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sábado, 2 de agosto de 2014

Por favor, no me invites a tu boda

Odio las bodas. Cada vez que huelo una, hago uso de todos los medios a mi alcance para evitarla. De una forma u otra, he conseguido sortear un buen número de ellas, pero era cuestión de tiempo que acabaran pillándome en una, como así ha sido.



Antes de cargar las tintas, debo admitir que esta boda en particular me ha sorprendido gratamente. Es posible que me haya dejado deslumbrar por la novedad, no sé, pero me llevé mejor impresión que en otras, ya que se alejó bastante de aquello sobre lo que voy a despotricar en los próximos párrafos. Asimismo, la experiencia me sirvió para conocer ciertas peculiaridades de las bodas alemanas que me llamaron la atención en mayor o menor medida, como por ejemplo:
  • Unas semanas antes de la boda tiene lugar una tradición (Polterabend) que obliga a los novios a recoger los restos de objetos de porcelana —desde platos hasta tazas de váter— hechos añicos previamente por sus amigos.
  • Independientemente de que se celebre una boda religiosa, la que vale realmente es la boda civil, que obligatoriamente debe formalizarse con anterioridad.
  • El regalo se entrega el mismo día de la ceremonia tras la misma, cosa que puede ocasionar más de un traspiés a quien desconozca esta costumbre...
  • Hay personas que solo están invitadas a la ceremonia y otras al "paquete completo" (ceremonia + banquete).
  • Es normal que los invitados acudan con colchones para dormir tras la fiesta nupcial en una estancia común habilitada a tales efectos.

Dicho todo lo cual, paso al despotrique.

Quiero aclarar que no tengo nada en contra del concepto "boda" en sí mismo, si como tal se entiende, simple y llanamente, la unión de dos personas en matrimonio. Lo que no soporto es la insufrible sucesión de paripés en que la gente las convierte. Sencillamente me repugna.

La mayoría de las personas parecen tener la absurda creencia de que ese día no será lo suficientemente especial si no lo convierten en una sangría interminable de gastos. La parafernalia incluye flores, vestidos, fotos, peinados, anillos, coches, banquetes, orquestas, viajes... y un larguísimo etcétera de cosas. Todo pagado a precio de oro, por supuesto —aunque claro, eso no es problema cuando paga papá, como ocurre a menudo—. Francamente, si yo necesitase esos accesorios para casarme, reflexionaría seriamente sobre mis sentimientos antes de ir al altar.

Pero no conformes con esto, el dispendio se hace también extensible a los invitados. Y obviamente esto es lo que más me jode, ya que ahí es mi bolsillo el que sufre. Entre regalos, desplazamientos y chorradas varias, es indecente lo que cuesta ser invitado a una boda. Es la demostración palpable de que lo menos importante es el hecho en sí de casarse. Se trata de un acto de materialismo puro y duro. Todo dios quiere dinero como regalo. ¿Porqué coño tengo que soltar una cantidad ingente de dinero por ir a la boda de nadie? Amigo, si quieres casarte, cásate. Si además quieres disfrutarlo conmigo, pues bien. Pero joder, ¡no hagas de ello un ejercicio recaudatorio! Vas, te casas, nos tomamos algo juntos, nos divertimos y punto. De eso se trata. ¿O no?

La hipocresía comienza ya en el momento en que recibes la maldita tarjeta, con frases del tipo "...nos encantaría compartir con vosotros este día tan especial, por lo que os invitamos a la ceremonia y posterior banquete...".

Vamos a ver. Gran parte de los asistentes son invitados de compromiso, así que no me vengas con que quieres celebrar ese día con tu gente especial. Eso es una verdadera patraña. En esos eventos se dan cita decenas —cuando no cientos— de desconocidos —incluso para los novios—, sin mayor interés que el de beber y comer como bestias hasta no poder más. Yo entiendo una boda como algo íntimo donde, a lo sumo, debe acudir un selecto grupo de gente especialmente allegada, con la que realmente deseas compartir ese día, y que a su vez desea compartirlo contigo. Todos los demás sobran. Se supone que vas para compartir el día con los novios, pero en realidad es con ellos con los que menos estás. Terminas pasándote el día con una panda de borrachos que no conoces de nada.

Por otro lado, me hace gracia el uso de la palabra "invitar". Para empezar, son los padres de los contrayentes quienes suelen correr con los gastos de tan suntuoso festín —¡así cualquiera invita!—. Y aparte, teniendo en cuenta la pasta del regalo, los asistentes pagamos con creces nuestro cubierto. Así que, en realidad, somos nosotros quienes los invitamos a ellos. ¡Debería ser yo el que les enviase la tarjetita de invitación!

Así que, amigos míos, si tenéis planes de boda y queréis que lo celebremos juntos, de acuerdo. Pero si pensáis convertirlo en el circo habitual, por favor, ¡no contéis conmigo! Os lo agradeceré enormemente. Ah, y lo mismo aplica a bautizos, comuniones, etc.

sábado, 5 de julio de 2014

Gratis

Hay ciertas cosas por las cuales, en España, es impensable tener que pagar. Estamos acostumbrados a que sean "gratuitas" y cualquier intento de hacerlas de pago es considerado una grave afrenta y es rechazado ferozmente. Llegar con esa filosofía a Alemania, país donde se paga por todo, me deparó no pocos disgustos y cabreos monumentales. Pero, ¿es esta práctica tan negativa como creemos?




Por supuesto, a mí tampoco me gusta que me hagan pagar "generosamente" por las cosas más insospechadas —¡y a quién sí!—. Sin embargo, mi postura ante este tema ha ido evolucionando sensiblemente, hasta el punto de llegar a verle aspectos positivos en algunos casos. Estoy pensando en situaciones habituales en España, como por ejemplo:
  • Una noticia en la que se hablaba de un mercado medieval que iba a celebrarse. La crónica mencionaba que los asistentes contarían con diversas atracciones y actividades gratuitas, así como también regalos de recuerdo para todos. (Reflexión en voz alta: ¿Porqué hay festivales "medievales" por todas partes sin venir a cuento? ¿No se conocen otros periodos históricos?).
  • Otra promoción similar anunciaba una fiesta gastronómica en la que se repartían raciones gratis del producto en cuestión.
  • También son comunes los conciertos gratuitos, especialmente en fiestas patronales, así como exposiciones, obras de teatro y otros eventos.
  • Y mi favorita. La del club de fútbol endeudado hasta las cejas durante años —uno de tantos— que finalmente se encuentra al borde de la quiebra. Un grupúsculo de aficionados demandan que las instituciones públicas se hagan cargo del club para cubrir sus deudas y evitar su desaparición.
Esta última es, con diferencia, la que más enfermo me pone. ¡Tienen más cara que espalda! Una empresa normal y corriente que lleve esa misma trayectoria se va al tacho en dos días. Y no la salva ni Dios. Sin embargo, los clubes de fútbol pueden despilfarrar lo que quieran, recibir dinero público a espuertas y ser rescatados cuando están en el abismo. Es que "se juega con el sentimiento de una afición", dicen ellos. Pues si estáis tan comprometidos con el club lo tenéis bien fácil. Es vuestro club. No tenéis más que poner de vuestro bolsillo el dinero necesario y listo. Mira qué fácil. Podéis resolver el problema vosotros solitos sin que nadie más intervenga. ¿Porqué tenemos los demás que pagaros el pasatiempo a los cuatro pelagatos que váis al estadio?

