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domingo, 21 de septiembre de 2014

Declaración de la renta en Alemania

Una de las muchas cosas que me habría gustado saber cuando llegué a este país es cómo funciona el tema de la declaración. Todavía ahora mis conocimientos son los justitos, así que no pretendo escribir un artículo extraordinario al respecto. Sin embargo, quiero dar algunos datos básicos sobre quién y cuándo debe hacerla, que quizá resulten útiles a otros recién llegados. Yo al menos en aquel momento habría agradecido cualquier información, por poca que fuese.




¿Quién está obligado a hacer la declaración?

Una persona no asalariada debe hacerla si sus beneficios anuales superaron los 8.354 €, o los 16.708 € si está casada (cifras correspondientes a 2014).

Una persona asalariada debe hacerla si en un ejercicio determinado:
  • ha estado en las clases impositivas 3 o 5 —más información aquí—;
  • se le ha aplicado alguna exención de impuestos;
  • ha percibido prestaciones como Arbeitslosengeld, Kurzarbeitergeld, Elterngeld, Krankengeld... superiores a 410 € (el Hartz IV se excluye);
  • ha tenido ingresos extraordinarios como indemnizaciones por despido o participación en los beneficios de su empleador;
  • ha tenido ingresos aparte del salario superiores a 410 € (p. ej. trabajos por cuenta propia, alquiler de inmuebles o intereses bancarios);
  • ha tenido más de un empleador simultáneamente;
  • se ha divorciado y ella o su cónyuge se ha vuelto a casar en el mismo año;
  • su cónyuge residió en otro país pero estuvo registrado en Alemania a efectos fiscales con la clase impositiva 3;
  • su cónyuge ha fallecido.
Aparte de todo esto, cualquiera que sea requerido por Hacienda para entregar declaración está obligado a hacerlo, independientemente de sus circunstancias.

Naturalmente, puede entregarse también voluntariamente aunque no se esté obligado, ya que en algunos casos podría resultar favorable.

Plazos para la entrega

Para los obligados a declarar, el plazo normal termina el 31 de mayo del año siguiente, aunque en determinadas situaciones es posible obtener una prórroga hasta el 30 de septiembre. El plazo se amplía hasta el 31 de diciembre si la declaración se realiza a través de un asesor fiscal —cosa que recomiendo—. O sea, para la declaración del ejercicio 2014 el plazo termina el 31/05/2015 si la presenta uno mismo, y el 31/12/2015 si la presenta un asesor.

Para no obligados (declaraciones voluntarias), el plazo es de 4 años. Es decir, en 2015 se pueden presentar las declaraciones de los ejercicios 2011, 2012, 2013 y 2014.

sábado, 5 de julio de 2014

Gratis

Hay ciertas cosas por las cuales, en España, es impensable tener que pagar. Estamos acostumbrados a que sean "gratuitas" y cualquier intento de hacerlas de pago es considerado una grave afrenta y es rechazado ferozmente. Llegar con esa filosofía a Alemania, país donde se paga por todo, me deparó no pocos disgustos y cabreos monumentales. Pero, ¿es esta práctica tan negativa como creemos?




Por supuesto, a mí tampoco me gusta que me hagan pagar "generosamente" por las cosas más insospechadas —¡y a quién sí!—. Sin embargo, mi postura ante este tema ha ido evolucionando sensiblemente, hasta el punto de llegar a verle aspectos positivos en algunos casos. Estoy pensando en situaciones habituales en España, como por ejemplo:
  • Una noticia en la que se hablaba de un mercado medieval que iba a celebrarse. La crónica mencionaba que los asistentes contarían con diversas atracciones y actividades gratuitas, así como también regalos de recuerdo para todos. (Reflexión en voz alta: ¿Porqué hay festivales "medievales" por todas partes sin venir a cuento? ¿No se conocen otros periodos históricos?).
  • Otra promoción similar anunciaba una fiesta gastronómica en la que se repartían raciones gratis del producto en cuestión.
  • También son comunes los conciertos gratuitos, especialmente en fiestas patronales, así como exposiciones, obras de teatro y otros eventos.
  • Y mi favorita. La del club de fútbol endeudado hasta las cejas durante años —uno de tantos— que finalmente se encuentra al borde de la quiebra. Un grupúsculo de aficionados demandan que las instituciones públicas se hagan cargo del club para cubrir sus deudas y evitar su desaparición.
Esta última es, con diferencia, la que más enfermo me pone. ¡Tienen más cara que espalda! Una empresa normal y corriente que lleve esa misma trayectoria se va al tacho en dos días. Y no la salva ni Dios. Sin embargo, los clubes de fútbol pueden despilfarrar lo que quieran, recibir dinero público a espuertas y ser rescatados cuando están en el abismo. Es que "se juega con el sentimiento de una afición", dicen ellos. Pues si estáis tan comprometidos con el club lo tenéis bien fácil. Es vuestro club. No tenéis más que poner de vuestro bolsillo el dinero necesario y listo. Mira qué fácil. Podéis resolver el problema vosotros solitos sin que nadie más intervenga. ¿Porqué tenemos los demás que pagaros el pasatiempo a los cuatro pelagatos que váis al estadio?

El resto de casos citados también son dignos de análisis. ¿Qué aporta regalar objetos, comida o entretenimiento solo por que sí? ¿Atraer buitres interesados únicamente en obtener lo que se reparte sin darle ningún valor? ¿Gente a la que le importa un bledo esa tradición y que no volverá a aparecer por allí en cuanto dejen de darle limosna? ¿Quién no ha visto peleas patéticas entre adultos hechos y derechos por rapiñar todos los regalos posibles, que al poco tiempo acaban tirados en cualquier esquina?

El planteamiento que observo aquí en Alemania va en otra línea. Si vas a mercadillos de Navidad o fiestas similares puedes llevarte la tacita de recuerdo por un par de euros. Si para ti tiene ese valor y quieres conservarla, la pagas y es tuya. Si no lo tiene, la dejas y punto. En eventos de exaltación gastronómica no regalan la ración de turno. Si la quieres probar te la pagas —y no barata precisamente—. Por visitar lugares pintorescos o monumentos históricos no te cuento los sablazos que te meten. Incluso por ver desfiles de carnaval que no son nada del otro mundo la gente paga hasta 6-7€. Y están a tope. Así colaboran a financiar sus tradiciones y patrimonio. Pero lo hace quien quiere. Al que le importa un carajo, pues no va y no paga. No tienes porqué subvencionar los vicios de los demás con tus impuestos. Ese dinero es para otras cosas.

