estas:
  • Descripción de la empresa: Se zanja con la manida expresión "empresa líder en su sector" —curiosamente siempre lo son—. Eso es todo. Nombre, actividad y productos brillan por su ausencia. 
  • Puesto vacante: En mi profesión se ha puesto de moda designar el cargo con la palabra 'técnico' en lugar de 'ingeniero' —una declaración de intenciones en toda regla, que ya anuncia la mierda que van a pagarte—.
  • Descripción del puesto: Aquí se imponen dos corrientes principales:
    • la minimalista, o sea, rellenar este campo con apenas tres palabras que nada explican sobre las tareas a realizar;
    • y la ecléctica, lo que viene a ser el chico para todo, vamos. Mezclan cosas del tipo "gestionar proyectos, dirigir equipos, tomar decisiones estratégicas, desarrollar el producto..." con otras como "manejar carretilla, operar grúa, recoger residuos, manipular herramientas..." —curiosa fusión de conceptos—.
  • Requisitos: Llega el desparrame. Por pedir que no quede. Titulaciones por doquier, años de experiencia y sólidos conocimientos de todas las disciplinas habidas y por haber. Nivel bilingüe de inglés, francés, alemán, italiano, portugués, chino mandarín y swahili, valorándose también esperanto y lengua élfica. Disponibilidad para viajar y para trabajar a turnos, noches, fines de semana, festivos y fiestas de guardar. Incorporación inmediata. Imprescindible residencia próxima al lugar de trabajo —me pregunto qué coño importará eso—. 
  • Tipo de contrato: "Otros contratos" —¿?—.
  • Salario: Y todo ello por el módico precio de... ¡900€ brutos al mes! genial, ¿a que sí?—.
Una vez enviadas, en casi todos los casos, las solicitudes son tratadas con la más vulgar zafiedad, desconsideración y falta de respeto hacia el aspirante, quien desconoce si la documentación remitida ha llegado a manos de alguien o se ha perdido en una dimensión paralela, tanto si sigue en el proceso como si no.


PD: ¿Aún creéis que solo políticos y banqueros son culpables de la situación del país? Señores, España la hacemos TODOS.

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sábado, 28 de septiembre de 2013

Sobrevivir al fracaso

Tras las innumerables vueltas y revueltas de los últimos meses, vuelvo a tener un empleo. No quiere decir esto que haya salido del atolladero. Primero, porque he perdido en varios aspectos con respecto a mi anterior trabajo. Segundo, porque no tengo más remedio que quedarme en Alemania, y la deseada vuelta a casa sigue siendo una utopía. No obstante, he decidido comentar algunas acciones que me han servido para reconducir —aunque solo sea levemente— la situación. Porque, en la vida, hay momentos para avanzar a toda vela y otros en los que toca aguantar el chaparrón minimizando los daños del navío.

Siempre es duro sobreponerse a un fracaso y, desde luego, yo no poseo una fórmula mágica para ello. Sin embargo, una cosa tengo clara: difícilmente puedo resolver un problema negando su existencia. Por eso, creo que se debe comenzar llamándole a las cosas por su nombre. Hay que dejarse de chorradas y asumir la realidad: HE FRACASADO. Punto. De lo contrario me estoy engañando.

A continuación toca reflexionar profunda y serenamente sobre los factores que han provocado ese desenlace. Y en este punto es necesaria una gran dósis de autocrítica. Naturalmente que existen causas externas que no he podido controlar, pero es imprescindible identificar y reconocer mis propios errores.

Es entonces cuando puedo corregir aquello que he hecho mal. En este sentido, yo he procurado trabajar sobre mis 3 "pecados capitales", los cuales fueron objeto de sendas entradas en este blog:
  1. El idioma. Es temerario, a la par que ingenuo, creer que se puede desarrollar una vida plena en un país desconociendo su lengua. He intentado subsanar este error garrafal mejorando mi nivel de alemán y, si alguien duda de que este es un factor decisivo, le diré una cosa: SOLAMENTE me llegaron ofertas cuando convencí a las empresas de que podía comunicarme en su idioma.
  2. Las apariencias. La imagen que las empresas venden de sí mismas raras veces se corresponde con la realidad. A estas alturas, he experimentado lo suficiente para saber que TODAS son iguales. Uno no sabe dónde se mete hasta que está dentro, y Alemania no es diferente en eso. Dentro de lo posible, esta vez he tratado de juzgar con mayor objetividad las alternativas que se me presentaban. Aún así, no puede decirse que mi elección sea muy diferente de los sitios que he conocido antes.
  3. La especialización. El arma de doble filo. Centrarme en un campo muy específico me cerró casi todas las puertas cuando este se vino abajo. He tenido bastante claro qué línea(s) seguir para vencer este obstáculo, pero el proceso de reciclaje no está siendo fácil y, por ahora, solo lo he conseguido parcialmente. Me queda mucho que pelear, pero es un comienzo.
Con estas labores de "desescombro" he comenzado a corregir mis principales errores, pero ninguno de ellos está plenamente subsanado. Mi balance personal es que, de momento, he conseguido sobrevivir a este fracaso —que no es poco—, aunque no está superado todavía. Son varias las circunstancias que me mantienen al borde del abismo —entre otras, que volveré a visitar la agencia de empleo más pronto que tarde—, así que no puedo considerar satisfactorio el statu quo. 

Empleando un símil futbolero, digamos que la situación actual se asemeja a una racha de empates consecutivos. Si a continuación llega otra derrota, los empates no valdrán nada. Pero si lo que llega es una victoria, estos empates cobrarán valor y se verán como el inicio de la recuperación.

miércoles, 31 de julio de 2013

El peso de los títulos

Años de estudios y preparación, una trayectoria profesional como aval, referencias, idiomas, experiencia internacional... Nada de esto parece bastar para saciar el voraz apetito de potenciales empleadores. En alguna ocasión ya he hablado de la titulitis galopante que azota estas tierras, pero me siguen dejando patidifuso las situaciones absurdas a las que me enfrento. Si no lo veo no lo creo.


SITUACIÓN Nº 1: Oferta de empleo que me va como anillo al dedo. Cumplo todos y cada uno de los requisitos: experiencia, idiomas, estudios... Recibo respuesta negativa a la solicitud. Argumento esgrimido (cito textualmente): "sus cualificaciones no cumplen EN NINGÚN CASO los requerimientos del puesto"¿¡!? El estupor se apodera de mí. ¿Qué coño he estado haciendo toda mi vida entonces?