El resto de casos citados también son dignos de análisis. ¿Qué aporta regalar objetos, comida o entretenimiento solo por que sí? ¿Atraer buitres interesados únicamente en obtener lo que se reparte sin darle ningún valor? ¿Gente a la que le importa un bledo esa tradición y que no volverá a aparecer por allí en cuanto dejen de darle limosna? ¿Quién no ha visto peleas patéticas entre adultos hechos y derechos por rapiñar todos los regalos posibles, que al poco tiempo acaban tirados en cualquier esquina?

El planteamiento que observo aquí en Alemania va en otra línea. Si vas a mercadillos de Navidad o fiestas similares puedes llevarte la tacita de recuerdo por un par de euros. Si para ti tiene ese valor y quieres conservarla, la pagas y es tuya. Si no lo tiene, la dejas y punto. En eventos de exaltación gastronómica no regalan la ración de turno. Si la quieres probar te la pagas —y no barata precisamente—. Por visitar lugares pintorescos o monumentos históricos no te cuento los sablazos que te meten. Incluso por ver desfiles de carnaval que no son nada del otro mundo la gente paga hasta 6-7€. Y están a tope. Así colaboran a financiar sus tradiciones y patrimonio. Pero lo hace quien quiere. Al que le importa un carajo, pues no va y no paga. No tienes porqué subvencionar los vicios de los demás con tus impuestos. Ese dinero es para otras cosas.

Al principio me costó aceptar esta filosofía, pero más tarde empecé a apreciar sus beneficios. ¿Porqué?:
  • Primero, porque decir que algo es gratis es rotundamente FALSO. Me hace mucha gracia el empleo de la palabra gratis. Ese supuesto "regalo" no es tal, pues te lo están haciendo con tu propio dinero. Con el dinero de todos. Puede que te esté costando incluso más que si lo pagases directamente, en lugar de hacerlo indirectamente a través de tus impuestos. Y además así lo tienes que pagar sí o sí. Tanto si te gusta como si no. Tanto si vas a disfrutarlo como si no.
  • Segundo, porque a mí nadie tiene que decirme lo que es cultura, y mucho menos usar dinero público para regalármela. El que quiera algo, que se lo pague. Si una cosa tiene verdadero interés para la gente, ellos mismos se encargarán de que perdure en el tiempo. Si no es así, es que sencillamente no interesa y, por tanto, no hay porqué gastar ni un céntimo de dinero público en ello. Esta es otra forma de despilfarro de las muchas que conocemos en España.
Por eso, aquellos que se ponen como locos cuando les suprimen algún evento o les hacen pagar por él, deberían saber lo que les cuesta en realidad mantenerlo. Entonces veríamos si les interesa de verdad o si prefieren mejor otras prioridades, como una buena sanidad, una buena educación, etc, etc.

domingo, 18 de mayo de 2014

Elecciones municipales en Alemania

Coincidiendo con las elecciones europeas del 25 de mayo, en varios estados alemanes, se eligen también los representantes del pueblo en municipios y "comarcas" (no encuentro una palabra del todo adecuada para designar esta unidad administrativa a medio camino entre la provincia y el municipio de España). Este batiburrillo llamado Unión Europea, establece que, a nivel local, los inmigrantes votemos en el país de residencia y no en el de procedencia —al contrario que en las elecciones generales—. Esto me ha dado la ocasión de descubrir algunas peculiaridades del sistema electoral alemán que me han llamado la atención. Paso a relatarlas.


La primera curiosidad es el modo en que se desarrolla la campaña. No tengo prácticamente la sensación de estar a las puertas de unas elecciones. Hay algunos carteles por la calle, sí, pero sin saturar. Muy lejos de las estridencias que acostumbramos a ver en España (véase: coches con megafonía a todo trapo, mítines a gogó...). Asimismo, mi buzón no ha sido inundado con papeletas y propaganda de los partidos. He recibido únicamente dos o tres folletos, que también en su contenido se diferencian de lo que se estila en España.

En dichos folletos aparecen las fotos de los candidatos acompañadas de su nombre, edad, estado civil, número de hijos, profesión y aficiones. En algún caso figura incluso su domicilio y un breve extracto de sus actividades profesionales y políticas. Es casi un "mini-currículum". Estoy acostumbrado a que, en Alemania, todo tipo de profesionales (ya sean dentistas, asesores, técnicos, jardineros u otros cualesquiera) incluyan datos personales al promocionarse, pero resulta chocante verlo en política. Sin embargo, me parece lógico que así sea. ¿No nos piden a todos un CV cuando queremos conseguir un trabajo? Pues igualmente deberíamos conocer los estudios y experiencia de quienes pretenden ocupar un cargo político para seleccionarlos con cierto criterio, ¿no?

Otro asunto llamativo en comparación con España es la mecánica de la votación. La cosa va más o menos así:

1.- En cada corporación hay un número determinado (llamémosle x) de escaños a cubrir, en función del número de habitantes. Cada votante tiene derecho a emitir x votos, o sea, tantos como escaños hay en disputa.

2.- Esos x votos pueden otorgarse a los miembros de una misma lista (mismo partido) o pueden distribuirse entre varias listas diferentes. El número total de votos no puede exceder de x, o se considerará nulo.

3.- Puede asignarse más de un voto (hasta un máximo de tres) a un mismo candidato, sea de la lista que sea. Para ello hay que escribir el número deseado en el recuadro de la papeleta designado para tal efecto. Para otorgar un voto a un candidato se escribe un '1' o una 'X'. Para otorgarle dos votos, un '2'. Para otorgarle tres votos, un '3'.

