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jueves, 20 de junio de 2013

¿Para qué sirve Europa?

Desde que se creó este invento de la Unión Europea nos han vendido las ventajas que tiene para todos nosotros. Cuando empezamos a oír hablar de ello, allá por los 80, sonaba casi a ciencia ficción. ¡Pasar de un país a otro sin fronteras! Resultaba intrigante, enigmático y hasta exótico. Pero pronto nos acostumbramos. Más tarde llegó la moneda única, que parecía igual de extravagante. Del mismo modo, se fueron incorporando tratados, acuerdos, leyes y normativas diversas, que se supone deben facilitarnos la vida y simplificarnos las cosas. Pero tras todos estos años de conversiones, adaptaciones y cambios, uno sale de su país y se encuentra con una serie de obstáculos que le hacen preguntarse: ¿para qué sirve realmente este tinglado?


De entrada, una de las primeras cosas que se deben afrontar al llegar a otro país es abrir una cuenta bancaria. A pesar de la unidad monetaria y del mercado común, uno no puede seguir operando solo con su banco de antes.

Si te vas al extranjero de vacaciones, tu atención médica está cubierta con la tarjeta sanitaria europea, pero si trasladas tu residencia ya necesitas un nuevo seguro de salud. Los convenios existentes en cuanto a atención médica o pensiones no impiden que debas cambiar de seguridad social.

Naturalmente, llegará el inexorable momento de rendir cuentas a Hacienda, claro está. Por eso, necesitas también tu nuevo número de identificación fiscal. Los acuerdos transfronterizos en este sentido no te librarán de un jaleo morrocotudo cuando llegue la temida declaración. Haber residido en un año fiscal en dos países, las distintas normativas de cada uno o poseer bienes en el extranjero suelen complicar las cosas sobremanera.

En el plano académico y laboral también podemos toparnos con algunas trabas. Son conocidas las posibilidades que se ofrecen para la movilidad estudiantil, pero sin embargo esto choca con la disparidad de sistemas educativos. No siempre se reconocen por igual titulaciones obtenidas en países diferentes, lo que puede representar un agravio comparativo en determinadas situaciones.

Otro caso ya comentado es el tema del paro. Existen regulaciones comunitarias que nos permiten exportar prestaciones e ir a buscar trabajo en otro país. No obstante, es un derecho limitado, porque no puedes trasladarlo en su totalidad. Por otro lado, se reconocen cotizaciones realizadas en países ajenos, pero deben acreditarse mediante documentos expedidos por aquellos. Si hay administración común para unos trámites, ¿porqué no para otros?

Y como último ejemplo puedo citar lo que ocurre con el tránsito de vehículos, tema ciertamente sangrante del que volveré a hablar en unos días. Resulta que con tu coche puedes circular por toda Europa, tengas la matrícula que tengas, y basta con llevar la carta verde del seguro para cubrir cualquier eventualidad. Pero si te lo llevas al fijar tu residencia en el extranjero, ah, ahí ya no puedes mantener la matrícula original; tienes que cambiarla por una del país de destino, lo que normalmente implica también cambiar de seguro. O sea, una auténtica coña marinera que conlleva múltiples trastornos: alta en el extranjero, baja en tu país, inspección técnica y otros papeleos diversos. Y todo ello con sus tasas y costes correspondientes, ¡cómo no!

¡Ah! Y no olvidemos la guinda del pastel. Por si todo esto era poco, cuando decidas volverte a tu país debes deshacer punto por punto todo lo que has hecho a la ida. Si no querías caldo, toma dos tazas. Gastos y trastornos por duplicado. Si es que cuando se trata de sacarnos la pasta se lo montan de miedo...

Lo que está claro, a mi modo de ver, es que todos los ejemplos citados muestran una falta de coordinación administrativa —quizá deliberada—. Por eso, cuando yo me hago la pregunta de para qué sirve Europa, suelo llegar a la misma respuesta: a mí solo me sirve para no tener que cambiar mi dinero y para no parar en las aduanas. No voy a negar que son comodidades, pero me parece escaso botín para el alto precio que nos cuesta. Da la sensación de que la Unión Europea es solo una unión a medias. Y tal como están las cosas, ya veremos cuánto dura esto...

martes, 14 de mayo de 2013

El paro en Alemania

He pensado que quizá a más gente le interese saber cómo funciona esto del paro aquí en Alemania. Por eso, voy a dedicar esta entrada a explicar las principales cuestiones en relación a ello. Principalmente voy a considerar que el desempleo se origina tras haber trabajado aquí. Ya he dicho que no es nada recomendable venir de otro modo.