SITUACIÓN Nº 2: De nuevo, oferta de empleo apropiada. Preparo una completísima solicitud plagada de documentos (como se hace aquí siempre). Resalto especialmente los aspectos de mi trayectoria laboral interesantes para el puesto, y no tanto mi formación, ya que esta tiene menor relevancia en comparación con la experiencia (al menos eso me dicta la lógica). Tras deliberar varios días, me piden mi expediente universitario. Sabiendo donde me encuentro, esto cae dentro de lo normal, así que no le doy demasiada importancia y se lo envío. No es suficiente. Ahora quieren referencias de mi etapa universitaria. Aunque empieza a parecerme excesivo, procedo a facilitárselas también. Pero aún no había acabado la cosa. Lo siguiente que me solicitan son los expedientes completos de toda mi etapa académica, esto es, educación secundaria y ¡PRIMARIA! Ahí sí que ya se me desencaja la mandíbula directamente... ¿Qué me pedirán luego? ¿Las huellas digitales? ¿La partida de nacimiento? ¿El árbol genealógico? Pero, ¡pedazo de gilipollas! ¿De todo mi currículum y bagaje, lo que te interesa y por lo cual vas a decidir mi incorporación es mi nota de pretecnología en 2º de EGB? ¿¿Nos hemos vuelto locos o qué?? Sé porqué lo hacen y sé que así funciona este país, pero eso no significa que no sea completamente absurdo. ¿Qué peso puede tener esa lejana e insignificante fase de mi vida al lado de mi carrera profesional? ¿Acaso hay algo más importante que la experiencia acreditada (no exenta de la debida formación, claro está)?

SITUACIÓN Nº 3: Oferta de empleo apropiada salvo por un punto. A pesar de tener experiencia en puesto similar, mi titulación universitaria no corresponde exactamente con la que solicitan. Visto lo visto, cuento con que ese detalle será un talón de Aquiles insalvable. Naturalmente, la negativa no se hace esperar. Me descartan "porque mi formación académica no cumple los requerimientos". Una vez más, se la sudan los años de experiencia que tenga en esa actividad.

Finalmente, llega la escena que me da la puntilla.

SITUACIÓN Nº 4: Oficina de empleo. Me convocan para estudiar mis expectativas actuales y la evolución desde la última reunión. Me preguntan cómo va la búsqueda, le explico que la cosa sigue chunga, hablamos de esto y lo otro... Puro trámite. Conclusión de la charla: "tenga usted este folleto; ahí se explica cómo solicitar que le reconozcan oficialmente sus títulos extranjeros en Alemania". ¡Lo que me faltaba por ver! Es que los títulos que dan en el extranjero son de tómbola, por lo visto. Parece ser que las matemáticas, la física o la química se rigen por leyes distintas aquí que en el resto del universo, por eso no valen las que estudiamos fuera. ¡Hay que joderse!

Este tipo de actitudes me recuerdan mucho a lo que ocurre en otros países avanzados del mundo. El saberse por delante del resto en muchos aspectos les hace caer en una enorme soberbia con extrema facilidad. A menudo se creen que todo lo de fuera es peor y que solo ellos saben hacer bien las cosas. Una falta de criterio que considero profundamente absurda y discriminatoria, y que ilustra un carácter elitista muy extendido en estas sociedades.

Naturalmente, admito que debe existir cierto control sobre las titulaciones "importadas"; es verdad que hay de todo por el mundo adelante. Comprendo que se exijan garantías en ese sentido, pero las situaciones que me han ocurrido me parecen completamente irracionales, porque:

  1. Estamos hablando de países pertenecientes a la UE; esas garantías se presuponen. Si no es así, apaga y vámonos, que desmonten el chiringuito de una vez.
  2. No soy un recién licenciado, tengo una experiencia detrás. Es decir, otras empresas ya han comprobado que mis títulos no son "de palo".
  3. Ya he trabajado en Alemania. O sea, otros congéneres suyos ya le han dado el visto bueno a mi formación, por si es que sus selectos paladares solo aceptan el rasero nacional.
Así pues, no pienso ir como un corderito a pedir su beneplácito para mis títulos españoles. Por lo que a mí respecta, pueden esperar sentados. Y si deciden rechazarme por semejante chorrada, me voy con la conciencia muy tranquila y la cabeza bien alta. Ellos se lo pierden.

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jueves, 23 de mayo de 2013

Recursos inhumanos

Resulta evidente que este mundo apesta cada vez más. Lo hace por los cuatro costados, de tal manera que la escasa moral que pudo existir algún día está cerca de esfumarse por completo. Nada importa salvo hacer dinero y medrar a toda costa. Se pisa a quien haga falta sin la menor consideración por su dignidad. Políticos y banqueros representan como nadie esa vil bajeza del ser humano, pero esta filosofía que impera en nuestros días puede observarse en muchos otros colectivos, como el que voy a tratar hoy: los llamados reclutadores, cazatalentos o headhunters.


Para ser sincero, los departamentos de RR.HH. no han sido nunca santo de mi devoción. Quizá haya tenido mala suerte con los que me han tocado, no lo sé, pero la realidad es que he visto siempre comportamientos despreciables por su parte, en distintas empresas y con distintas personas.

El caso es que, en la situación de necesidad que vivimos, muchos han visto la oportunidad de convertirse en buscadores de personal para las empresas. Algunos han creado agencias de reclutamiento y otros trabajan por cuenta propia, incluso desde casa. Las empresas acuden a ellos para demandar un determinado perfil profesional y ellos les proporcionan una serie de personas que cumplen los requisitos. Naturalmente, no les resulta difícil hacerse con montones de CV's de gente deseosa de trabajar, y las empresas aceptan pagar sus servicios para evitarse esa primera criba.

Si uno visita las webs de esos "cazadores", observa unos rasgos comunes a todos ellos. Proclaman a los cuatro vientos su especial vocación por las personas de las que dicen estar al servicio y explican cómo su inigualable ojo clínico les permite identificar el talento evitando que se desperdicie, restaurando así el equilibrio cósmico de forma puramente altruista. 

¡Menuda sarta de mentiras! A esos tiburones, las personas y el talento les importan un carajo.

A lo largo de mi trayectoria he tenido contacto con un buen número de estos elementos. Prometo que, cada vez que me topo con uno nuevo, dejo de lado cualquier prejuicio y le concedo la presunción de inocencia. Aún así, tienen la asombrosa capacidad de defraudarme en un tiempo récord. En los últimos meses la frecuencia de contacto se ha incrementado todavía más, debido a mi situación, deparándome en todos los casos resultados infructuosos. Ojo, no por el hecho de no conseguir trabajo, sino por el comportamiento lamentable que han tenido. Acepto sin rechistar que no me den un empleo porque no soy la persona indicada, pero no admito que me traten sin el más mínimo respeto. Por ahí no paso.