4.- Puede optarse por entregar solo una papeleta (de una lista o partido) sin modificar (sin ningún candidato explícitamente marcado). En ese caso, cada miembro recibe un voto (correlativamente según su puesto en la lista, hasta repartir el máximo de x).

5.- Alternativamente, pueden entregarse una o varias papeletas modificadas (con candidatos explícitamente marcados) si lo que se desea es elegir personas de diversas listas. Para ello hay dos opciones:
  • a) Papeleta única: se marcan los candidatos deseados en una de las listas y luego se añaden en ella (escritos a mano) el resto de nombres junto con los votos que se le quieren otorgar.
  • b) Papeletas múltiples: se entregan todas aquellas listas de las que se quiere elegir algún candidato, marcando en cada una la repartición deseada de votos.

Puede discutirse qué sistema es mejor o peor y habrá opiniones para todos los gustos. Mi sensación personal es que este método concede más libertad al votante y anima más a participar. Posiblemente sea uno de los factores que diferencian a una democracia madura de una que hace aguas —como la española—. ¿Cómo lo veis vosotros?

sábado, 23 de noviembre de 2013

Alemanes: curiosos seres sin vergüenza

Son numerosos los indicios que apuntan a que los alemanes no están dotados de un gran sentido de la vergüenza. Su clásico modelito de sandalias con calcetines es quizá el más obvio de ellos , pero también en otros órdenes de la vida es remarcable su ausencia de tapujos y remilgos.

Una de las primeras cosas que me saltó a la vista en su día fue lo (dolorosamente) directos que son a la hora de discutir e intercambiar impresiones. No se andan por las ramas. Sueltan su opinión a bocajarro y no reparan demasiado en hacerlo con mucho tacto. Una escena que presencié en el trabajo hace poco me lo ha recordado.

Todo vino porque gran parte de los trabajadores están de uñas con la directiva a causa de ciertas decisiones adoptadas por la compañía. En medio de este ambiente "bélico", tuvo lugar una reunión multitudinaria a la que acudimos todos —cosa frecuente en muchas empresas de aquí—. Tras las explicaciones del mandamás, se abre el turno de preguntas y toma la palabra un empleado raso. Pues, ¡vaya rapapolvo le echó el fulano al mismísimo presidente! Le cantó las cuarenta y todo lo que le pareció oportuno, a lo cual le siguió un gran aplauso de aprobación por parte del respetable. Y a continuación se sucedieron otras intervenciones del mismo corte. Personalmente yo nunca he visto esto en España. De hecho, mi experiencia ha sido siempre al contrario. He oído mucha protesta inútil por lo bajini pero, a la hora de la verdad, poca gente expone sus quejas a la cara. Asimismo, pocos jefes aceptan críticas con esa crudeza sin convertirlo en algo personal, y he de decir que lo encuentro muy positivo.

Cambiando de tema, otra situación curiosa es una que tiene que ver con las invitaciones. Me ha pasado ya en un par de ocasiones, que distintos amigos me invitan a su casa a cenar y, sin ningún reparo, me piden que lleve comida. Es decir, cada uno de los asistentes lleva algo y así no recae todo el gasto en los anfitriones. Incluso en uno de los casos se celebraba un cumpleaños y el homenajeado me dijo abiertamente que, en lugar de regalos, prefería una ensalada (¡!). Para mí es una costumbre francamente chocante, que no me imagino en España. Vamos, lo que yo conozco es justo al contrario: ¿que vienen 10 invitados? Pues nada, preparamos comida para 20 por lo menos... No hacerlo así sería una deshonra.

Tampoco existen miramientos con respecto a ofertas, promociones y vales descuento de diversos establecimientos. Por algún motivo, a muchos españoles les da vergüenza usar este tipo de cosas, como si los demás fueran a pensar que eso es ser cutre o algo así. Aquí nada de eso. Aprovechan hasta el último céntimo de la forma más natural del mundo, independientemente de su poder adquisitivo además. Y es que, nadie se ha hecho rico despilfarrando, ¿no?

Por último, otro aspecto en el que se constatan importantes diferencias es que, a pesar de ser gente muy fría, son mucho más desinhibidos en el tema de la desnudez. Curiosamente, no tienen demasiado pudor en este sentido, algo por contra tan arraigado en el carácter latino. Es bien conocido, por ejemplo, el hecho de que las saunas alemanas suelen ser mixtas, y hombres y mujeres se mezclan con total naturalidad. A mi no me gusta la sauna y por eso no he visitado ninguna. Sin embargo, sí me ha sucedido una situación algo cómica en un vestuario (masculino). Salgo de la ducha —en pelotas, claro está— y me encuentro a una chica de mantenimiento que iba a revisar las instalaciones. Pues allí estaba ella tan campante paseando entre pitos por doquier. Y diría que fui el único de los presentes al que le pareció extraño...

Esta ausencia de pudor se refleja también en las casas, siempre muy abiertas, cuyo interior es perfectamente visible desde fuera. Paseando junto a ellas puede verse todo lo que hacen dentro; una falta de privacidad que a mí me resultaría incómoda, la verdad. Sin embargo, ellos no tienen el menor problema con eso. En algún sitio leí que esta costumbre tiene que ver con la religión. Al parecer, se consideraba entre los protestantes como un signo de conciencia limpia, de no tener nada que ocultar. No sé si es por eso o no, pero lo cierto es que tengo una vecina que, en más de una ocasión, se ha cambiado en la misma ventana sin preocuparse mucho de que la vean... Y puedo confirmar que, en efecto, tiene poco que ocultar, sí señor...

domingo, 13 de octubre de 2013

Encuentra las 7 diferencias

Los cientos —o quizá miles— de ofertas de empleo que he analizado durante los últimos meses me han mostrado otra de las muchas y profundas diferencias entre la cultura española y la alemana. Es obvio que, los buenos modales, se tienen o no se tienen, y se demuestran en cualquier ámbito de la vida. Pero vamos al grano. A continuación expongo la estructura tipo de los anuncios de trabajo en cada país. ¿Conseguiréis detectar las diferencias? ;)



ANUNCIO TIPO EN ALEMANIA

El contenido suele ser bastante estándar e incluye siempre los apartados siguientes:
  • Presentación: Breve pero descriptiva introducción de la empresa. Como mínimo se cita el sector, productos y ámbito de aplicación, aunque no es extraño que se mencionen también algunas de las ventajas más atractivas para los empleados, así como su filosofía empresarial. 
  • Lugar de trabajo y denominación exacta del puesto. 
  • Responsabilidades: Descripción detallada de las principales tareas que conciernen al puesto, departamentos con los que se deberá interactuar, etc. 
  • Requisitos: Estudios y experiencia necesarios, así como idiomas u otros posibles requerimientos, todo ello ajustado al puesto, con un enfoque realista y sin sobredimensionar las exigencias. 
  • Observaciones: Modo en que han de ser enviadas las solicitudes (correo postal, correo electrónico, página web...) y documentos o datos que deben incluirse. 
  • Contacto: Animan a los interesados a presentar su solicitud y a preguntar cualquier duda que exista al respecto de la oferta. Para ello aparece siempre el nombre de la persona de contacto junto con su dirección, teléfono y/o correo eléctronico.
Una vez enviadas, en casi todos los casos, las solicitudes son recibidas, atendidas y respondidas con exquisita corrección y respeto hacia el aspirante, tanto si este sigue en el proceso como si no.