Al principio me costó aceptar esta filosofía, pero más tarde empecé a apreciar sus beneficios. ¿Porqué?:
  • Primero, porque decir que algo es gratis es rotundamente FALSO. Me hace mucha gracia el empleo de la palabra gratis. Ese supuesto "regalo" no es tal, pues te lo están haciendo con tu propio dinero. Con el dinero de todos. Puede que te esté costando incluso más que si lo pagases directamente, en lugar de hacerlo indirectamente a través de tus impuestos. Y además así lo tienes que pagar sí o sí. Tanto si te gusta como si no. Tanto si vas a disfrutarlo como si no.
  • Segundo, porque a mí nadie tiene que decirme lo que es cultura, y mucho menos usar dinero público para regalármela. El que quiera algo, que se lo pague. Si una cosa tiene verdadero interés para la gente, ellos mismos se encargarán de que perdure en el tiempo. Si no es así, es que sencillamente no interesa y, por tanto, no hay porqué gastar ni un céntimo de dinero público en ello. Esta es otra forma de despilfarro de las muchas que conocemos en España.
Por eso, aquellos que se ponen como locos cuando les suprimen algún evento o les hacen pagar por él, deberían saber lo que les cuesta en realidad mantenerlo. Entonces veríamos si les interesa de verdad o si prefieren mejor otras prioridades, como una buena sanidad, una buena educación, etc, etc.

sábado, 1 de marzo de 2014

5 pasos y 5 consejos para establecerse en Alemania

Pues nada, un año de blog. No me van ni los típicos balances ni las rimbombancias que se estilan en estas ocasiones, así que he decidido conmemorar la efeméride de un modo sencillo —aunque útil, espero—, echando la vista unos añitos atrás para recordar cómo fue mi llegada a Alemania.


Cuando decidí que quería venirme a este país, tenía bastante claro a qué puerta debía llamar primero. Sabía que mi historial era muy propicio para lograr que me la abrieran. La solicitud que presenté estaba muy lejos de cumplir con los estándares alemanes —por entonces no tenía ni idea de cómo se las gastaban en este asunto—, pero fue suficiente para despertar su interés. Así, tres entrevistas más tarde, obtuve mi contrato. Conseguir aquel trabajo fue relativamente sencillo, lo que a la postre resultó ser una manzana envenenada. Fue lo único fácil de todo lo que vendría después...

Mi llegada empezó siendo ilusionante —a la par que inquietante y caótica—, si bien pronto se convertiría en decepcionante y frustrante, cosa que debo "agradecer" en gran medida a aquella primera empresa. He de decir que, debido al descontrol que gobernaba mi vida en esos días, no recuerdo con total precisión los detalles referentes a los trámites burocráticos. Por eso, no pretendo escribir la guía definitiva para instalarse aquí, ya que me extendería muchísimo y, aún así, presentaría numerosas lagunas. Simplemente me limitaré a contar cómo sucedió en mi caso.

1) Ayuntamiento

Lo primero —tema vivienda aparte— fue el registro en el ayuntamiento, la llave para todo lo demás. A través de ellos, otros estamentos administrativos fueron informados de mi presencia en el país, con lo que me expidieron todas las identificaciones de las que carecía como nuevo residente. Me asignaron número de identificación fiscal y de seguridad social, que recibí por correo en la dirección indicada en el registro. Además, se notificó mi llegada a la oficina de extranjería. Para ciudadanos de la UE esto no debería suponer grandes problemas, aunque últimamente parece que las aguas bajan un tanto revueltas por Europa... A mí, por entonces, me enviaron una carta pidiéndome copia del pasaporte, del seguro de salud y del contrato de trabajo. Después de mandárselas me confirmaron por escrito que disponía de permiso de residencia. Desde entonces no he vuelto a saber de ellos.

Consejo: conviene pedir en el ayuntamiento un certificado de empadronamiento y, junto con el justificante de registro, hacerle unas cuantas copias. En este país tienen la "bendita" costumbre de pedir ese dichoso certificado para TODO. En algún caso no me lo cobraron, pero normalmente sí (5€).

2) Banco

Una de mis primeras acciones nada más llegar fue abrir una cuenta corriente para poder cobrar la nómina y afrontar los numerosos pagos iniciales.

Consejo: los Volksbank o Sparkasse resultan muy prácticos por su cercanía. Están prácticamente en cada rincón de Alemania, lo que garantiza tener siempre oficinas y cajeros a mano. La parte negativa, sin embargo, pueden ser sus comisiones. Otra alternativa a valorar puede ser la banca por internet.

3) Hacienda

Esta es la parte de la que guardo recuerdos más confusos, sobre todo por mi desconocimiento del idioma y de las normas fiscales. Sé que me hicieron rellenar un formulario y poco más —suerte que me echaron un cable, porque si no, aún estaría allí intentando rellenarlo—. Recibí entonces mi tarjeta de impuestos, que posteriormente tuve que entregar a la empresa (puede que esto sea distinto ahora, ya que en 2013 se implementó un procedimiento electrónico).

Consejo: el sistema fiscal alemán establece diversas clases impositivas según las circunstancias personales de cada uno. No está de más familiarizarse previamente con esa estructura para saber un poco de qué te están hablando. De modo muy resumido, estas son las 6 clases que existen:
  • Clase I: trabajadores solteros, separados, divorciados, viudos cuyo cónyuge falleciese antes de 2012, inscritos como pareja de hecho y casados cuyo cónyuge resida en el extranjero.
  • Clase II: trabajadores que, en las condiciones citadas para la clase I, tengan algún hijo oficialmente a su cargo.
  • Clase III: trabajadores casados (no separados) cuyo cónyuge no perciba salario (o perciba uno mucho más bajo que el propio). Trabajadores viudos cuyo cónyuge falleciese después de 2011 y viviesen juntos en Alemania.
  • Clase IV: trabajadores casados (no separados) cuyo cónyuge perciba un salario similar al propio.
  • Clase V: cónyuges de aquellos trabajadores encuadrados en la clase III.
  • Clase VI: trabajadores que perciban simultáneamente salarios de más de un empleador.

4) Seguro médico

A continuación tocaba afiliarme a una de las cajas de enfermedad o aseguradoras que proveen del seguro obligatorio de salud. Básicamente, se trata de pasarse por una oficina y contratar sus servicios rellenando los pertinentes formularios (nota: necesité el número de la seguridad social). Al poco tiempo me enviaron la tarjeta sanitaria, imprescindible para recibir atención médica.

Consejo: existen seguros públicos y privados, pero estos últimos están restringidos a personas cuyos ingresos brutos superen una cantidad fijada cada año (en 2014, 53.550€/anuales). Aún estando en disposición de optar al privado, su funcionamiento requiere un buen conocimiento del mismo. Por tanto, puede ser preferible decantarse al principio por uno público, que además cubre a todos los miembros de la unidad familiar.