Os contaré un caso que me ocurrió hace ya tiempo, cuando aún trabajaba. En aquel entonces no estaba buscando trabajo, por lo que no había iniciado ninguna gestión, ni enviado solicitudes, ni datos, ni nada parecido. Bien. Pues un día, me suena el teléfono en el trabajo. Alguien pregunta por mí. "Sí, soy yo" —respondo—. Entonces, el fulano me suelta sin más preámbulos que si estaría interesado en cambiar de empleo, que su cliente es una empresa muy potente, que si patatín que si patatán... Hace falta tener poca vergüenza. Un tío consigue mi teléfono del trabajo sin que yo se lo dé, me llama en plena jornada laboral y me propone dejarlo para irme a otro lado. De entrada, lo considero una flagrante invasión de la intimidad, pero es que aparte podía haberme buscado un lío con mi empresa. El trabajo ya es un bien tan preciado que, solo por venir ofreciéndolo, se creen con derecho a abordarme sin el más mínimo tacto.

Más ejemplos recientes. Alguien que no conozco se pone en contacto conmigo, me habla de una supuesta oferta de empleo, me pregunta si me interesa y me pide que le envíe mi CV y otra información adicional. Propone concertar una entrevista telefónica para comentar un poco los detalles de mi experiencia y tal. Lo típico. Naturalmente valoro la oferta y, al ver que me interesa, accedo. Le indico que estoy de acuerdo y que hablaremos, y procedo a enviarle lo que solicita. Automáticamente, en ese momento el tío se desvanece y no vuelvo a recibir noticias suyas. Le mando un par de correos para ver qué pasa y no me contesta. De la oferta nunca más se supo.

Con algunas variaciones en la historiaasí a bote pronto, puedo recordar media docena de ocasiones en las que se ha repetido esta misma experiencia en los últimos meses.

Ante estos hechos, evidentemente, uno se pregunta: ¿A qué coño juega esta gentuza? ¿Qué pretenden con esa tomadura de pelo? Muy sencillo: simplemente buscan incrementar su particular nómina de candidatos. Muchos de esos indeseables necesitan ampliar el elenco de nombres que poder ofrecer a las empresas, y la forma que tienen de hacerlo es esta. Te ofrecen un hipotético puesto —que a veces directamente se inventan— para conseguir tu CV y todos tus datos de contacto. A partir de ahí, si te he visto no me acuerdo. Ya tienen lo que querían: tu ficha.

Después, si tu perfil encaja, se lo ofrecerán a una empresa que puede llegar a pagar por tu CV aunque no te contrate. Un CV que el reclutador, recordemos, ha obtenido gratis de ti. Uno de ellos tuvo incluso la desfachatez de pedirme que no enviara solicitudes a más empresas, porque así ya tendrían mis datos y él no podría vendérselos. ¡Con dos cojones!

Hay que ser muy ruin para aprovecharse de los dramas de la gente, como es este del desempleo. Para esas sabandijas sin escrúpulos, las personas son simple ganado con el que comerciar.

Tristemente, en la selección de personal y los RR.HH. hace mucho tiempo que todo vale. Gestionar algo tan valioso como los puestos de trabajo les confiere el poder de jugar a ser Dios y decidir a su antojo el futuro de la gente. Avasallar a las personas y dilapidar el talento son prácticas comunes, mientras que escaseala honestidad, el respeto y la elegancia. Lo tenemos crudo aquellos que no contamos con la amistad de algún gerente o cargo importante. Así están las cosas.

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martes, 14 de mayo de 2013

El paro en Alemania

He pensado que quizá a más gente le interese saber cómo funciona esto del paro aquí en Alemania. Por eso, voy a dedicar esta entrada a explicar las principales cuestiones en relación a ello. Principalmente voy a considerar que el desempleo se origina tras haber trabajado aquí. Ya he dicho que no es nada recomendable venir de otro modo.


Supongamos que estás trabajando en Alemania y te vas a quedar en paro. Tu primera obligación es inscribirte como demandante de empleo inmediatamente. Si tu contrato es de duración determinada, debes realizar la inscripción TRES MESES antes de la fecha efectiva en que termina. Si tu contrato es indefinido, tendrás acordado un periodo de preaviso en caso de rescisión del mismo. Es habitual que este periodo sea de 3 meses, por lo que, en ese caso, deberías inscribirte nada más conocer tu despido (tienes 3 días). En cualquier caso, si el despido te fuese comunicado con un preaviso menor de 3 meses, tienes la obligación de inscribirte como demandante de empleo en los TRES DÍAS siguientes. No cumplir esta norma acarrea penalizaciones (suspensión de una semana) en caso de tener derecho al cobro de prestaciones.

Quiero recalcar que lo anterior es solo una inscripción como demandante de empleo, no te da derecho a ninguna prestación. Simplemente le comunicas a la agencia de empleo que te vas a quedar o te has quedado en paro. Esa inscripción debe hacerse personalmente, pero no necesariamente acudiendo a la oficina del paro. Puede hacerse también por teléfono (01801-555111) o por internet (registrándose aquí). De este modo concertarán una cita contigo para que acudas a la oficina, lo que te evitará esperas. En caso de despidos masivos (como fue el mío), la empresa puede pedir a la agencia de empleo que desplace a algún funcionario para inscribir a todos los afectados en la propia compañía. Debido a la regla de los tres días ya mencionada, es más fácil desplazar a dos o tres funcionarios al lugar del "crimen" que mandar a las decenas de despedidos a colapsar la oficina del paro. 

Bueno, ya estás inscrito como demandante de empleo.

Ahora, si la empresa es medianamente grande, lo habitual es que te liberen de ir a trabajar en lo que resta de contrato (práctica conocida como 'gardening leave' en el mundo anglosajón). Esto se estila mucho en cierto tipo de empresas, para protegerse de las posibles "represalias" de los empleados y también como parte de su imagen de magnanimidad. Por cierto, si tienes un contrato indefinido te preguntarás cuál es la indemnización por despido. La respuesta es: ninguna. Si los 20 días por año de la reforma laboral española te parecen pocos... esto es lo que aún está por venir. En Alemania no se estipula por ley ninguna cantidad. Menos mal que, de nuevo, la magnanimidad impulsa a las empresas a ofrecer, motu proprio, una módica cantidad como indemnización. La regla no escrita en ese sentido suele ser de 15 DÍAS por año trabajado. Si te sabe a poco, estás en tu derecho de rechazarlo e ir a juicio. 

Bien. Mientras dure tu búsqueda de empleo te mantendrás en contacto con la agencia. Unas semanas después de la inscripción te volverán a citar para una entrevista con tu asesor personal (el no acudir a estas citas injustificadamente acarrea penalización). Se trata de ver qué planes tienes, qué opciones ofrece el mercado, etc. Probablemente salgas de esa reunión ya con dos o tres ofertas a las que apuntarte. Luego, seguirás recibiendo periódicamente propuestas de la agencia para apuntarte a nuevas ofertas que se ajusten a tu perfil (más o menos). Deberás solicitar esos trabajos que te proponen y comunicarle a la agencia el resultado del proceso. No hacerlo acarrea penalización. Si tuvieses motivos para no querer solicitar alguna de las propuestas debes comunicarlo también, pero hay que justificar que existen razones de peso (no cumplir los requisitos, razones de salud, etc; el no apetecerte no vale como razón de peso).