ANUNCIO TIPO EN ESPAÑA

En cualquiera de los portales de empleo españoles es habitual ver cosas como estas:
  • Descripción de la empresa: Se zanja con la manida expresión "empresa líder en su sector" —curiosamente siempre lo son—. Eso es todo. Nombre, actividad y productos brillan por su ausencia. 
  • Puesto vacante: En mi profesión se ha puesto de moda designar el cargo con la palabra 'técnico' en lugar de 'ingeniero' —una declaración de intenciones en toda regla, que ya anuncia la mierda que van a pagarte—.
  • Descripción del puesto: Aquí se imponen dos corrientes principales:
    • la minimalista, o sea, rellenar este campo con apenas tres palabras que nada explican sobre las tareas a realizar;
    • y la ecléctica, lo que viene a ser el chico para todo, vamos. Mezclan cosas del tipo "gestionar proyectos, dirigir equipos, tomar decisiones estratégicas, desarrollar el producto..." con otras como "manejar carretilla, operar grúa, recoger residuos, manipular herramientas..." —curiosa fusión de conceptos—.
  • Requisitos: Llega el desparrame. Por pedir que no quede. Titulaciones por doquier, años de experiencia y sólidos conocimientos de todas las disciplinas habidas y por haber. Nivel bilingüe de inglés, francés, alemán, italiano, portugués, chino mandarín y swahili, valorándose también esperanto y lengua élfica. Disponibilidad para viajar y para trabajar a turnos, noches, fines de semana, festivos y fiestas de guardar. Incorporación inmediata. Imprescindible residencia próxima al lugar de trabajo —me pregunto qué coño importará eso—. 
  • Tipo de contrato: "Otros contratos" —¿?—.
  • Salario: Y todo ello por el módico precio de... ¡900€ brutos al mes! genial, ¿a que sí?—.
Una vez enviadas, en casi todos los casos, las solicitudes son tratadas con la más vulgar zafiedad, desconsideración y falta de respeto hacia el aspirante, quien desconoce si la documentación remitida ha llegado a manos de alguien o se ha perdido en una dimensión paralela, tanto si sigue en el proceso como si no.


PD: ¿Aún creéis que solo políticos y banqueros son culpables de la situación del país? Señores, España la hacemos TODOS.

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lunes, 9 de septiembre de 2013

Individualismo: la soledad del fracaso

Decía Aristóteles que "el hombre es un ser social por naturaleza". Francamente, cuesta creerlo viendo el alarmante grado de individualismo que se ha instalado en la sociedad. Vivimos cada vez más encerrados en nosotros mismos. Los problemas o preocupaciones de otras personas nos resbalan, lo único que importa es lo nuestro. Hace ya tiempo que había constatado este hecho, y durante los últimos meses ha quedado patente en la soledad de mi fracaso.


Debo admitir que yo mismo soy bastante individualista en muchos aspectos. Sin embargo, una cosa es gozar de tu independencia personal y otra es que te importe un carajo todo aquello que no te afecte a ti directamente. Esa es la tendencia que se impone ahora: YO, YO y YO.

Esta pauta de comportamiento se percibe a muchos niveles:
  • Se percibe en el ámbito laboral, donde la competitividad es cada vez más feroz. Todos quieren demostrar que son mejores que el resto y obtener para sí el mayor beneficio posible. La competitividad es buena y necesaria en su justa medida, porque nos hace mejorar, pero llevada al extremo puede resultar absurda. En lugar de competir por todo, más nos convendría aprender a colaborar. 
  • Se percibe, por supuesto, en la sociedad, arrastrada por politicuchos de medio pelo que embaucan a las masas ignorantes. Todos quieren separarse de todos. Las comunidades del estado, las provincias de las comunidades, las ciudades de las provincias y los barrios de las ciudades. A este paso llegaremos a constituirnos cada uno de nosotros en un ente soberano independiente. Por cierto, hablando del tema, esos soplapollas que juegan a convocar referéndums de independencia equivocan la estrategia. Ya que no les dan permiso para votar si Cataluña se separa, yo les doy una idea: lo que tienen que hacer es celebrar el referéndum en el resto de España. Votemos nosotros si queremos que Cataluña sea parte de España o si preferimos mandarla a tomar por culo y que nos deje de tocar los huevos de una puta vez. A lo mejor se llevarían una sorpresa con los resultados. Y a ver luego cómo esconden esos vulgares chupópteros su patética gestión.
  • Finalmente, se percibe también, claro está, en las relaciones personales. Es decepcionante la facilidad con la que alguna gente se olvida de ti y prescinde de mantener el contacto escudándose en sus muchos e importantes quehaceres. Todo el mundo está siempre ocupadísimo pensando en SU trabajo, SUS vacaciones, SU casa, SU hijo, SU perro o SU canario, y pasa olímpicamente de los demás, incluso de los amigos.

Es este último punto el que me ha llevado a escribir la entrada de hoy. Durante todos estos meses he lamentado el nulo apoyo de personas que otrora fueron buenos amigos. Naturalmente, nadie está obligado a ayudarme, y mucho menos a resolver mis problemas, lo cual me compete a mí. No es eso lo que digo. Hablo simplemente de interesarse por la evolución de las cosas, de transmitir algo de ánimo y, si se tercia, de echar un pequeño cable a un amigo que pasa por una situación adversa.

Por otra parte, tampoco es nada nuevo. No viene motivado por las circunstancias, sino que me ha pasado constantemente con ciertas personas. Personas, por cierto, por las que yo sí me mojé en su momento, con las que yo sí me impliqué cuando tuvieron problemas y por las que incluso llegué a buscarme más de una complicación.