5) Consulado

Para completar la ronda burocrática me registré en el consulado, donde me pidieron, junto con sus respectivas fotocopias: certificado de empadronamiento (el del ayuntamiento), foto de carnet, DNI, pasaporte, así como cubrir el formulario —uno másque me dieron allí.

Consejo: mejor llamar antes de ir (incluso más de una vez) para confirmar los documentos necesarios y si se requiere cita previa (el tiempo de espera puede ser de semanas o incluso meses). Esencial no olvidarse de nada para la cita —a los funcionarios no les dolerán prendas en hacerte repetir el viaje si falta algo—. La primera vez es frecuente pensar que el consulado es como un pedacito de tu país donde te van a recibir compatriotas calurosamente. ¡Error! Te recibirán con la misma apatía y desdén —o tal vez másque los funcionarios de casa.

Y esas fueron, que yo recuerde, las principales gestiones que realicé a mi llegada. A partir de ahí, la vorágine. Durante mi primer mes de estancia recibí fácilmente unas 10-15 cartas entre unas cosas y otras. Números de afiliación, tarjetas, contratos, petición de documentos, confirmación de datos, reconfirmación de la confirmación, etc, etc, etc. Sinceramente, cuando lo pienso, hay cosas que, todavía ahora, varios años después, no me explico cómo demonios conseguí arreglar sin tener ni idea de nada.

Por cierto, para más información sobre otros asuntos relacionados con el cambio de residencia te recomiendo leer también estos artículos:

Alquiler de vivienda en Alemania
Manual del inmigrante
Cambiar matrícula española por alemana en 10 pasos

viernes, 12 de julio de 2013

Manual del inmigrante

Cuando uno llega a un país extranjero, es increíble la cantidad de cosas que lo dejan completamente fuera de juego por simple y absoluta ignorancia. El que más y el que menos se ha pasado un tiempo haciendo algo de modo incorrecto sin tener ni la menor idea, sencillamente porque nadie se lo advirtió. A veces los autóctonos dan por supuesto que todo el mundo sabe esas cosas pero, por desgracia, a los inmigrantes no nos entregan un manual de instrucciones a la entrada, así que vamos de sorpresa en sorpresa quedándonos a cuadros con nuestros hallazgos. Hoy quisiera citar algunas de esas cosas que se da por hecho que debes saber (de Alemania en mi caso), pero que nadie te dice cuando llegas y que vas descubriendo a base de investigar, de estrellarte o por pura casualidad.


La primera cosa de la que me percaté nada más cruzar la frontera —literalmente— fue que debía cambiar mi filosofía al conducir. Recuerdo mi estupefacción al observar una manada de ñus al volante compitiendo ferozmente por progresar en el carril izquierdo, mientras el derecho permanecía impoluto. La conducción aquí resulta estresante mientras no te adaptas, es casi una competición. Y no por las altas velocidades, sino por la agresividad de los movimientos. Se tarda algún tiempo en entender las reglas no escritas de la carretera...

Siguiendo con el tema automoción, también me asombró el tema del aparcamiento. Me costó asimilar que hubiese "trozos de calle privados", es decir, partes de la vía pública donde solo puede aparcar el dueño de la casa de al lado. Esto, unido a las innumerables restricciones existentes, llega a producir una verdadera psicosis cuando quieres aparcar el coche. Vas con la sensación de que todos los lugares están prohibidos —y así es en la mayoría de los casos.

Una de las cosas que descubrí por casualidad fue la pegatina medioambiental, tras un tiempo saltándome esta regla por desconocimiento —sin consecuencias para mi bolsillo, afortunadamente. Es una pegatina que debe colocarse en el parabrisas del coche y que indica, en una escala de 1 a 4, si contamina más (nivel 1) o menos (nivel 4). Según eso, la pegatina será verde (4), amarilla (3) o roja (2). A los de nivel 1 directamente ya no les dan pegatina son los apestados. La finalidad de esto es que, en determinadas zonas, no se permite la circulación a los vehículos más contaminantes, por lo que solo puedes entrar si llevas la pegatina adecuada.

Otro descubrimiento fue el diferente concepto de vivienda. Yo estaba acostumbrado al típico piso de ciudad en España, en un edificio de varias plantas. Aquí sin embargo es más habitual vivir en zonas residenciales de casas bajas (máximo dos alturas), unifamiliares o con pocos vecinos. Pero lo más sorprendente para mí fue ver que estaban completamente vacías. Y completamente significa justamente eso: cuatro paredes, sin muebles de ningún tipo, sin cocina e incluso sin cuarto de baño. Por no tener, no tienen ni bombillas. Me quedé atónito. Yo pretendía buscar una casa parcialmente amueblada para facilitar un poco mis inicios y, desde luego, tener baño y cocina es lo mínimo que esperaba. Pero resulta que aquí es normal mudarse con todo a cuestas, retrete incluido en algunos casos. En este sentido, el panorama que me encontré fue profundamente desalentador. Además, las mejores viviendas suelen estar en manos de agentes inmobiliarios que te cobran un dineral de comisión por acceder a ellas. Es muy muy complicado conseguir algo decente sin pagar comisiones. Por suerte, después de ver varias pocilgas, acabé encontrando un sitio bastante bueno, ¡con persianas y todo!

La siguiente sorpresa desagradable llegó al poco de instalarme. Una carta me informaba de la tasa que debía pagar por el simple hecho de poseer aparato de radio, televisor, ordenador o similar. Es lo que aquí se conoce como GEZ, un impuesto con el que financiamos los canales públicos del país. Esta fue una de las cosas que más me molestó acatar. De hecho, suscita una gran controversia también entre la población alemana.

Otro de los temas que más estupor me causó fue el de la basura. En España podemos tirarla en cualquier contenedor de la calle, ya que son públicos, y la recogen a diario. Aquí los contenedores son particulares, pertenecen al propietario de la casa, de modo que no puedes tirar tu basura en otro que no sea el tuyo. Aparte, hay unos días estipulados para la recogida de cada tipo de residuo que, según el caso, puede ser cada semana, cada dos semanas... Los contenedores se guardan fuera de la vista y, cuando toca recogida, debes andar listo para sacarlo del escondrijo a su hora o de lo contrario seguirás intimando con tu basura unos días más.

Relacionado con esto también conviene saber que, al comprar bebidas, se paga una fianza por la mayoría de los envases de plástico y vidrio. Este importe lo recuperas solo si devuelves las botellas en unas maquinitas que existen a tal efecto en los supermercados. Yo mandé alguna que otra a la basura mientras no me percaté del asunto... Luego entendí las caras de la gente al verlo...