Después, si llega el día en que concluye efectivamente tu contrato y aún no has encontrado trabajo, te conviertes oficialmente en desempleado. En caso de que te corresponda una prestación es ahora cuando debes solicitarla. Debes pedir cita de nuevo en la agencia para entregar toda la documentación necesaria, a saber: formulario a rellenar (te lo dan ellos), pasaporte, tarjeta de impuestos, carta de despido y certificado de empresa.

Por regla general, te corresponde prestación si has cotizado al menos 12 meses en los últimos 2 años. De no ser el caso, debes cumplir otras condiciones especiales (puedes consultarlas en los enlaces que incluyo al final). Recuerda que es fundamental hacerse siempre con el formulario PD U1 antes de cualquier traslado entre estados de la Unión. Dicho documento es expedido por el servicio de empleo de cada país y acredita tus periodos de cotización para ser reconocidos legalmente en el resto de la UE.

La duración de la prestación es en relación de 2 a 1, es decir, por 12 meses cotizados te corresponden 6 meses de paro, por 16 te corresponden 8, por 20 te corresponden 10, etc. La duración máxima para menores de 50 años es de 12 meses, para menores de 55 es de 15 meses, para menores de 58 es de 18 meses y, a partir de 58 años, el máximo es de 24 meses.

¿Cuánto vas a cobrar de paro? Para calcularlo se consideran las cotizaciones del año previo al nacimiento del derecho. Este es el procedimiento: Se suman los salarios de los últimos 12 meses (en bruto y sin incluir complementos) y se divide el total por 365 días. Ese es el salario medio diario bruto, que sirve de base para obtener la cuantía final. El 60% (sin hijos) o el 67% (con hijos) de esa cifra es lo que te corresponde de paro (bruto). A continuación, de este "paro bruto" se procede a descontar el 21% como cuota de seguridad social y también los correspondientes impuestos (otro 14% como poco). La clase impositiva a la que pertenezcas tendrá por tanto gran influencia, ya que el % de retenciones varía según la clase. Por último, lo que resulte tras estos descuentos es tu prestación neta diaria, que se multiplica por 30 para saber lo que cobrarás neto mensualmente. Esa cantidad te será abonada en cuenta a finales de cada mes.

Volviendo al capítulo de derechos y obligaciones, debes saber que la lejanía de un trabajo a tu domicilio no es motivo para rechazarlo. Puedes establecer un área geográfica de preferencia y la agencia te propondrá ofertas en esa zona, pero el radio puede estar en torno a 50-100km. Tú eliges si conducir esa distancia a diario o mudarte de casa. Además, si llegas a recibir una oferta firme en la otra punta del país, la distancia por sí misma no sirve de excusa. Rechazarla sin más motivo acarrea suspensión, y de las gordas: 3 semanas la primera vez, 6 semanas la segunda y 12 semanas la tercera.

Acumular 21 semanas de suspensión implica la pérdida definitiva de la prestación, por lo que esa sería la consecuencia de rechazar tres ofertas sin motivo.

Mientras estés desempleado, debes acreditar ante la agencia que pones todos tus esfuerzos en encontrar un trabajo. Pueden pedirte que se lo demuestres, por ejemplo enseñándoles tus solicitudes y las respuestas obtenidas. No acreditar tales gestiones acarrea —cómo no— una suspensión de 2 semanas.

El hecho de que te ofrezcan un trabajo peor pagado que el anterior tampoco te permite rechazarlo, dentro de ciertos límites. En los tres primeros meses de paro debes aceptar trabajos con un sueldo hasta un 20% inferior al que tenías. Del 4º al 7º mes debes aceptar hasta un 30% menos. A partir ahí, ya solo puedes rechazar aquel trabajo en el que te paguen menos que lo que cobras de paro. De lo contrario, a ver si adivinas... ¡Exacto! Acarrea penalización.

Recuerda que TODO lo que hagas debes ponerlo en conocimiento de la agencia inmediatamente. Si consigues un nuevo trabajo, si estás incapacitado para trabajar, si te pones a estudiar, si cambias de piso, si cambia tu estado civil o tu clase impositiva... TODO. Entre tus muchas obligaciones se encuentran algunas bastante curiosas. Se especifica por ejemplo que debes comprobar al menos una vez al día tu buzón y estar localizable todos los días laborables, ya que pueden requerirte en cualquier momento. También puedes olvidarte de viajes y vacaciones. No está permitido ausentarse del domicilio sin el permiso de la agencia; mucho menos salir del país. Si necesitas ausentarte por algún motivo (de peso) debes comunicarlo y esperar que te concedan el permiso. Por supuesto, nadie te va a colocar un chip de seguimiento, puedes hacerte el avión, pero si algo pasa y se enteran... creo que ya sabes lo que acarrea, ¿verdad? ¡Suspensión al canto! Eso sí, tienes derecho a unas vacaciones de hasta 3 semanas durante las que sigues cobrando el paro, siempre previa petición a la agencia, claro. Si lo deseas puedes alargarlas hasta 6 semanas, pero durante esas 3 adicionales no cobras.

Y ya para acabar hablaré un poco de normativa comunitaria, especialmente de la llamada exportación del paro, algo muy interesante para los que somos emigrantes.

Una prestación por desempleo puede ser exportada de un país (A) a otro (B) solicitando el formulario PD U2. Para hacer uso de este derecho deben quedarte al menos 3 meses de prestación por percibir. El periodo máximo por el que se puede solicitar son TRES MESES (aunque te quede más tiempo de paro). En teoría, ese periodo podría prolongarse hasta 6 meses en circunstancias especiales. En la práctica, no es fácil obtener la prórroga (necesitas demostrar que te van a ofrecer un trabajo de forma inminente en el país B).

Cuando llegas al país B, debes inscribirte en su servicio de empleo en el plazo de UNA SEMANA. Si te retrasas pierdes el derecho al cobro de tantos días como hayan transcurrido desde el traslado hasta el registro efectivo (o sea, 1 semana más los días que te retrases). Durante el tiempo que dura la exportación, estás a disposición del servicio de empleo del país B, pero te paga el país A.

Agotado el periodo de exportación, si no has encontrado trabajo, puedes optar por dos cosas: quedarte en el país B ya sin cobrar o regresar al país A. En este segundo caso, seguirás percibiendo lo que te reste de prestación (si lo hubiese) hasta el final de la misma. Sin embargo, si decides permanecer en el país B, desaparece todo el derecho a paro que te quedase acumulado. 