Supongamos que estás trabajando en Alemania y te vas a quedar en paro. Tu primera obligación es inscribirte como demandante de empleo inmediatamente. Si tu contrato es de duración determinada, debes realizar la inscripción TRES MESES antes de la fecha efectiva en que termina. Si tu contrato es indefinido, tendrás acordado un periodo de preaviso en caso de rescisión del mismo. Es habitual que este periodo sea de 3 meses, por lo que, en ese caso, deberías inscribirte nada más conocer tu despido (tienes 3 días). En cualquier caso, si el despido te fuese comunicado con un preaviso menor de 3 meses, tienes la obligación de inscribirte como demandante de empleo en los TRES DÍAS siguientes. No cumplir esta norma acarrea penalizaciones (suspensión de una semana) en caso de tener derecho al cobro de prestaciones.

Quiero recalcar que lo anterior es solo una inscripción como demandante de empleo, no te da derecho a ninguna prestación. Simplemente le comunicas a la agencia de empleo que te vas a quedar o te has quedado en paro. Esa inscripción debe hacerse personalmente, pero no necesariamente acudiendo a la oficina del paro. Puede hacerse también por teléfono (01801-555111) o por internet (registrándose aquí). De este modo concertarán una cita contigo para que acudas a la oficina, lo que te evitará esperas. En caso de despidos masivos (como fue el mío), la empresa puede pedir a la agencia de empleo que desplace a algún funcionario para inscribir a todos los afectados en la propia compañía. Debido a la regla de los tres días ya mencionada, es más fácil desplazar a dos o tres funcionarios al lugar del "crimen" que mandar a las decenas de despedidos a colapsar la oficina del paro. 

Bueno, ya estás inscrito como demandante de empleo.

Ahora, si la empresa es medianamente grande, lo habitual es que te liberen de ir a trabajar en lo que resta de contrato (práctica conocida como 'gardening leave' en el mundo anglosajón). Esto se estila mucho en cierto tipo de empresas, para protegerse de las posibles "represalias" de los empleados y también como parte de su imagen de magnanimidad. Por cierto, si tienes un contrato indefinido te preguntarás cuál es la indemnización por despido. La respuesta es: ninguna. Si los 20 días por año de la reforma laboral española te parecen pocos... esto es lo que aún está por venir. En Alemania no se estipula por ley ninguna cantidad. Menos mal que, de nuevo, la magnanimidad impulsa a las empresas a ofrecer, motu proprio, una módica cantidad como indemnización. La regla no escrita en ese sentido suele ser de 15 DÍAS por año trabajado. Si te sabe a poco, estás en tu derecho de rechazarlo e ir a juicio. 

Bien. Mientras dure tu búsqueda de empleo te mantendrás en contacto con la agencia. Unas semanas después de la inscripción te volverán a citar para una entrevista con tu asesor personal (el no acudir a estas citas injustificadamente acarrea penalización). Se trata de ver qué planes tienes, qué opciones ofrece el mercado, etc. Probablemente salgas de esa reunión ya con dos o tres ofertas a las que apuntarte. Luego, seguirás recibiendo periódicamente propuestas de la agencia para apuntarte a nuevas ofertas que se ajusten a tu perfil (más o menos). Deberás solicitar esos trabajos que te proponen y comunicarle a la agencia el resultado del proceso. No hacerlo acarrea penalización. Si tuvieses motivos para no querer solicitar alguna de las propuestas debes comunicarlo también, pero hay que justificar que existen razones de peso (no cumplir los requisitos, razones de salud, etc; el no apetecerte no vale como razón de peso).

Después, si llega el día en que concluye efectivamente tu contrato y aún no has encontrado trabajo, te conviertes oficialmente en desempleado. En caso de que te corresponda una prestación es ahora cuando debes solicitarla. Debes pedir cita de nuevo en la agencia para entregar toda la documentación necesaria, a saber: formulario a rellenar (te lo dan ellos), pasaporte, tarjeta de impuestos, carta de despido y certificado de empresa.