En fin, existen montones de cosas más que podrían incluirse en ese hipotético manual para inmigrantes, pero os invito a que deis vuestro punto de vista y comentéis algunas, tanto de Alemania como de otros países. Sería interesante recopilar experiencias, a ver si alguien se anima a editar una guía de esas características... :)

viernes, 28 de junio de 2013

Cambiar matrícula española por alemana en 10 pasos

Hoy volveré a tocar la vertiente de servicio público, hablando del procedimiento para sustituir una matrícula española por una alemana. Como dije en mi anterior entrada, esta es una de las trampas que nos pone Europa para complicarnos la vida y sacarnos la pasta. Dado que los gerifaltes europeos no han tenido a bien unificar el reglamento, estamos obligados a matricular el vehículo en el país donde oficialmente residimos, y cada estado establece sus propias normas al respecto. Esto trae como consecuencia no pocos gastos y molestias. Ejemplo: Alguien que trasladase su residencia a otro país de la UE y retornase al cabo de 7 meses, siguiendo la normativa a rajatabla, podría lucir fácilmente en su coche CINCO matrículas diferentes en ese periodo de tiempo (cada una de ellas con su pertinente desembolso, claro está). Un verdadero disparate.


Debes saber que existe obligación de cambiar la matrícula en estancias superiores a seis meses (de ahí el ejemplo anterior), salvo dos excepciones: estudiantes matriculados en un centro educativo del país y trabajadores transfronterizos. Eso sí, mientras portes matrícula forastera, no se permite que el coche lo conduzca ningún residente del nuevo país, salvo que tú vayas en él.

A continuación describo los pasos que yo seguí para realizar el cambio de placas, así como los costes (a modo orientativo), que pueden variar ligeramente según la región de Alemania. Nota: No soy uno de los blogueros viajeros a los que le mola fardar con las palabritas superguays que van descubriendo; casi nunca uso términos alemanes en el blog, y mucho menos si no aportan nada. Sin embargo, por razones didácticas, hoy será la primera vez que incluya una buena dosis de ellos, ya que lo considero útil para afrontar esta situación real sin conocer bien el idioma.

1) Buscar un seguro alemán para el coche. Tras llegar a un acuerdo con ellos sobre el tipo de cobertura (más información en el punto 8), te dan un justificante provisional (Versicherungsbestätigung) que debes presentar en la oficina de matriculaciones (Kfz-Zulassungsstelle).

Precio: 0€.

2) Pasar la inspección técnica (TÜV), que incluye una inspección general (Hauptuntersuchung) y una de emisión de gases (Abgasuntersuchung). Para ello es necesario el certificado de conformidad del fabricante (Übereinstimmungserklärung o Übereinstimmungsbescheinigung, también llamado CoC por sus siglas en inglés) o una revisión técnica completa (Vollgutachten) un poco más "especial" que le hacen a los vehículos extranjeros. El certificado me costaba 71,40€ pidiéndolo al fabricante. Es interesante señalar que existen otros talleres autorizados para realizar las inspecciones del TÜV (p. ej. grandes cadenas como ATU, DEKRA...). Yo decidí utilizar esa opción, ya que me resultaba más rápida y sencilla, para lo cual tuve que presentar solamente la documentación española del coche (tarjeta de ITV y permiso de circulación).

Precio: 89€ (inspecciones estándar) + 58,31€ (revisión "especial").

3) Ir a la oficina de tráfico con todo esto en la mano:
  • Papeles españoles del coche (puede que te interese hacerle copias, porque se quedan los originales).
  • Placas españolas (también se las quedan).
  • Justificante de la inspección técnica (TÜV).
  • Justificante temporal del seguro (Versicherungsbestätigung). 
  • Formulario del impuesto de circulación alemán (Kraftfahrzeugsteuer o Kfz-Steuer) que te dan allí. Desde este momento te lo pasarán cada año por domiciliación bancaria.
  • Pasaporte o DNI en vigencia.
  • Justificante de empadronamiento del ayuntamiento (Anmeldebestätigung). En teoría no hace falta, pero les encanta pedirlo para TODO, así que no está de más llevarlo encima, por si acaso.
  • ¡Destornillador para quitar y poner las placas!
Una vez verifican todos los documentos te asignan un número de matrícula. Si lo deseas, puedes elegir el que quieras entre los que hay libres pagando unos 10€ extra, y se puede reservar con antelación por Internet pagando otros 2€ y pico (ver comentario final). Entonces, te dan dos recibos. Uno para pagar en caja el coste de la gestión administrativa (en la misma oficina). Otro para obtener las placas de matrícula. También recibes un documento acreditativo de que el coche está registrado en Alemania, para presentarlo en tráfico de España y darlo de baja allí.

Precio: 44,10€ (tasa administrativa) + impuesto circulación (actualmente, los diesel pagan 9,50€ por cada 100cm³ + 2€ por cada g/km de CO2 que supere los 110g/km; los de gasolina pagan 2€ por cada 100cm³ + 2€ por cada g/km de CO2 que supere los 110g/km).

4) Ir a comprar las placas (siempre hay tiendas que se dedican a eso al lado de las oficinas de tráfico). Con el recibo de tráfico te troquelan en las placas el número que te corresponde.

Precio: 35€.

5) Elegir método de fijación de las placas. Mientras que en España solemos llevar las placas atornilladas "a pelo", en Alemania es típico acoplarlas a un soporte (por razones puramente estéticas). Por defecto, no te hacen agujeros en ellas; si los quieres debes pedirlos en la tienda de troquelar (recuerda tomar medidas para indicarle dónde hacerlos). Si no, puedes comprar el susodicho soporte, que se atornilla y sobre él se fijan las placas.

Precio del soporte (opcional): 12€.

6) Volver a tráfico con las placas "recién hechas" para que te pongan en ellas los sellos de la región y el de validez de la inspección técnica (la placa que lleva dos sellos debe ponerse atrás). Recibes entonces la documentación alemana del coche, que consta de dos partes. La primera se llama Zulassungsbescheinigung Teil I (también conocida como Fahrzeugschein o simplemente Schein) y es la que se debe llevar siempre en el coche. La segunda se llama Zulassungsbescheinigung Teil II (también conocida como Fahrzeugbrief o simplemente Brief) y es como el “título de propiedad” del coche, se deja siempre en casa a buen recaudo; perderla conlleva problemas. Ya se pueden instalar las nuevas placas en el coche y circular con él.

Precio: 0€.