En fin, creo que estas son las cosas más relevantes a tener en cuenta. Toda la información aquí descrita se encuentra mucho más desarrollada en el portal de la agencia alemana para el empleo. También puedes consultar este útil documento (en español), que resume lo más importante de la legislación alemana en materia de desempleo. Adicionalmente, puedes preguntar si tienes alguna duda. Intentaré responder lo que sepa.

PD: Quiero señalar que todo lo expuesto se refiere a prestación por desempleo, no a subsidio por desempleo. Este último entraría en el nivel asistencial tras agotar la primera. Caso de tener derecho a él, te cubre las necesidades básicas por tiempo ilimitado pero te obliga a aceptar CUALQUIER trabajo, sin restricciones.

viernes, 3 de mayo de 2013

Responsabilidad, madurez... EDUCACIÓN

Algo bueno de salir a otros países es que te percatas de las cosas que hacen de manera muy diferente al tuyo. Así, al comparar los modos de actuación en diversos asuntos, se comprende perfectamente porqué cada uno está como está. Por desgracia, no se exige esta experiencia para dedicarse a la política. Solo mediante la observación y el sentido común aprenderían más que en sus universidades privadas, sus escuelas de negocios y sus emebeás superelitistas. Ningún país en el mundo es un modelo perfecto, pero hay que aprender de aquellas virtudes que otros tienen y nosotros no. 


En la entrada anterior di mi opinión acerca de cómo romper el círculo vicioso en el que España está inmersa. Como dije entonces, creo que eso solo puede lograrse por la vía del conocimiento y el esfuerzo, piedras angulares de cualquier país avanzado. Solamente en torno a eso se construye una sociedad más capacitada, más próspera, más madura y más respetuosa. Con todas las objeciones que se le quieran poner —que las hay—, Alemania es un ejemplo de esto. 

Aquí la gente alcanza un mayor grado de madurez mucho antes que en España. Me ha sorprendido a menudo encontrarme personas de corta edad con la cabeza muy bien amueblada, que hablan con criterio y responsabilidad de temas muy serios. A mi modesto entender, esa actitud rara avis entre la juventud española es debida a la educación recibida en todos los ámbitos desde muy pequeños. Responsabilidad, esfuerzo y formación son valores clave que se potencian en todo momento, tanto en el seno familiar como fuera de él.

A diario veo a los críos que vienen con sus mochilas de la escuela. No levantan un palmo del suelo, pero van caminando, en bici o en bus, sin que los acompañe ningún adulto. No es necesario. Esos pequeños cabroncetes ya pueden hacerlo solos.

Pocos años más tarde, siendo tan solo unos niños, ya toman contacto con sus primeras experiencias laborales. Es normal verlos repartiendo periódicos, folletos de ofertas o la hoja parroquial a cambio de un dinerito con el que se financian sus pequeños caprichos. Pero incluso a esa temprana edad surge la semilla de futuros emprendedores. Hace solo unos días vi un cartel por la calle que me llamó la atención. Era un folio DIN-A4 pegado en una farola, en el cual figuraba la foto de unos perritos a todo color. En la parte inferior tenía los típicos cortes para arrancar el trocito de papel con el número de teléfono. A primera vista pensé que se trataría de un anuncio por un perro perdido, unos cachorros regalados o algo así. Cuál fue mi sorpresa cuando me acerqué y leí lo siguiente:

"Cuidadora de perros. 11 años. Responsable y muy cariñosa con los animales."

A-CO-JO-NAN-TE. Subrayo la edad porque tiene bemoles la niña. Con 11 añitos y toda una empresaria en ciernes... Pues eso, los niños pasean, cuidan o dan de comer a los perros por un dinerillo. Y los "clientes" los contratan a pesar de su edad porque saben que pueden fiarse, además de para fomentar esa toma de responsabilidad temprana. A muchos esto le parecerá una chorrada, pero a mí me parecen cosas extremadamente significativas, porque sientan las bases de lo que viene después.

Cuando llegan a la adolescencia, cuentan con unos mecanismos de integración al mercado laboral dignos de mi admiración. La formación que reciben los chavales es increíble. No entro a valorar la que reciben en las aulas o en los libros, porque no la he visto. Yo hablo de la formación de verdad, la que se adquiere con las manos en la masa al lado de los que saben, y no chapando lecciones para repetirlas como un loro.

Todos los meses llega a cada empresa una nueva remesa de estudiantes en prácticas. Yo alucinaba las primeras veces que vi a chicos de 14 o 15 años donde trabajaba. Era algo tan desconocido para mí que pensaba si sería una jornada de puertas abiertas o quizá los hijos de algún empleado esperando a su padre. Pero no. A esa edad, los chicos toman su primer contacto con el mundo real. Realizan tareas que no se limitan a cargar cajas y hacer los recados. Asumen ya desde entonces responsabilidades y encargos serios. Empiezan a aprender lo que es un oficio y lo que es la vida. En otras palabras: maduran como personas.

Asimismo, llegan también estudiantes universitarios. Aquí es inconcebible terminar una carrera sin haber realizado unas prácticas en empresa. Y unas prácticas son unas prácticas, no una pantomima. Os garantizo que los trabajos que hacen son muchas veces imprescindibles, más importantes incluso que los de alguna gente que está en plantilla. Aportan nuevas ideas, frescura y el empuje propio de la juventud, que unidos a la experiencia de los veteranos con los que colaboran producen mejoras muy valiosas para la empresa.

Por eso no es casualidad que las empresas se rifen a los estudiantes. Mantienen una feroz competencia por atraerlos, y el abanico de opciones que tienen ellos para elegir es sencillamente envidiable. Y claro, habiendo demostrado su capacidad durante las prácticas, ¿qué empresa va a dejarlos escapar? Ninguna con dos dedos de frente. La práctica totalidad de los que entran en prácticas reciben una oferta de contrato de trabajo al concluir ese periodo, incorporándose así inmediatamente al mercado laboral.

Pero no termina ahí la cosa. Durante todo ese proceso, son muchos los que adquieren conocimientos y madurez suficiente como para dar el salto y crear su propia empresa. Y manteniendo el estrecho contacto empresa-universidad, pueden seguir desarrollando productos innovadores que las hacen crecer. Esas nuevas empresas generarán más riqueza para la región y a su vez servirán como trampolín para otros profesionales en el futuro. Habrá cada vez mejores opciones para no tener que marcharse a otra parte.

Este es, ni más ni menos, el círculo virtuoso al que hacía referencia la semana pasada. 