Por regla general, te corresponde prestación si has cotizado al menos 12 meses en los últimos 2 años. De no ser el caso, debes cumplir otras condiciones especiales (puedes consultarlas en los enlaces que incluyo al final). Recuerda que es fundamental hacerse siempre con el formulario PD U1 antes de cualquier traslado entre estados de la Unión. Dicho documento es expedido por el servicio de empleo de cada país y acredita tus periodos de cotización para ser reconocidos legalmente en el resto de la UE.

La duración de la prestación es en relación de 2 a 1, es decir, por 12 meses cotizados te corresponden 6 meses de paro, por 16 te corresponden 8, por 20 te corresponden 10, etc. La duración máxima para menores de 50 años es de 12 meses, para menores de 55 es de 15 meses, para menores de 58 es de 18 meses y, a partir de 58 años, el máximo es de 24 meses.

¿Cuánto vas a cobrar de paro? Para calcularlo se consideran las cotizaciones del año previo al nacimiento del derecho. Este es el procedimiento: Se suman los salarios de los últimos 12 meses (en bruto y sin incluir complementos) y se divide el total por 365 días. Ese es el salario medio diario bruto, que sirve de base para obtener la cuantía final. El 60% (sin hijos) o el 67% (con hijos) de esa cifra es lo que te corresponde de paro (bruto). A continuación, de este "paro bruto" se procede a descontar el 21% como cuota de seguridad social y también los correspondientes impuestos (otro 14% como poco). La clase impositiva a la que pertenezcas tendrá por tanto gran influencia, ya que el % de retenciones varía según la clase. Por último, lo que resulte tras estos descuentos es tu prestación neta diaria, que se multiplica por 30 para saber lo que cobrarás neto mensualmente. Esa cantidad te será abonada en cuenta a finales de cada mes.

Volviendo al capítulo de derechos y obligaciones, debes saber que la lejanía de un trabajo a tu domicilio no es motivo para rechazarlo. Puedes establecer un área geográfica de preferencia y la agencia te propondrá ofertas en esa zona, pero el radio puede estar en torno a 50-100km. Tú eliges si conducir esa distancia a diario o mudarte de casa. Además, si llegas a recibir una oferta firme en la otra punta del país, la distancia por sí misma no sirve de excusa. Rechazarla sin más motivo acarrea suspensión, y de las gordas: 3 semanas la primera vez, 6 semanas la segunda y 12 semanas la tercera.

Acumular 21 semanas de suspensión implica la pérdida definitiva de la prestación, por lo que esa sería la consecuencia de rechazar tres ofertas sin motivo.

Mientras estés desempleado, debes acreditar ante la agencia que pones todos tus esfuerzos en encontrar un trabajo. Pueden pedirte que se lo demuestres, por ejemplo enseñándoles tus solicitudes y las respuestas obtenidas. No acreditar tales gestiones acarrea —cómo no— una suspensión de 2 semanas.

El hecho de que te ofrezcan un trabajo peor pagado que el anterior tampoco te permite rechazarlo, dentro de ciertos límites. En los tres primeros meses de paro debes aceptar trabajos con un sueldo hasta un 20% inferior al que tenías. Del 4º al 7º mes debes aceptar hasta un 30% menos. A partir ahí, ya solo puedes rechazar aquel trabajo en el que te paguen menos que lo que cobras de paro. De lo contrario, a ver si adivinas... ¡Exacto! Acarrea penalización.

Recuerda que TODO lo que hagas debes ponerlo en conocimiento de la agencia inmediatamente. Si consigues un nuevo trabajo, si estás incapacitado para trabajar, si te pones a estudiar, si cambias de piso, si cambia tu estado civil o tu clase impositiva... TODO. Entre tus muchas obligaciones se encuentran algunas bastante curiosas. Se especifica por ejemplo que debes comprobar al menos una vez al día tu buzón y estar localizable todos los días laborables, ya que pueden requerirte en cualquier momento. También puedes olvidarte de viajes y vacaciones. No está permitido ausentarse del domicilio sin el permiso de la agencia; mucho menos salir del país. Si necesitas ausentarte por algún motivo (de peso) debes comunicarlo y esperar que te concedan el permiso. Por supuesto, nadie te va a colocar un chip de seguimiento, puedes hacerte el avión, pero si algo pasa y se enteran... creo que ya sabes lo que acarrea, ¿verdad? ¡Suspensión al canto! Eso sí, tienes derecho a unas vacaciones de hasta 3 semanas durante las que sigues cobrando el paro, siempre previa petición a la agencia, claro. Si lo deseas puedes alargarlas hasta 6 semanas, pero durante esas 3 adicionales no cobras.