Da la impresión de que la gente solo sabe "comunicarse" a través de eso que llaman redes sociales —que para mí son todo lo contrario—. Yo no tengo cuenta en ninguna de esas redes —ni pienso, al menos para uso personal— por muchos motivos que no voy a enumerar aquí. ¿Significa eso que no es posible mantener el contacto? Por lo visto, para mucha gente sí. En la era de Internet, los correos electrónicos, los teléfonos móviles y demás, a menudo parece que estamos más incomunicados que nunca, viviendo dentro de nuestra burbuja personal. ¿Qué cuesta dedicar aunque solo sean 5-10 minutos una vez al mes? ¿Es tu vida tan jodidamente ocupada que no tienes ni siquiera ese tiempo para alguien que te importa? Eso es dejadez y falta de interés. Si no te "molestas" en hacer ni eso, no eres digno de llamarte AMIGO.

Desde luego, si así se actúa con los amigos, ¿qué cabe esperar con los desconocidos?

PD: a los que siguen a mi lado, les agradecezco el esfuerzo.

viernes, 30 de agosto de 2013

La destrucción como pasatiempo

Actuar correctamente incluso cuando nadie te ve. No es esta su definición oficial, pero así me gusta a mí describir lo que es el civismo —transformando ligeramente una célebre frase de Henry Ford—. Comoquiera que la definamos, es indudable que esa virtud —la carencia de ella— explica muchos porqués de nuestra situación actual. Ya lo mencioné en su día al explicar porqué España nunca será como Alemania, y no pasa un día sin que los hechos demuestren la clase de país que somos.
"Un país habrá llegado al máximo de su civismo cuando en él se puedan celebrar los partidos de fútbol sin árbitros."
- José Luis Coll -



El otro día, leyendo una entrada en el blog de Arabella —española afincada en el Reino Unido—, me vino de nuevo a la cabeza ese concepto de 'civismo'. El artículo hablaba de los objetos que están a la venta en la calle sin vigilancia alguna, con total confianza en que nadie se los llevará sin pagar. Cosas como esta nos causan gran sorpresa a los españoles —y latinos en general, me atrevo a añadir, lo cual es, sin duda, muy significativo. Con esa mentalidad, ¿quién puede extrañarse del número de ladrones que tenemos por metro cuadrado? Y es que todos llevamos dentro un pequeño ratero. Esos folios que te llevas de la oficina, ese medicamento que "trincas" con la cartilla del abuelo, esas facturas personales que te desgravas a través de una sociedad... ya sabes, lo típico.

Pero no solamente robando sabemos joder al prójimo. Que va. Tenemos un repertorio de lo más amplio y variado. Muchos de vosotros estaréis HASTA LOS HUEVOS, como yo, de ver mobiliario y espacios públicos destrozados, parques y jardines sembrados de mierda de perro o portales llenos de pintadas y meadas —cuando no cosas peores—. No hay que buscar muy a fondo para encontrar comportamientos incívicos.

En eso mismo pienso estos días al presenciar, como cada verano, la quema masiva de montes por parte de BASTARDOS HIJOS DE LA GRAN PUTA que destruyen nuestros recursos naturales y, de paso, atentan contra la vida de las personas. El ser un español en Alemania hace que la comparación entre ambos países me resulte siempre ineludible ante cualquier suceso. Sin haber estudiado el asunto, tenía la sensación de que aquí los incendios no son un problema tan grave. Pero para hablar con más rigor, decidí documentarme un poco. He aquí mis hallazgos:
  • En 2012 hubo en España cerca de 15.000 incendios, que quemaron prácticamente 200.000 ha (fuente: MAGRAMA). En ese mismo año se registraron en Alemania 701 incendios, y la superficie quemada fue de unas 270 ha (fuente: BLE). Es decir, en España se quemó una superficie 740 veces mayor que en Alemania. 
  • Claro, España es más grande y tiene más bosques, por lo que no sería justo comparar así a pelo. Por eso me informé sobre la proporción de masa forestal en ambos países. La superficie forestal de España supone más de la mitad del área total del país, mientras que en Alemania la relación no llega a un tercio. Además, España es un 40% más extensa que Alemania. Por tanto, nuestra superficie forestal total es 2,5 veces mayor (fuente: Eurostat). 
  • Conclusión: una superficie 2,5 veces mayor sufrió 740 veces más daños. O sea, que nuestro "índice de destrucción", por así llamarlo, fue 296 veces superior. Creo que el dato habla por sí solo.
Por otro lado, en un país tan propenso a estas agresiones caben muchas reflexiones al respecto. ¿Porqué no se pone al ejército en pleno a patrullar los montes para evitar los incendios? Enviarlos cuando la situación se va de las manos puede servir de ayuda, pero ahí el mal ya está hecho. ¿Porqué permanecen los montes en tal estado de abandono? ¿Porqué no se revalorizan y se les saca partido mediante una explotación sostenible que reporte beneficios económicos y ambientales? ¿Porqué países con mucha menos masa forestal que España sacan bastante más provecho de ella? ¿? ¿? ¿?

En fin, este es tan solo un ejemplo de los muchos que evidencian que, en España, se practica la destrucción como pasatiempo, con el inestimable "patrocinio" de nuestra justicia de pacotilla, claro está, que nada hace por meter en cintura a los delincuentes.

domingo, 18 de agosto de 2013

Repostar combustible

En Alemania, repostar no es algo que deba hacerse a la ligera. La práctica más extendida en España sigue siendo la de parar en la primera gasolinera que veas, sea la hora y el día que sea. Los que empleen ese método aquí están abocados al despilfarro. En una misma estación de servicio pueden verse tranquilamente diferencias de 10-15 céntimos/litro dependiendo del momento en que se llene el depósito. Por tanto, dejar el asunto en manos del azar puede aumentar el sufrimiento de nuestro bolsillo.


Los precios suelen seguir un esquema de comportamiento bastante regular casi todo el año, si bien hay épocas —principalmente fechas vacacionales— en las que puede romperse esa tónica. Excepciones aparte, hay dos reglas básicas que deben tenerse en cuenta para repostar de la forma más económica.

Mejor por la tarde

El combustible alcanza su precio más alto siempre a primera hora de la mañana, y va descendiendo progresivamente con el transcurso del día. A última hora de la tarde es cuando resulta más económico (hasta 10 céntimos/litro), justo antes del cierre de las gasolineras. Ojo, las que no cierran de noche vuelven a subir el precio al entrar en horario nocturno.

Fuente: observación propia y benzinpreis.de

Mejor a mitad de semana

El lunes suele ser el día más caro, presumiblemente debido a la mayor demanda —muchos hacen acopio de combustible para la semana—. En cambio, los días centrales de la semana suelen ser más propicios, sobre todo el miércoles.