Y como todo va unido, es obvio que los beneficios de esa educación van más allá del ámbito académico y laboral. Unos jóvenes más maduros y responsables son infinitamente más respetuosos. No adquieren hábitos dañinos, no cometen actos vandálicos, no adoptan la destrucción por pasatiempo y no emplean gratuitamente la violencia. Se independizan inmediatamente de sus padres y no se convierten en perennes parásitos. En definitiva, gozan de una vida más plena: viven y dejan vivir.
"Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela."
- Albert Einstein -

viernes, 26 de abril de 2013

Emigrar no es la solución

Hace unas cuantas entradas ya dejé caer que los acontecimientos ocurridos han cambiado notablemente mis puntos de vista sobre determinados asuntos. Con la perspectiva que dan el tiempo y las experiencias vividas, ya no creo que emigrar sea la mejor solución de futuro, ni la decisión más valiente. Y haber fallado en mi intento no es el motivo para cambiar de idea, hubiese llegado a la misma conclusión antes o después. El fracaso solo me ha abierto los ojos más deprisa.
"Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo."
- Albert Einstein -


En el pasado, los nuestros han salido de España en momentos en que estaba más que justificado. Era una obligación si no querías morirte de hambre. Pero creo que la emigración de hoy en día es muy diferente. La sociedad actual es cada vez más egoísta y ambiciosa. No nos conformamos con nada, todo lo que tenemos es poco, siempre queremos más y lo queremos cuanto antes. Por eso nos vamos buscando reconocimiento, prestigio, plan de carrera, ganar más dinero... con la justificación de que en nuestro país no hay nada decente.

Por supuesto, no solo es legítimo sino comprensible también. Lo que yo me pregunto es, ¿qué pasaría si todo ese talento exportado lo aprovechásemos nosotros mismos? ¿Habéis pensado en el futuro que tiene un país como España, en el que más de la mitad de los jóvenes no tiene trabajo y el resto decide largarse? La respuesta es obvia: ninguno.

Los que hemos optado por irnos hemos oído a menudo cosas del tipo: "¡qué huevos tienes!" o "¡hay que tenerlos cuadrados!".

No estoy de acuerdo.

Valiente es el que se queda en su pueblo peleando día tras día para sacar adelante un pequeño negocio, con más pena que gloria, acuciado por la crisis y pisoteado por la dictadura infame de un sistema financiero que goza del mecenazgo político. Yo creo que lo más fácil en una situación como esta es abandonar el barco, no quedarse.

Sin embargo, si cuando vienen mal dadas nos marchamos a las primeras de cambio, nos estamos haciendo un flaco favor a la larga. Si todo nuestro talento se pone al servicio de otros, serán siempre otros los que se beneficien, mientras que nuestro país seguirá sumiéndose en su propia inmundicia. Así jamás tendremos la opción de cambiar nuestra realidad, no llegará el día en que tengamos alternativas decentes para quedarnos en vez de emigrar. No basta con protestar y pedir un país digno al que regresar. Si es eso lo que queremos de verdad, tenemos que luchar por ello, no largarnos dejando el camino expedito a los gusanos que lo destruyen.

ESE CAMBIO DEBEMOS HACERLO NOSOTROS. Nadie más lo hará. En lugar de salir corriendo a trabajar para empresas foráneas que nos saquen de un país sin futuro, tenemos que luchar por un futuro en nuestro país. Necesitamos crear valor añadido, atrevernos a hacer cosas que aporten riqueza a largo plazo, que sean soluciones de futuro y no parches temporales, no agarrarnos a la primera anodina oposición que aparezca solo movidos por el afán de lograr una plaza de por vida, apartarnos de actividades especulativas y facilonas que solo llenan los bolsillos ya rebosantes de unos pocos, renunciar a ser un simple país de bares, turismo y servicios... Toda esa mierda ha demostrado ser pan para hoy y hambre para mañana. Puede que a ti te resuelvan la vida por un periodo de tiempo, pero tus hijos volverán a verse obligados a emigrar y a alejarse de sus raíces.

Conocimiento y esfuerzo. Ese es el único camino.

El que aún no haya abierto los ojos que le eche un vistazo a los datos de desempleo. Las zonas de turismo y ladrillo rondan o superan con creces el 30% de paro, en contraposición a las que viven de industria y tecnología. Hace tiempo que el País Vasco es el ejemplo más evidente de esto, un modelo a seguir para toda España con su tejido industrial y su dedicación al I+D.

Para revertir la situación debemos, en primer lugar, formarnos. Formarnos muy bien, desde muy pronto, como hacen en los países avanzados. Y sí, parte de esa formación debería hacerse en el extranjero durante un tiempo. Todos deberíamos hacerlo a modo de aprendizaje, para abrir nuestra mente y adquirir nuevas ideas. Pero solo temporalmente. Tendríamos que absorber lo mejor de esos sitios y luego volver para aplicarlo en nuestros lugares de origen. Eso nos haría crecer. El problema es que ahora lo hacemos justo al contrario. Trasladamos todo nuestro potencial al extranjero, donde son otros quienes lo aprovechan. Así se retroalimenta este círculo vicioso. 

Luego, una vez formados (aunque ese debe ser un proceso sin fin), debemos poner en práctica lo que sabemos. Pero no solamente dando lo mejor de uno mismo para terceros, sino también creando recursos por cuenta propia. Debemos cooperar, asociarnos y complementarnos para sacar adelante proyectos que rompan esta tendencia y generen valor. Así convertiríamos el círculo en virtuoso.

Es evidente que la paupérrima legislación existente no ayuda nada, pero creo que nos falta iniciativa y cultura de emprendimiento. La tendencia ha ido cambiando en los últimos años (más por necesidad que por convicción) pero, en general, cuando el empleo escasea cerca nos vamos lejos a buscarlo. Preferimos desplazarnos para seguir trabajando por cuenta ajena que quedarnos e intentar levantar algo propio. Nos resulta más cómodo trabajar para otros y que sean ellos los que se rompan la cabeza. Pensamos incluso que es una opción "más segura" que arriesgarse a montar un negocio, aunque no siempre es así.

No pretendo ir de listillo, yo soy tan culpable como el que más. Pero, una vez abiertos los ojos, no voy a resignarme sin pelear. Y cada uno pelea como puede. Las movilizaciones son una manera de hacerlo, pero hay otras que pueden ser efectivas, aun siendo más silenciosas. Por eso espero volver tan pronto me sea posible y poner mi granito de arena para cambiar la situación actual. Puede que acierte o puede que no, pero estaré infinitamente más orgulloso y satisfecho de lo poco o mucho que haga, porque lo estaré haciendo con los míos y para los míos. Y eso para mí vale más que el dinero y el plan de carrera.
"En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada."
- Franklin D. Roosevelt -

viernes, 19 de abril de 2013

Semana a la alemana

Desde que vivo en Alemania, muchas han sido las cosas que me han chocado enormemente, circunstancia normal cuando uno se va a otro país. En algunos casos, ese choque cultural resulta más sencillo de encajar y en otros más complejo. Unas veces hace gracia y otras cabrea. Pueden ser cosas sorprendentes o más o menos esperadas. Reconozco también que hay temas en los que soy más alemán que español (ya lo era antes de venir, no me han colonizado). En todo caso, son cuestiones que suelen dar lugar a numerosas anécdotas y no pocas desesperaciones. Por eso, creo que vale la pena dedicar alguna que otra entrada a los aspectos que hacen a los alemanes tan alemanes a ojos de un español. Como prometí hace unos días, hoy hablaré de su obsesión con la hora y sus hábitos semanales.