Y ya para acabar hablaré un poco de normativa comunitaria, especialmente de la llamada exportación del paro, algo muy interesante para los que somos emigrantes.

Una prestación por desempleo puede ser exportada de un país (A) a otro (B) solicitando el formulario PD U2. Para hacer uso de este derecho deben quedarte al menos 3 meses de prestación por percibir. El periodo máximo por el que se puede solicitar son TRES MESES (aunque te quede más tiempo de paro). En teoría, ese periodo podría prolongarse hasta 6 meses en circunstancias especiales. En la práctica, no es fácil obtener la prórroga (necesitas demostrar que te van a ofrecer un trabajo de forma inminente en el país B).

Cuando llegas al país B, debes inscribirte en su servicio de empleo en el plazo de UNA SEMANA. Si te retrasas pierdes el derecho al cobro de tantos días como hayan transcurrido desde el traslado hasta el registro efectivo (o sea, 1 semana más los días que te retrases). Durante el tiempo que dura la exportación, estás a disposición del servicio de empleo del país B, pero te paga el país A.

Agotado el periodo de exportación, si no has encontrado trabajo, puedes optar por dos cosas: quedarte en el país B ya sin cobrar o regresar al país A. En este segundo caso, seguirás percibiendo lo que te reste de prestación (si lo hubiese) hasta el final de la misma. Sin embargo, si decides permanecer en el país B, desaparece todo el derecho a paro que te quedase acumulado. 

En fin, creo que estas son las cosas más relevantes a tener en cuenta. Toda la información aquí descrita se encuentra mucho más desarrollada en el portal de la agencia alemana para el empleo. También puedes consultar este útil documento (en español), que resume lo más importante de la legislación alemana en materia de desempleo. Adicionalmente, puedes preguntar si tienes alguna duda. Intentaré responder lo que sepa.

PD: Quiero señalar que todo lo expuesto se refiere a prestación por desempleo, no a subsidio por desempleo. Este último entraría en el nivel asistencial tras agotar la primera. Caso de tener derecho a él, te cubre las necesidades básicas por tiempo ilimitado pero te obliga a aceptar CUALQUIER trabajo, sin restricciones.

viernes, 26 de abril de 2013

Emigrar no es la solución

Hace unas cuantas entradas ya dejé caer que los acontecimientos ocurridos han cambiado notablemente mis puntos de vista sobre determinados asuntos. Con la perspectiva que dan el tiempo y las experiencias vividas, ya no creo que emigrar sea la mejor solución de futuro, ni la decisión más valiente. Y haber fallado en mi intento no es el motivo para cambiar de idea, hubiese llegado a la misma conclusión antes o después. El fracaso solo me ha abierto los ojos más deprisa.
"Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo."
- Albert Einstein -


En el pasado, los nuestros han salido de España en momentos en que estaba más que justificado. Era una obligación si no querías morirte de hambre. Pero creo que la emigración de hoy en día es muy diferente. La sociedad actual es cada vez más egoísta y ambiciosa. No nos conformamos con nada, todo lo que tenemos es poco, siempre queremos más y lo queremos cuanto antes. Por eso nos vamos buscando reconocimiento, prestigio, plan de carrera, ganar más dinero... con la justificación de que en nuestro país no hay nada decente.

Por supuesto, no solo es legítimo sino comprensible también. Lo que yo me pregunto es, ¿qué pasaría si todo ese talento exportado lo aprovechásemos nosotros mismos? ¿Habéis pensado en el futuro que tiene un país como España, en el que más de la mitad de los jóvenes no tiene trabajo y el resto decide largarse? La respuesta es obvia: ninguno.

Los que hemos optado por irnos hemos oído a menudo cosas del tipo: "¡qué huevos tienes!" o "¡hay que tenerlos cuadrados!".

No estoy de acuerdo.

Valiente es el que se queda en su pueblo peleando día tras día para sacar adelante un pequeño negocio, con más pena que gloria, acuciado por la crisis y pisoteado por la dictadura infame de un sistema financiero que goza del mecenazgo político. Yo creo que lo más fácil en una situación como esta es abandonar el barco, no quedarse.