Fuente: observación propia y benzinpreis.de

Otra pauta común que puede añadirse a estas dos reglas es que siempre resulta más caro repostar en autopista (4-8 céntimos/litro). Esto no es exclusivo de Alemania, pues es bien sabido que suele suceder lo mismo en otros países. En Francia, por ejemplo, se aprecian diferencias de hasta 15-20 céntimos/litro.

Como dije anteriormente, la tendencia puede modificarse a veces en función de la demanda. Por ello, pueden ser útiles páginas como benzinpreis.de (disponible en español), que actualizan constantemente estos y otros datos referentes al combustible.

En todo caso, siempre conviene analizar las particularidades de las gasolineras próximas, para localizar las más económicas en cada zona. Pueden encontrarse notables diferencias de precio entre establecimientos situados a poca distancia.

Y para terminar, dejo un par de recomendaciones relacionadas con el tema de hoy, para los que planeen escapadas por aquí.

Decir que los alemanes son poco amigos de la improvisación no es descubrir nada nuevo. Todo lo referido a movilidad está cuidadosamente estudiado. Si planean salidas, excursiones, desplazamientos o eventos lúdicos, quieren saber de antemano lo que encontrarán, tanto en el lugar de destino como en el camino hasta este. Aquello de "...al llegar allí ya veremos..." o "...ya decidiremos sobre la marcha...", tiene poca cabida normalmente. Por eso, establecimientos públicos y particulares informan con profusión sobre prácticamente todo lo que uno necesita saber antes de ir: horarios, precios, opciones, servicios, etc. Vale la pena aprovecharlo para elegir bien.
 
 
Otra cosa que también puede ser útil es consultar las obras —siempre numerosas— que habrá por la carretera a lo largo de la ruta. Esta información la ofrece con detalle la propia administración pública (como sucede por ejemplo en Baden-Württemberg), incluyendo el punto kilométrico exacto, duración, motivo de las mismas, etc. Un recurso interesante en un país permanentemente en obras, dicho sea de paso...

viernes, 12 de julio de 2013

Manual del inmigrante

Cuando uno llega a un país extranjero, es increíble la cantidad de cosas que lo dejan completamente fuera de juego por simple y absoluta ignorancia. El que más y el que menos se ha pasado un tiempo haciendo algo de modo incorrecto sin tener ni la menor idea, sencillamente porque nadie se lo advirtió. A veces los autóctonos dan por supuesto que todo el mundo sabe esas cosas pero, por desgracia, a los inmigrantes no nos entregan un manual de instrucciones a la entrada, así que vamos de sorpresa en sorpresa quedándonos a cuadros con nuestros hallazgos. Hoy quisiera citar algunas de esas cosas que se da por hecho que debes saber (de Alemania en mi caso), pero que nadie te dice cuando llegas y que vas descubriendo a base de investigar, de estrellarte o por pura casualidad.


La primera cosa de la que me percaté nada más cruzar la frontera —literalmente— fue que debía cambiar mi filosofía al conducir. Recuerdo mi estupefacción al observar una manada de ñus al volante compitiendo ferozmente por progresar en el carril izquierdo, mientras el derecho permanecía impoluto. La conducción aquí resulta estresante mientras no te adaptas, es casi una competición. Y no por las altas velocidades, sino por la agresividad de los movimientos. Se tarda algún tiempo en entender las reglas no escritas de la carretera...

Siguiendo con el tema automoción, también me asombró el tema del aparcamiento. Me costó asimilar que hubiese "trozos de calle privados", es decir, partes de la vía pública donde solo puede aparcar el dueño de la casa de al lado. Esto, unido a las innumerables restricciones existentes, llega a producir una verdadera psicosis cuando quieres aparcar el coche. Vas con la sensación de que todos los lugares están prohibidos —y así es en la mayoría de los casos.

Una de las cosas que descubrí por casualidad fue la pegatina medioambiental, tras un tiempo saltándome esta regla por desconocimiento —sin consecuencias para mi bolsillo, afortunadamente. Es una pegatina que debe colocarse en el parabrisas del coche y que indica, en una escala de 1 a 4, si contamina más (nivel 1) o menos (nivel 4). Según eso, la pegatina será verde (4), amarilla (3) o roja (2). A los de nivel 1 directamente ya no les dan pegatina son los apestados. La finalidad de esto es que, en determinadas zonas, no se permite la circulación a los vehículos más contaminantes, por lo que solo puedes entrar si llevas la pegatina adecuada.

Otro descubrimiento fue el diferente concepto de vivienda. Yo estaba acostumbrado al típico piso de ciudad en España, en un edificio de varias plantas. Aquí sin embargo es más habitual vivir en zonas residenciales de casas bajas (máximo dos alturas), unifamiliares o con pocos vecinos. Pero lo más sorprendente para mí fue ver que estaban completamente vacías. Y completamente significa justamente eso: cuatro paredes, sin muebles de ningún tipo, sin cocina e incluso sin cuarto de baño. Por no tener, no tienen ni bombillas. Me quedé atónito. Yo pretendía buscar una casa parcialmente amueblada para facilitar un poco mis inicios y, desde luego, tener baño y cocina es lo mínimo que esperaba. Pero resulta que aquí es normal mudarse con todo a cuestas, retrete incluido en algunos casos. En este sentido, el panorama que me encontré fue profundamente desalentador. Además, las mejores viviendas suelen estar en manos de agentes inmobiliarios que te cobran un dineral de comisión por acceder a ellas. Es muy muy complicado conseguir algo decente sin pagar comisiones. Por suerte, después de ver varias pocilgas, acabé encontrando un sitio bastante bueno, ¡con persianas y todo!

La siguiente sorpresa desagradable llegó al poco de instalarme. Una carta me informaba de la tasa que debía pagar por el simple hecho de poseer aparato de radio, televisor, ordenador o similar. Es lo que aquí se conoce como GEZ, un impuesto con el que financiamos los canales públicos del país. Esta fue una de las cosas que más me molestó acatar. De hecho, suscita una gran controversia también entre la población alemana.

Otro de los temas que más estupor me causó fue el de la basura. En España podemos tirarla en cualquier contenedor de la calle, ya que son públicos, y la recogen a diario. Aquí los contenedores son particulares, pertenecen al propietario de la casa, de modo que no puedes tirar tu basura en otro que no sea el tuyo. Aparte, hay unos días estipulados para la recogida de cada tipo de residuo que, según el caso, puede ser cada semana, cada dos semanas... Los contenedores se guardan fuera de la vista y, cuando toca recogida, debes andar listo para sacarlo del escondrijo a su hora o de lo contrario seguirás intimando con tu basura unos días más.