Para empezar hay que recordar nuestras grandes diferencias en tema de horarios. Debemos reconocer que, en eso, somos nosotros los que llevamos el paso cambiado con respecto a Europa. Aquí se come a las 12:00 (en algunos sitios incluso a las 11:30). Y las 12:00 son las 12:00, no las 12:01. En las empresas, cuando llega la hora en punto, se dirigen cual estampida de búfalos hacia la cantina. Si no te apartas te llevan por delante. Deben pensar que la comida no llega para todos...

La cena de diario, por lo que veo a mi alrededor, suelen despacharla en torno a las 19:00 (media hora arriba, media hora abajo). Y resulta improbable encontrarlos despiertos más allá de las 21:30 o 22:00.

El tiempo juega constantemente un papel primordial. Toda tarea está medida al milisegundo, haciendo del reloj un instrumento básico para la vida cotidiana. En este sentido, llaman la atención los horarios comerciales. En España, los establecimientos tienen UN horario de apertura válido para todos los días de la semana. En Alemania, en cambio, tienen un horario para cada día, cuyo eventual parecido es pura coincidencia. Por tanto, si quieres ir a un sitio determinado, debes tener muy presente la hora y el día de la semana que es, o te lo puedes encontrar cerrado aun en las horas centrales.

Es obvio que hay ocasiones en las que se tiene prisa, pero aquí todo el mundo va siempre a tope. ¿Cómo es posible tener prisa SIEMPRE? No importa cómo se desplacen. Ya sea en coche, en bici o andando, siempre lo hacen a toda pastilla. Es un ritmo de vida que desgasta una barbaridad. Yo prefiero vivir más pausado. Si no tengo necesidad de correr, pues no corro.

Una curiosidad es que, nada más subirse al coche, programan siempre la ruta en el GPS, aunque vayan a 5 km y conozcan de sobra el trayecto. Explicación: primero, que les encanta jugar con sus cachivaches tecnológicos; segundo, que podría existir un atasco de proporciones bíblicas (pan de cada día por estos lares) y tratan de esquivarlo con ayuda del aparato; tercero, por el placer de contar a todos cómo se ahorran 15 segundos de trayecto gracias a los sofisticados algoritmos de cálculo en tiempo real que incorpora su flamante GPS.

En cuanto al modo de estructurar la semana, la vida de lunes a viernes se resume fácilmente: solo trabajan. Se levantan lo más temprano posible para poder terminar la jornada también prontito, salen y se van a casa directos (lo que a menudo supone más de una hora de viaje), cenan cuando nosotros merendamos y se acuestan cuando nosotros cenamos. Así todos los días sin variación. Quedar con alguien, tomar unas cañas... esos conceptos no existen. En poblaciones pequeñas, y especialmente en invierno (que aquí dura mucho más de tres meses), no hay un alma en las calles al anochecer (o sea, poco después de las 16:00). En las ciudades se sigue detectando vida basada en el carbono hasta más tarde. Eso sí, nadie está dándose una vuelta o paseando por el simple placer de hacerlo. Todos van de camino a alguna parte. Solo ciudades con una tradición más universitaria y cosmopolita rompen esa disciplina.

El sábado es el día de las tareas domésticas. Todo el mundo hace la compra semanal ese día por la mañana (mañana: dícese del lapso de tiempo que concluye a las 12:00 del mediodía, por eso se llama a este mediodía). Se aseguran de no necesitar otra compra imprevista antes del próximo sábado cargando sus coches con cajas (literalmente) de víveres. Limpian a fondo sus casas y rinden culto a sus coches. Este último es un ritual que tiene lugar en la puerta de casa e incluye el lavado (y posterior secado) manual de cada centímetro de vehículo con el mayor de los mimos, empleando una amplísima gama de productos para el cuidado de los mismos.

Domingo: ¡por fin un tiempo de asueto! El disfrute consiste básicamente en salir a pasear con la familia al completo. Las alternativas, en función del azote del tiempo, pueden ser: paseo por parques y caminos cercanos o excursión al monte u otro lugar de esparcimiento en la naturaleza. Ambas opciones cuentan con variante a pie y en bicicleta. Otra actividad propia del domingo son las aficiones personales de cada uno. Deportes, aeromodelismo o montar a caballo son algunas frecuentes en mi zona. Los que no hacen negocio aquí son los bares, desde luego. Esta gente es de exterior, no de apoltronarse en cafeterías. Por eso hay menos en toda Alemania de las que hay en tan solo una ciudad española cualquiera.

¡Ah! Si hace buen día (o sea, un par de veces cada verano...), la barbacoa en el jardín también está asegurada los domingos.

Bueno, otro día contaré más historias sobre choque de culturas.

viernes, 12 de abril de 2013

Mi visión de Alemania

Todo lo que tiene que ver con Alemania está de moda, algo que probablemente debemos agradecer a la actual situación financiera. Será por eso que la literatura dedicada a su "obra y milagros" se ha incrementado exponencialmente en los últimos años. Si antes era habitual recurrir a tópicos sin conocer demasiado el asunto, ahora es fácil encontrar impresiones de gente que lo padece vive en sus carnes. Es muy interesante leer esas experiencias pues, a pesar de ser personales, poseen puntos en común que ayudan a comprender el verdadero carácter del país.

Todo el que se precia de escribir un blog con esta temática suele ir contando sus impresiones generales sobre la nación que le acoge y sus gentes. Yo no voy a ser menos. A las diversas pinceladas que ya he ido dejando añadiré hoy otra batería de cosas, algunas de las cuales equilibran un poquito la balanza tras la entrada anterior.



Una de las principales características de la sociedad alemana es su rigidez a todos los niveles. Se rigen por férreas normas y costumbres de las cuales difícilmente se apartan. Es muy inusual que un alemán se salga del guion, para bien o para mal. Puede decirse que el prejuicio de cuadriculados está más que justificado. Un ejemplo es su obsesión con la hora y la estructura de sus hábitos semanales, que describiré próximamente. Por supuesto que a veces se divierten, cantan y bailan, pero eso también forma parte del guion. Lo hacen solo cuando toca. El resto del tiempo son más secos que la mojama.