7) Notificar la baja al seguro español y solicitarle un certificado de no siniestralidad en formato internacional (inglés) para que te apliquen la bonificación en el seguro alemán.

Precio: 0€.

8) Hacer el seguro definitivo alemán. Hay un plazo de 4 semanas desde que se registra el coche con matrícula alemana. En ese plazo, la cobertura es la misma que hayas acordado inicialmente para obtener el justificante provisional (sin límite de movilidad). Debe formalizarse el seguro definitivo en ese periodo de tiempo. El seguro vence siempre por año natural, se haga cuando se haga. Por tanto, si se da de alta en fecha distinta al 1 de enero, cobran la cantidad proporcional según lo que quede de año. Básicamente hay tres tipos de seguro, cuyas coberturas exactas pueden variar según la aseguradora: el obligatorio a terceros (Haftpflichtversicherung), todo riesgo (Vollkasko) y uno intermedio (Teilkasko) que es como a terceros ampliado con daños propios, incendio, robo, etc, pero que no cubre los daños causados a tu coche por terceros. Como es obvio, el precio de cada uno variará según el modelo de coche, la bonificación del conductor, etc. Por lo general sale algo más caro que la cobertura equivalente en España.

Precio: en mi caso particular rondaba los 500€.

9) Dar de baja el coche en España (jefatura provincial de tráfico) por tránsito comunitario. Es conveniente tener a mano, por si acaso, el justificante de registro que recibes en tráfico de Alemania (ver punto 3) y que acredita oficialmente el cambio de matrícula realizado, aunque a mí no me lo pidieron. Por tanto, solo hay que rellenar el formulario español (disponible en Internet: DGT) y pagar la correspondiente tasa.

Precio: 8€.

10) Solicitar la devolución de la parte proporcional del impuesto municipal del vehículo (en el ayuntamiento donde estaba registrado en España), si procede. Para ello te piden el justificante que expide tráfico de la baja definitiva del coche. El impuesto se paga por año natural y se prorratea por trimestres, así que te devolverán tres trimestres si das la baja hasta el 31 de marzo, dos trimestres si la das hasta el 30 de junio, un trimestre si la das hasta el 30 noviembre y nada si das la baja después de esa fecha.

Precio: 0€.

¡LISTO!

Nota importante: En Alemania, los únicos documentos obligatorios que se deben llevar en el coche son el carné de conducir y el Fahrzeugschein (no se necesita el seguro ni nada más).

Y un último comentario a modo de curiosidad: La matrícula en Alemania va asociada al propietario, no al vehículo como en España. Eso quiere decir que un mismo coche puede portar varias matrículas a lo largo de su vida útil, y que puedes mantener la misma durante toda tu vida pasándola de un coche a otro. La estructura de letras y números es como sigue: XXX YY NNNN. 'X' son las letras identificativas de la región (puede haber de una a tres) y es la única parte que no se puede elegir. 'Y' son letras a elegir (mínimo una, máximo dos), aunque no se admiten ciertas combinaciones catalogadas como "indeseadas". 'N' son números a elegir (pueden ponerse entre una y cuatro cifras).

jueves, 20 de junio de 2013

¿Para qué sirve Europa?

Desde que se creó este invento de la Unión Europea nos han vendido las ventajas que tiene para todos nosotros. Cuando empezamos a oír hablar de ello, allá por los 80, sonaba casi a ciencia ficción. ¡Pasar de un país a otro sin fronteras! Resultaba intrigante, enigmático y hasta exótico. Pero pronto nos acostumbramos. Más tarde llegó la moneda única, que parecía igual de extravagante. Del mismo modo, se fueron incorporando tratados, acuerdos, leyes y normativas diversas, que se supone deben facilitarnos la vida y simplificarnos las cosas. Pero tras todos estos años de conversiones, adaptaciones y cambios, uno sale de su país y se encuentra con una serie de obstáculos que le hacen preguntarse: ¿para qué sirve realmente este tinglado?


De entrada, una de las primeras cosas que se deben afrontar al llegar a otro país es abrir una cuenta bancaria. A pesar de la unidad monetaria y del mercado común, uno no puede seguir operando solo con su banco de antes.

Si te vas al extranjero de vacaciones, tu atención médica está cubierta con la tarjeta sanitaria europea, pero si trasladas tu residencia ya necesitas un nuevo seguro de salud. Los convenios existentes en cuanto a atención médica o pensiones no impiden que debas cambiar de seguridad social.

Naturalmente, llegará el inexorable momento de rendir cuentas a Hacienda, claro está. Por eso, necesitas también tu nuevo número de identificación fiscal. Los acuerdos transfronterizos en este sentido no te librarán de un jaleo morrocotudo cuando llegue la temida declaración. Haber residido en un año fiscal en dos países, las distintas normativas de cada uno o poseer bienes en el extranjero suelen complicar las cosas sobremanera.

En el plano académico y laboral también podemos toparnos con algunas trabas. Son conocidas las posibilidades que se ofrecen para la movilidad estudiantil, pero sin embargo esto choca con la disparidad de sistemas educativos. No siempre se reconocen por igual titulaciones obtenidas en países diferentes, lo que puede representar un agravio comparativo en determinadas situaciones.

Otro caso ya comentado es el tema del paro. Existen regulaciones comunitarias que nos permiten exportar prestaciones e ir a buscar trabajo en otro país. No obstante, es un derecho limitado, porque no puedes trasladarlo en su totalidad. Por otro lado, se reconocen cotizaciones realizadas en países ajenos, pero deben acreditarse mediante documentos expedidos por aquellos. Si hay administración común para unos trámites, ¿porqué no para otros?

Y como último ejemplo puedo citar lo que ocurre con el tránsito de vehículos, tema ciertamente sangrante del que volveré a hablar en unos días. Resulta que con tu coche puedes circular por toda Europa, tengas la matrícula que tengas, y basta con llevar la carta verde del seguro para cubrir cualquier eventualidad. Pero si te lo llevas al fijar tu residencia en el extranjero, ah, ahí ya no puedes mantener la matrícula original; tienes que cambiarla por una del país de destino, lo que normalmente implica también cambiar de seguro. O sea, una auténtica coña marinera que conlleva múltiples trastornos: alta en el extranjero, baja en tu país, inspección técnica y otros papeleos diversos. Y todo ello con sus tasas y costes correspondientes, ¡cómo no!

¡Ah! Y no olvidemos la guinda del pastel. Por si todo esto era poco, cuando decidas volverte a tu país debes deshacer punto por punto todo lo que has hecho a la ida. Si no querías caldo, toma dos tazas. Gastos y trastornos por duplicado. Si es que cuando se trata de sacarnos la pasta se lo montan de miedo...