Relacionado con esto también conviene saber que, al comprar bebidas, se paga una fianza por la mayoría de los envases de plástico y vidrio. Este importe lo recuperas solo si devuelves las botellas en unas maquinitas que existen a tal efecto en los supermercados. Yo mandé alguna que otra a la basura mientras no me percaté del asunto... Luego entendí las caras de la gente al verlo...

En fin, existen montones de cosas más que podrían incluirse en ese hipotético manual para inmigrantes, pero os invito a que deis vuestro punto de vista y comentéis algunas, tanto de Alemania como de otros países. Sería interesante recopilar experiencias, a ver si alguien se anima a editar una guía de esas características... :)

viernes, 7 de junio de 2013

Autontomática

Los alemanes adoran todo lo automático. Tanto da que sea en el coche, en el trabajo, en casa o en cualquier otro contexto. Si algo funciona solo, les encanta. Puertas, grifos, secamanos, luces... En ningún otro sitio he visto jamás tantos cachivaches de todo tipo diseñados para realizar las funciones más inverosímiles, incluso aquellas para las que yo nunca pensé que pudiera existir una máquina. El catálogo es interminable, y toda la gente cuenta con un amplio surtido de esos artilugios. Son sus "juguetes".


Veréis, no pongo en duda que muchos de los aparatos que proliferan pueden ser útiles —aparte de curiosos, cuando menos—, pero personalmente encuentro excesiva esta manía por lo automático, que llega a alcanzar niveles absurdos de dependencia. Puede que yo sea un bicho raro, pero creo que el exceso de tecnología atrofia a las personas de forma innecesaria. Hay aparatos que son auténticos mataneuronas; nos vuelven más tontos. Perdemos la capacidad de hacer cosas increíblemente sencillas solo porque las hace una máquina. Puedo entender el uso de ciertos mecanismos que proporcionan mejor calidad de vida o facilitan tareas, especialmente en el caso de personas con alguna limitación. Pero una automatización desmedida hasta el disparate produce más molestias que bienestar, lo que representa una absoluta contradicción.

Entre los muchos ejemplos que se pueden citar, uno de los ámbitos más destacables de esta tendencia alemana es el del coche. Siendo como es para ellos una religión, no podía escapar a esta manía. Un caso que ya he mencionado es la dependencia que tienen del GPS, el cual considero muy útil en determinadas situaciones, pero no en todo momento por sistema. Luego está muy extendido el cambio automático, cosa que a mí nunca me ha gustado. Creo que resta gran parte del placer de conducir, aparte de consumir más. También es raro ver un coche que no venga equipado hasta los topes con todo cuanto sensor pueda existir: aparcamiento, puertas, ventanillas, luces, limpiaparabrisas... todo se activa solo. Coño, ¿cuesta tanto pulsar un botón con el dedo? ¡Digo yo que así la cosa ya es bastante simple! La verdad, encuentro escasa utilidad en gran parte de ese equipamiento. Total, la mayoría de las veces se enciende algo cuando no toca, o no lo hace cuando debe...

Sin embargo, no es ese el foco de mis iras y causante de esta entrada, sino algo que tengo en casa y que me saca de quicio. Una verdadera chatarra automática inútil.

Vaya por delante que tengo la suerte de contar con persianas en mis ventanas, avance "tecnológico" poco común por estas tierras. Es más, incluso tengo un toldo que me protege del sol abrumador que tan severamente nos castiga (¿se percibe la ironía?). Entonces claro, con tan espléndido equipamiento, el faraónico proyecto solo podía culminarse dotándolo de unos excelsos mecanismos automáticos.

Así, tanto las persianas como el toldo de marras, tienen un sistema automatizado de apertura y cierre que es casi tan inútil como exasperante. Puedes programar unas horas determinadas a las que abrir y cerrar cada una, así como el punto en el que se detienen. Pero aunque no lo programes, debes subir y bajar la persiana mediante los mismos botoncitos, lo cual requiere un tiempo muy superior al que tardaría con el tradicional tirón de cuerda. A esto hay que añadirle la cantidad de veces que se bloquea el puto mecanismo y no va ni para arriba ni para abajo. Entonces, jurando en hebreo, tengo que desmontarlo para poder mover una simple persiana, cosa que podría hacer con extrema sencillez y sin consumir gota de electricidad si no estuviera automatizada. Ah, y olvídate de persianas si hay un apagón, porque mientras dure se quedan muertas de risa. Ahí el azar decidirá. Si se quedan abiertas te joderás de noche y si se quedan cerradas te joderás de día.

Por si fuera poco, el toldo —como digo, tan necesario en Alemania aún presenta otro agravante adicional. Este se rige por la señal que le proveen un sensor de luz y un anemómetro. En función de la intensidad de luz y viento, el toldo se recoge o se extiende. Huelga decir que no lo he utilizado jamás y he tratado de desenchufar todo cuanto cable he podido, pues es otro consumidor parásito de electricidad hago hincapié porque aquí la luz cuesta un huevo y la yema del otro. Pero a pesar de todo, cuando varían las condiciones, sigue ejecutando repetidos amagos de movimiento que son de lo más molesto, por producirse acompañados de ruido y a cualquier hora del día o de la noche. Son incontables las veces que de nuevo jurando, esta vez en arameo he estado tentado de levantarme de la cama cuchillo en mano y ponerme a cortar cables como un psicópata.

¿Y todo esto para qué? ¿Para ahorrarme un gesto que me lleva exactamente tres segundos y me supone un esfuerzo insignificante? Pues oigan, les diré una cosa:

¡Métanse sus maquinitas por donde yo les diga!

viernes, 31 de mayo de 2013

¡Harto de la tolerancia!

Se deduce del título que hoy vengo caliente y voy a despacharme. Esto se aparta ligeramente del tema del blog —o puede que no tanto, pero por algún sitio tengo que explotar. ¡Y es que ya está bien, joder! Ya está bien de tanta desfachatez. Lo de nuestras leyes, nuestra justicia y nuestra tontería ya apesta. Que me tachen de tirano, de déspota radical o de lo que quieran, pero: 

¡¡TOLERAR LO INTOLERABLE NO ES TOLERANCIA!! ¡¡ES ESTUPIDEZ!!


La crónica de sucesos parece calcada día tras día. La misma infamia insoportable. Acabo de ver una de tantas. No es la primera ni será la última.