Esta rigidez afecta de pleno a las relaciones humanas. Entablar contacto con la gente es una empresa complicada y el trato se restringe a lo imprescindible. Los escasos diálogos suceden generalmente con educación, eso es cierto. Nunca faltan los buenos días, gracias y por favor, pero arrancar algo más puede considerarse un milagro. Puedes vivir meses o años junto a los mismos vecinos, que ellos seguirán tratándote de usted y dándote nada más que los buenos días. Dudo que lo hagan por mal, simplemente no tienen la espontaneidad y calidez propias del carácter latino.

Pienso que lo anterior también tiene mucho que ver con el individualismo y la autosuficiencia, dos rasgos muy característicos de esta cultura. Por lo general, a nadie le interesa la vida de los otros y son, a su vez, celosos de su vida privada. Por eso es difícil que se produzcan conversaciones personales más profundas.

Pero el concepto de autosuficiencia va más allá. Existe una actitud muy arraigada de resolverse uno mismo sus propios problemas, sin recurrir a nadie, hasta el punto de que ofrecer ayuda pueda resultar hasta ofensivo en ocasiones. Por regla general, nadie se molesta en echarte una mano con tus problemas, por lo que no conviene esperar ayuda a priori. Hay que arreglárselas solo.

Todos los factores hasta aquí mencionados hacen de este un país tremendamente inhospitalario. Nada ni nadie facilita la integración al forastero. Al contrario (he sufrido ejemplos de ello). Te sientes constantemente un extraño fuera de lugar allá por donde vayas.

Como iba diciendo, nadie se mete en tu vida... salvo si se te ocurre cometer alguna infracción. Eso siempre les incumbe. Podrías dejar tu coche abierto y con las llaves puestas en pleno centro y probablemente seguiría allí dos horas después. Ahora, apárcalo por error en un lugar inapropiado y antes de bajarte de él recibirás la severa reprimenda del primer transeúnte que pase. Los alemanes viven con el deseo irrefrenable de hacer cumplir las normas, ¡no desaprovechan la ocasión de reprochar al que no lo hace! Faltar a ese código los convierte en verdaderos proscritos rechazados por sus congéneres. Sin entrar en que sean más o menos cívicos, la clave es que tienen mucho más miedo a las consecuencias. Aquí las autoridades no tienen remilgos con los delincuentes, por eso no se mea fuera del tiesto tan fácilmente.

Además, esta costumbre casa a la perfección con otra de sus grandes aficiones: discutirlo y protestarlo todo. Cualquier tema, por nimio que sea, es susceptible de generar controversias y acalorados debates en los que nadie da nunca su brazo a torcer.

Una de las partes más negativas para mí (aparte del clima, ya comentado) es la comida, cuya calidad deja bastante que desear en comparación con la excelente gastronomía española. Admito que hay carne aceptable, pero el pescado... es horrible, carísimo y rara vez fresco. Esto remueve los cimientos de la pirámide alimenticia para alguien como yo, tan "pescadívoro" como carnívoro. Los platos típicos regionales me gustan, no lo niego, pero la variedad del menú es muy reducida si has de comer fuera de casa. Prácticamente, de cada tres comidas, una es Schnitzel (filete empanado), otra es salchicha y la tercera, la especialidad de la zona (que a veces es Schnitzel o salchicha). Ya digo que me gusta, pero acaba saliéndote por las orejas de tanto repetir lo mismo, sinceramente.

Hay que decir que aquí no se disfruta del momento de la comida como en España, al menos entre semana. No existe ese componente social en la mesa. Los que optan por el menú de la cantina comen a una velocidad endiablada, más bien engullen como fieras famélicas. Otros se llevan al trabajo cualquier cosa sencilla que para nosotros no tendría rango de comida, como un sándwich o una pequeña ensalada. Buscan solo un tentempié que puedan despachar deprisa y los mantenga con vida. En la empresa yo terminaba siempre de último, bajo sus miradas de desesperación por la espera. La comida es uno de los momentos del día en que yo desconecto. Odio que me lo amarguen, así que al final opté por comer solo siempre que podía. Me gusta disfrutar de la comida con pausa y, por supuesto, ¡sin discusiones de trabajo! 
 
Entre los mitos que se me han desplomado está el de las carreteras. Gran parte de las autopistas alemanas son mucho peores que las españolas. A pesar de estar en obras perpetuamente, uno se pregunta cómo es posible que tengan un firme tan desastroso. ¿Es esta la famosa y mundialmente admirada Autobahn? ¡Pues vaya! Vale que la endemoniada densidad de tráfico que soportan a diario debe causar estragos, y que aquí ya tenían autopistas cuando nosotros usábamos carros tirados por vacas. Pero aún así, pienso que deberían estar mucho mejor, sobre todo teniendo en cuenta las altas velocidades a las que está permitido circular por ellas. 

Y eso de que son gratis... en fin, las financian nuestros astronómicos impuestos. Que digo yo, pagando esos impuestos, es lógico tener servicios, ¿no? Lo ilógico sería no tenerlos.  Es que me hace gracia cuando se alaban ciertos servicios de aquí. No hay nada que alabar. Mérito sería tenerlos sin pagar esos impuestos, ¡qué coño! Como se dice en román paladino: con buena picha, bien se jode. 

Por cierto, le pese a quien le pese, afirmo rotundamente que los alemanes conducen como el culo. No importa cuántos carriles tengan disponibles, ellos conducirán siempre por el situado más a la izquierda. Los demás permanecen impolutos para uso exclusivo de camiones (cuando no les da por adelantar también) y quizá para algún extranjero sin prisa, harto de verse sometido a una presión agobiante cada vez que trata de hacer una incursión en el carril de la izquierda. 
 
No obstante, lo que sí es una gozada es tener media Europa a tiro de piedra. En pocas horas de coche te pones en infinidad de sitios interesantes.
 
Para ir acabando, algo que yo no esperaba es que fuese una sociedad tan clasista. Entre otras cosas, padecen de una "titulitis" galopante. Deben pensar que, habiendo invertido tantos años y dinero en sus estudios, es obligado mostrárselo al mundo. Quizá por eso anteponen todos los títulos posibles a su nombre, lo cual desemboca en una simpática ristra de abreviaturas de todas las hazañas académicas del individuo en cuestión. Y no es raro que además se hagan llamar por sus títulos. Resulta muy gracioso ver por ahí escritas retahílas del tipo: 
 
Herr Prof. Dr. rer. nat. habil. Fulano de Tal
 
En esta misma línea, fueron también inesperadas las numerosas connotaciones machistas que existen. Por ejemplo, un sistema impositivo diseñado para que la mujer se quede en casa en vez de trabajar fuera (lo contrario no compensa económicamente). Pero bueno, estos asuntos ya los cuenta mamaenalemania magistralmente.