Lo que está claro, a mi modo de ver, es que todos los ejemplos citados muestran una falta de coordinación administrativa —quizá deliberada—. Por eso, cuando yo me hago la pregunta de para qué sirve Europa, suelo llegar a la misma respuesta: a mí solo me sirve para no tener que cambiar mi dinero y para no parar en las aduanas. No voy a negar que son comodidades, pero me parece escaso botín para el alto precio que nos cuesta. Da la sensación de que la Unión Europea es solo una unión a medias. Y tal como están las cosas, ya veremos cuánto dura esto...

martes, 14 de mayo de 2013

El paro en Alemania

He pensado que quizá a más gente le interese saber cómo funciona esto del paro aquí en Alemania. Por eso, voy a dedicar esta entrada a explicar las principales cuestiones en relación a ello. Principalmente voy a considerar que el desempleo se origina tras haber trabajado aquí. Ya he dicho que no es nada recomendable venir de otro modo.


Supongamos que estás trabajando en Alemania y te vas a quedar en paro. Tu primera obligación es inscribirte como demandante de empleo inmediatamente. Si tu contrato es de duración determinada, debes realizar la inscripción TRES MESES antes de la fecha efectiva en que termina. Si tu contrato es indefinido, tendrás acordado un periodo de preaviso en caso de rescisión del mismo. Es habitual que este periodo sea de 3 meses, por lo que, en ese caso, deberías inscribirte nada más conocer tu despido (tienes 3 días). En cualquier caso, si el despido te fuese comunicado con un preaviso menor de 3 meses, tienes la obligación de inscribirte como demandante de empleo en los TRES DÍAS siguientes. No cumplir esta norma acarrea penalizaciones (suspensión de una semana) en caso de tener derecho al cobro de prestaciones.

Quiero recalcar que lo anterior es solo una inscripción como demandante de empleo, no te da derecho a ninguna prestación. Simplemente le comunicas a la agencia de empleo que te vas a quedar o te has quedado en paro. Esa inscripción debe hacerse personalmente, pero no necesariamente acudiendo a la oficina del paro. Puede hacerse también por teléfono (01801-555111) o por internet (registrándose aquí). De este modo concertarán una cita contigo para que acudas a la oficina, lo que te evitará esperas. En caso de despidos masivos (como fue el mío), la empresa puede pedir a la agencia de empleo que desplace a algún funcionario para inscribir a todos los afectados en la propia compañía. Debido a la regla de los tres días ya mencionada, es más fácil desplazar a dos o tres funcionarios al lugar del "crimen" que mandar a las decenas de despedidos a colapsar la oficina del paro. 

Bueno, ya estás inscrito como demandante de empleo.

Ahora, si la empresa es medianamente grande, lo habitual es que te liberen de ir a trabajar en lo que resta de contrato (práctica conocida como 'gardening leave' en el mundo anglosajón). Esto se estila mucho en cierto tipo de empresas, para protegerse de las posibles "represalias" de los empleados y también como parte de su imagen de magnanimidad. Por cierto, si tienes un contrato indefinido te preguntarás cuál es la indemnización por despido. La respuesta es: ninguna. Si los 20 días por año de la reforma laboral española te parecen pocos... esto es lo que aún está por venir. En Alemania no se estipula por ley ninguna cantidad. Menos mal que, de nuevo, la magnanimidad impulsa a las empresas a ofrecer, motu proprio, una módica cantidad como indemnización. La regla no escrita en ese sentido suele ser de 15 DÍAS por año trabajado. Si te sabe a poco, estás en tu derecho de rechazarlo e ir a juicio. 

Bien. Mientras dure tu búsqueda de empleo te mantendrás en contacto con la agencia. Unas semanas después de la inscripción te volverán a citar para una entrevista con tu asesor personal (el no acudir a estas citas injustificadamente acarrea penalización). Se trata de ver qué planes tienes, qué opciones ofrece el mercado, etc. Probablemente salgas de esa reunión ya con dos o tres ofertas a las que apuntarte. Luego, seguirás recibiendo periódicamente propuestas de la agencia para apuntarte a nuevas ofertas que se ajusten a tu perfil (más o menos). Deberás solicitar esos trabajos que te proponen y comunicarle a la agencia el resultado del proceso. No hacerlo acarrea penalización. Si tuvieses motivos para no querer solicitar alguna de las propuestas debes comunicarlo también, pero hay que justificar que existen razones de peso (no cumplir los requisitos, razones de salud, etc; el no apetecerte no vale como razón de peso).

Después, si llega el día en que concluye efectivamente tu contrato y aún no has encontrado trabajo, te conviertes oficialmente en desempleado. En caso de que te corresponda una prestación es ahora cuando debes solicitarla. Debes pedir cita de nuevo en la agencia para entregar toda la documentación necesaria, a saber: formulario a rellenar (te lo dan ellos), pasaporte, tarjeta de impuestos, carta de despido y certificado de empresa.

Por regla general, te corresponde prestación si has cotizado al menos 12 meses en los últimos 2 años. De no ser el caso, debes cumplir otras condiciones especiales (puedes consultarlas en los enlaces que incluyo al final). Recuerda que es fundamental hacerse siempre con el formulario PD U1 antes de cualquier traslado entre estados de la Unión. Dicho documento es expedido por el servicio de empleo de cada país y acredita tus periodos de cotización para ser reconocidos legalmente en el resto de la UE.

La duración de la prestación es en relación de 2 a 1, es decir, por 12 meses cotizados te corresponden 6 meses de paro, por 16 te corresponden 8, por 20 te corresponden 10, etc. La duración máxima para menores de 50 años es de 12 meses, para menores de 55 es de 15 meses, para menores de 58 es de 18 meses y, a partir de 58 años, el máximo es de 24 meses.

¿Cuánto vas a cobrar de paro? Para calcularlo se consideran las cotizaciones del año previo al nacimiento del derecho. Este es el procedimiento: Se suman los salarios de los últimos 12 meses (en bruto y sin incluir complementos) y se divide el total por 365 días. Ese es el salario medio diario bruto, que sirve de base para obtener la cuantía final. El 60% (sin hijos) o el 67% (con hijos) de esa cifra es lo que te corresponde de paro (bruto). A continuación, de este "paro bruto" se procede a descontar el 21% como cuota de seguridad social y también los correspondientes impuestos (otro 14% como poco). La clase impositiva a la que pertenezcas tendrá por tanto gran influencia, ya que el % de retenciones varía según la clase. Por último, lo que resulte tras estos descuentos es tu prestación neta diaria, que se multiplica por 30 para saber lo que cobrarás neto mensualmente. Esa cantidad te será abonada en cuenta a finales de cada mes.