CASO A: Un hombre se acerca a otro —compañero suyo de trabajo— y, sin mediar palabra ni discusión alguna, le clava un cuchillo. No contento con eso, le clava un segundo cuchillo antes de tirarlo al mar con ambas armas todavía clavadas. La víctima sobrevive, milagrosamente. Gracias a eso, el agresor será juzgado únicamente por intento de asesinato. Con la mayor desvergüenza de la que un ser humano es capaz, el abogado defensor explica ante los periodistas que pedirá para su cliente la LIBRE ABSOLUCIÓN. Alega que su defendido está diagnosticado de una alteración psíquica, para la que toma medicación. Me encantará saber si opina lo mismo cuando le toque a él ser la víctima. O a su mujer. O a sus hijos. Porque, sí, señor letrado, a usted también le tocará antes o después. Tan solo es cuestión de tiempo. A todos nos tocará si nadie lo remedia.

CASO B: Desvalijan un bar en mitad de la noche. Para los propietarios ya ha dejado de ser noticia. Es la QUINTA vez que lo sufren en los últimos dos meses. Tanto es así, que los destrozos causados en el mobiliario son más cuantiosos que el dinero robado en metálico. El seguro les ha dicho que se vayan buscando otra compañía cuando venza el contrato, ya no quiere saber nada de ellos. Ante tal tesitura, probablemente tendrán que cerrar y buscarse la vida de otro modo, si es que lo hay. 

CASO C: Atracan a mano armada a una octogenaria que vive sola en un pequeño pueblo. Dos individuos —fijaos qué valientes le propinan una atroz paliza a la anciana para robarle la miserable pensión de la que malvive. ¡Coserlos el uno al otro por las pelotas con agujas de calcetar sería poco!

CASO D: Más de lo mismo. La víctima es una mujer de 50 años en silla de ruedas. Le roban tres bolsos que tenía en casa. Tres de los cinco individuos que participaron en el delito, se emplearon a fondo para "neutralizar" a la inválida señoragolpeándola con una barra de hierro.

CASO E: Vehículo siembra el pánico a más de 150 km/h por una ciudad. Invade repetidamente el carril contrario y obliga a otros coches a salirse de la calzada para evitar la colisión. La policía solo puede darle el alto. Por nada del mundo tienen permitido emplear medios más contundentes —sería una muestra de fascismo total—, a pesar de que el conductor asesino pone en riesgo la vida de muchas personas. Cuando le echan el guante comprueban que va borracho y sin carné, aparte de acumular unas ¡100! denuncias anteriores de tráfico. Bien. Pues ya tiene 101. Ahora a por la próxima. Este también matará a alguien antes o después. Falta saber a quién. ¿A ti? ¿A mí? ¿?

Etc, etc, etc... Podría seguir enumerando hasta aburrirme.

Toda esta mierda ocurre CADA DÍA en España. Y todos los casos tienen un denominador común. Los delincuentes, en caso de que los cojan, entran por una puerta de la comisaría y salen por otra. En 48 horas, esa basura humana está de nuevo en la calle para seguir delinquiendo a sus anchas. Pero es que la alternativa es casi peor. Si llegan a meterlos en la cárcel, acumulan condena tras condena toda su vida. Allí les damos de comer y de beber, y una cama donde dormir a pierna suelta. Así hasta que salen y cobran, cómo no, los correspondientes subsidios. No vaya a ser que se sientan discriminados por la insensible sociedad. A partir de 6 meses de cárcel, perciben entre 6 y 18 meses de subsidio. ¡Hala, a vivir y seguir dando palos!

Y ojo. Que no se te ocurra defenderte de uno que entra a TU casa con la intención de darte una paliza a ti y a tu familia. ¡Entonces te vas tú a la cárcel! No no. Debes esperar a que él te dispare y, cuando estés herido de muerte, solo ahí, tienes quizá derecho a pedirle, por favor, que deponga su actitud o te verás obligado a afearle la conducta.

¡Venga-a-tomar-por-culo-ya!

Autoridad y MANO DURA de una vez, eso es lo que hace falta.

Mientras nadie le pare los pies a esos inmundos sacos de mierda, seguiremos viendo casos iguales todos los días. Mientras políticos, jueces, policía y sociedad en general no se atrevan a poner los huevos encima de la mesa y decir "ESTO SE ACABÓ", España seguirá siendo un paraíso para toda esa pléyade de atracadores, asesinos, violadores, estafadores y criminales varios que se regodean en la impunidad de sus despreciables actos.

Lo mismo puede decirse de otros delitos más mediáticos. ¿Para qué se representa un patético sainete en el que se juzga a cierta folclórica archiconocida? ¿Para imponerle una condena que no va a cumplir por tratarse de su primer delito? ¿O sea que a todos nos corresponde por ley un delito "gratis", sin pagar por ello? Pero, ¿qué broma es esta? ¡Ah! Y luego seguimos demostrando nuestra inteligencia contratando a la misma elementa que nos robó para nuevos bolos pagados con más dinero público. Sí que nos repugna la corrupción... sí.

Sin embargo, no son esos casos de portada los más indignantes. Para mí son más flagrantes los que comenté antes, porque atentan contra los derechos más básicos de las personas.

La seguridad ciudadana es peor que nunca. La gente de bien ya no puede pasear por la calle ni sentirse segura en casa o en el trabajo sin temer que la asalten, la agredan, la amenacen o la intimiden, porque tiene menos derechos que los criminales. ¿Quién puede extrañarse entonces de que haya cada vez más? Camorristas y maleantes de medio mundo saben de las ventajas que les ofrece un país como el nuestro, así que acuden en masa para unirse a los autóctonos —ya de por sí abundantes— y perpetrar todas las fechorías imaginables. Siempre cuentan con algún atenuante legal al que acogerse para esquivar o reducir sus penas: enajenación, ser menor, ir bebido, ir drogado... Pero, ¿en qué cabeza cabe? ¿Consumir alcohol y drogas un atenuante? ¡En todo caso será un agravante! ¿O acaso le han obligado a tomarlas? Es que tiene cojones. Lo que está diciendo la ley es: "Eh, cuando vayáis a cometer el crimen no os olvidéis de colocaros antes hasta las cejas, que tiene premio."

Si otros países tienen menos delincuencia no es solo porque sean más civilizados, sino porque tienen más miedo a las consecuencias. Las autoridades no se andan con chorradas, así que muchos se lo piensan dos veces antes de hacer cualquier tropelía.

Hoy por hoy, en España sale más a cuenta ser DELINCUENTE.

¡¡¡Y NO HAY DERECHO!!!
"El mundo es un lugar peligroso; no por las personas que hacen el mal, sino por las que no hacen nada al respecto."
- Albert Einstein -