Volviendo al capítulo de derechos y obligaciones, debes saber que la lejanía de un trabajo a tu domicilio no es motivo para rechazarlo. Puedes establecer un área geográfica de preferencia y la agencia te propondrá ofertas en esa zona, pero el radio puede estar en torno a 50-100km. Tú eliges si conducir esa distancia a diario o mudarte de casa. Además, si llegas a recibir una oferta firme en la otra punta del país, la distancia por sí misma no sirve de excusa. Rechazarla sin más motivo acarrea suspensión, y de las gordas: 3 semanas la primera vez, 6 semanas la segunda y 12 semanas la tercera.

Acumular 21 semanas de suspensión implica la pérdida definitiva de la prestación, por lo que esa sería la consecuencia de rechazar tres ofertas sin motivo.

Mientras estés desempleado, debes acreditar ante la agencia que pones todos tus esfuerzos en encontrar un trabajo. Pueden pedirte que se lo demuestres, por ejemplo enseñándoles tus solicitudes y las respuestas obtenidas. No acreditar tales gestiones acarrea —cómo no— una suspensión de 2 semanas.

El hecho de que te ofrezcan un trabajo peor pagado que el anterior tampoco te permite rechazarlo, dentro de ciertos límites. En los tres primeros meses de paro debes aceptar trabajos con un sueldo hasta un 20% inferior al que tenías. Del 4º al 7º mes debes aceptar hasta un 30% menos. A partir ahí, ya solo puedes rechazar aquel trabajo en el que te paguen menos que lo que cobras de paro. De lo contrario, a ver si adivinas... ¡Exacto! Acarrea penalización.

Recuerda que TODO lo que hagas debes ponerlo en conocimiento de la agencia inmediatamente. Si consigues un nuevo trabajo, si estás incapacitado para trabajar, si te pones a estudiar, si cambias de piso, si cambia tu estado civil o tu clase impositiva... TODO. Entre tus muchas obligaciones se encuentran algunas bastante curiosas. Se especifica por ejemplo que debes comprobar al menos una vez al día tu buzón y estar localizable todos los días laborables, ya que pueden requerirte en cualquier momento. También puedes olvidarte de viajes y vacaciones. No está permitido ausentarse del domicilio sin el permiso de la agencia; mucho menos salir del país. Si necesitas ausentarte por algún motivo (de peso) debes comunicarlo y esperar que te concedan el permiso. Por supuesto, nadie te va a colocar un chip de seguimiento, puedes hacerte el avión, pero si algo pasa y se enteran... creo que ya sabes lo que acarrea, ¿verdad? ¡Suspensión al canto! Eso sí, tienes derecho a unas vacaciones de hasta 3 semanas durante las que sigues cobrando el paro, siempre previa petición a la agencia, claro. Si lo deseas puedes alargarlas hasta 6 semanas, pero durante esas 3 adicionales no cobras.

Y ya para acabar hablaré un poco de normativa comunitaria, especialmente de la llamada exportación del paro, algo muy interesante para los que somos emigrantes.

Una prestación por desempleo puede ser exportada de un país (A) a otro (B) solicitando el formulario PD U2. Para hacer uso de este derecho deben quedarte al menos 3 meses de prestación por percibir. El periodo máximo por el que se puede solicitar son TRES MESES (aunque te quede más tiempo de paro). En teoría, ese periodo podría prolongarse hasta 6 meses en circunstancias especiales. En la práctica, no es fácil obtener la prórroga (necesitas demostrar que te van a ofrecer un trabajo de forma inminente en el país B).

Cuando llegas al país B, debes inscribirte en su servicio de empleo en el plazo de UNA SEMANA. Si te retrasas pierdes el derecho al cobro de tantos días como hayan transcurrido desde el traslado hasta el registro efectivo (o sea, 1 semana más los días que te retrases). Durante el tiempo que dura la exportación, estás a disposición del servicio de empleo del país B, pero te paga el país A.

Agotado el periodo de exportación, si no has encontrado trabajo, puedes optar por dos cosas: quedarte en el país B ya sin cobrar o regresar al país A. En este segundo caso, seguirás percibiendo lo que te reste de prestación (si lo hubiese) hasta el final de la misma. Sin embargo, si decides permanecer en el país B, desaparece todo el derecho a paro que te quedase acumulado. 

En fin, creo que estas son las cosas más relevantes a tener en cuenta. Toda la información aquí descrita se encuentra mucho más desarrollada en el portal de la agencia alemana para el empleo. También puedes consultar este útil documento (en español), que resume lo más importante de la legislación alemana en materia de desempleo. Adicionalmente, puedes preguntar si tienes alguna duda. Intentaré responder lo que sepa.

PD: Quiero señalar que todo lo expuesto se refiere a prestación por desempleo, no a subsidio por desempleo. Este último entraría en el nivel asistencial tras agotar la primera. Caso de tener derecho a él, te cubre las necesidades básicas por tiempo ilimitado pero te obliga a aceptar CUALQUIER trabajo, sin restricciones.

viernes, 12 de abril de 2013

Mi visión de Alemania

Todo lo que tiene que ver con Alemania está de moda, algo que probablemente debemos agradecer a la actual situación financiera. Será por eso que la literatura dedicada a su "obra y milagros" se ha incrementado exponencialmente en los últimos años. Si antes era habitual recurrir a tópicos sin conocer demasiado el asunto, ahora es fácil encontrar impresiones de gente que lo padece vive en sus carnes. Es muy interesante leer esas experiencias pues, a pesar de ser personales, poseen puntos en común que ayudan a comprender el verdadero carácter del país.

Todo el que se precia de escribir un blog con esta temática suele ir contando sus impresiones generales sobre la nación que le acoge y sus gentes. Yo no voy a ser menos. A las diversas pinceladas que ya he ido dejando añadiré hoy otra batería de cosas, algunas de las cuales equilibran un poquito la balanza tras la entrada anterior.



Una de las principales características de la sociedad alemana es su rigidez a todos los niveles. Se rigen por férreas normas y costumbres de las cuales difícilmente se apartan. Es muy inusual que un alemán se salga del guion, para bien o para mal. Puede decirse que el prejuicio de cuadriculados está más que justificado. Un ejemplo es su obsesión con la hora y la estructura de sus hábitos semanales, que describiré próximamente. Por supuesto que a veces se divierten, cantan y bailan, pero eso también forma parte del guion. Lo hacen solo cuando toca. El resto del tiempo son más secos que la mojama.

Esta rigidez afecta de pleno a las relaciones humanas. Entablar contacto con la gente es una empresa complicada y el trato se restringe a lo imprescindible. Los escasos diálogos suceden generalmente con educación, eso es cierto. Nunca faltan los buenos días, gracias y por favor, pero arrancar algo más puede considerarse un milagro. Puedes vivir meses o años junto a los mismos vecinos, que ellos seguirán tratándote de usted y dándote nada más que los buenos días. Dudo que lo hagan por mal, simplemente no tienen la espontaneidad y calidez propias del carácter latino.

Pienso que lo anterior también tiene mucho que ver con el individualismo y la autosuficiencia, dos rasgos muy característicos de esta cultura. Por lo general, a nadie le interesa la vida de los otros y son, a su vez, celosos de su vida privada. Por eso es difícil que se produzcan conversaciones personales más profundas.

Pero el concepto de autosuficiencia va más allá. Existe una actitud muy arraigada de resolverse uno mismo sus propios problemas, sin recurrir a nadie, hasta el punto de que ofrecer ayuda pueda resultar hasta ofensivo en ocasiones. Por regla general, nadie se molesta en echarte una mano con tus problemas, por lo que no conviene esperar ayuda a priori. Hay que arreglárselas solo.

Todos los factores hasta aquí mencionados hacen de este un país tremendamente inhospitalario. Nada ni nadie facilita la integración al forastero. Al contrario (he sufrido ejemplos de ello). Te sientes constantemente un extraño fuera de lugar allá por donde vayas.

Como iba diciendo, nadie se mete en tu vida... salvo si se te ocurre cometer alguna infracción. Eso siempre les incumbe. Podrías dejar tu coche abierto y con las llaves puestas en pleno centro y probablemente seguiría allí dos horas después. Ahora, apárcalo por error en un lugar inapropiado y antes de bajarte de él recibirás la severa reprimenda del primer transeúnte que pase. Los alemanes viven con el deseo irrefrenable de hacer cumplir las normas, ¡no desaprovechan la ocasión de reprochar al que no lo hace! Faltar a ese código los convierte en verdaderos proscritos rechazados por sus congéneres. Sin entrar en que sean más o menos cívicos, la clave es que tienen mucho más miedo a las consecuencias. Aquí las autoridades no tienen remilgos con los delincuentes, por eso no se mea fuera del tiesto tan fácilmente.

Además, esta costumbre casa a la perfección con otra de sus grandes aficiones: discutirlo y protestarlo todo. Cualquier tema, por nimio que sea, es susceptible de generar controversias y acalorados debates en los que nadie da nunca su brazo a torcer.

Una de las partes más negativas para mí (aparte del clima, ya comentado) es la comida, cuya calidad deja bastante que desear en comparación con la excelente gastronomía española. Admito que hay carne aceptable, pero el pescado... es horrible, carísimo y rara vez fresco. Esto remueve los cimientos de la pirámide alimenticia para alguien como yo, tan "pescadívoro" como carnívoro. Los platos típicos regionales me gustan, no lo niego, pero la variedad del menú es muy reducida si has de comer fuera de casa. Prácticamente, de cada tres comidas, una es Schnitzel (filete empanado), otra es salchicha y la tercera, la especialidad de la zona (que a veces es Schnitzel o salchicha). Ya digo que me gusta, pero acaba saliéndote por las orejas de tanto repetir lo mismo, sinceramente.

Hay que decir que aquí no se disfruta del momento de la comida como en España, al menos entre semana. No existe ese componente social en la mesa. Los que optan por el menú de la cantina comen a una velocidad endiablada, más bien engullen como fieras famélicas. Otros se llevan al trabajo cualquier cosa sencilla que para nosotros no tendría rango de comida, como un sándwich o una pequeña ensalada. Buscan solo un tentempié que puedan despachar deprisa y los mantenga con vida. En la empresa yo terminaba siempre de último, bajo sus miradas de desesperación por la espera. La comida es uno de los momentos del día en que yo desconecto. Odio que me lo amarguen, así que al final opté por comer solo siempre que podía. Me gusta disfrutar de la comida con pausa y, por supuesto, ¡sin discusiones de trabajo! 
 
Entre los mitos que se me han desplomado está el de las carreteras. Gran parte de las autopistas alemanas son mucho peores que las españolas. A pesar de estar en obras perpetuamente, uno se pregunta cómo es posible que tengan un firme tan desastroso. ¿Es esta la famosa y mundialmente admirada Autobahn? ¡Pues vaya! Vale que la endemoniada densidad de tráfico que soportan a diario debe causar estragos, y que aquí ya tenían autopistas cuando nosotros usábamos carros tirados por vacas. Pero aún así, pienso que deberían estar mucho mejor, sobre todo teniendo en cuenta las altas velocidades a las que está permitido circular por ellas. 

Y eso de que son gratis... en fin, las financian nuestros astronómicos impuestos. Que digo yo, pagando esos impuestos, es lógico tener servicios, ¿no? Lo ilógico sería no tenerlos.  Es que me hace gracia cuando se alaban ciertos servicios de aquí. No hay nada que alabar. Mérito sería tenerlos sin pagar esos impuestos, ¡qué coño! Como se dice en román paladino: con buena picha, bien se jode. 

Por cierto, le pese a quien le pese, afirmo rotundamente que los alemanes conducen como el culo. No importa cuántos carriles tengan disponibles, ellos conducirán siempre por el situado más a la izquierda. Los demás permanecen impolutos para uso exclusivo de camiones (cuando no les da por adelantar también) y quizá para algún extranjero sin prisa, harto de verse sometido a una presión agobiante cada vez que trata de hacer una incursión en el carril de la izquierda. 
 
No obstante, lo que sí es una gozada es tener media Europa a tiro de piedra. En pocas horas de coche te pones en infinidad de sitios interesantes.
 
Para ir acabando, algo que yo no esperaba es que fuese una sociedad tan clasista. Entre otras cosas, padecen de una "titulitis" galopante. Deben pensar que, habiendo invertido tantos años y dinero en sus estudios, es obligado mostrárselo al mundo. Quizá por eso anteponen todos los títulos posibles a su nombre, lo cual desemboca en una simpática ristra de abreviaturas de todas las hazañas académicas del individuo en cuestión. Y no es raro que además se hagan llamar por sus títulos. Resulta muy gracioso ver por ahí escritas retahílas del tipo: 
 
Herr Prof. Dr. rer. nat. habil. Fulano de Tal
 
En esta misma línea, fueron también inesperadas las numerosas connotaciones machistas que existen. Por ejemplo, un sistema impositivo diseñado para que la mujer se quede en casa en vez de trabajar fuera (lo contrario no compensa económicamente). Pero bueno, estos asuntos ya los cuenta mamaenalemania magistralmente.