Sin embargo, si cuando vienen mal dadas nos marchamos a las primeras de cambio, nos estamos haciendo un flaco favor a la larga. Si todo nuestro talento se pone al servicio de otros, serán siempre otros los que se beneficien, mientras que nuestro país seguirá sumiéndose en su propia inmundicia. Así jamás tendremos la opción de cambiar nuestra realidad, no llegará el día en que tengamos alternativas decentes para quedarnos en vez de emigrar. No basta con protestar y pedir un país digno al que regresar. Si es eso lo que queremos de verdad, tenemos que luchar por ello, no largarnos dejando el camino expedito a los gusanos que lo destruyen.

ESE CAMBIO DEBEMOS HACERLO NOSOTROS. Nadie más lo hará. En lugar de salir corriendo a trabajar para empresas foráneas que nos saquen de un país sin futuro, tenemos que luchar por un futuro en nuestro país. Necesitamos crear valor añadido, atrevernos a hacer cosas que aporten riqueza a largo plazo, que sean soluciones de futuro y no parches temporales, no agarrarnos a la primera anodina oposición que aparezca solo movidos por el afán de lograr una plaza de por vida, apartarnos de actividades especulativas y facilonas que solo llenan los bolsillos ya rebosantes de unos pocos, renunciar a ser un simple país de bares, turismo y servicios... Toda esa mierda ha demostrado ser pan para hoy y hambre para mañana. Puede que a ti te resuelvan la vida por un periodo de tiempo, pero tus hijos volverán a verse obligados a emigrar y a alejarse de sus raíces.

Conocimiento y esfuerzo. Ese es el único camino.

El que aún no haya abierto los ojos que le eche un vistazo a los datos de desempleo. Las zonas de turismo y ladrillo rondan o superan con creces el 30% de paro, en contraposición a las que viven de industria y tecnología. Hace tiempo que el País Vasco es el ejemplo más evidente de esto, un modelo a seguir para toda España con su tejido industrial y su dedicación al I+D.

Para revertir la situación debemos, en primer lugar, formarnos. Formarnos muy bien, desde muy pronto, como hacen en los países avanzados. Y sí, parte de esa formación debería hacerse en el extranjero durante un tiempo. Todos deberíamos hacerlo a modo de aprendizaje, para abrir nuestra mente y adquirir nuevas ideas. Pero solo temporalmente. Tendríamos que absorber lo mejor de esos sitios y luego volver para aplicarlo en nuestros lugares de origen. Eso nos haría crecer. El problema es que ahora lo hacemos justo al contrario. Trasladamos todo nuestro potencial al extranjero, donde son otros quienes lo aprovechan. Así se retroalimenta este círculo vicioso. 

Luego, una vez formados (aunque ese debe ser un proceso sin fin), debemos poner en práctica lo que sabemos. Pero no solamente dando lo mejor de uno mismo para terceros, sino también creando recursos por cuenta propia. Debemos cooperar, asociarnos y complementarnos para sacar adelante proyectos que rompan esta tendencia y generen valor. Así convertiríamos el círculo en virtuoso.

Es evidente que la paupérrima legislación existente no ayuda nada, pero creo que nos falta iniciativa y cultura de emprendimiento. La tendencia ha ido cambiando en los últimos años (más por necesidad que por convicción) pero, en general, cuando el empleo escasea cerca nos vamos lejos a buscarlo. Preferimos desplazarnos para seguir trabajando por cuenta ajena que quedarnos e intentar levantar algo propio. Nos resulta más cómodo trabajar para otros y que sean ellos los que se rompan la cabeza. Pensamos incluso que es una opción "más segura" que arriesgarse a montar un negocio, aunque no siempre es así.

No pretendo ir de listillo, yo soy tan culpable como el que más. Pero, una vez abiertos los ojos, no voy a resignarme sin pelear. Y cada uno pelea como puede. Las movilizaciones son una manera de hacerlo, pero hay otras que pueden ser efectivas, aun siendo más silenciosas. Por eso espero volver tan pronto me sea posible y poner mi granito de arena para cambiar la situación actual. Puede que acierte o puede que no, pero estaré infinitamente más orgulloso y satisfecho de lo poco o mucho que haga, porque lo estaré haciendo con los míos y para los míos. Y eso para mí vale más que el dinero y el plan de carrera.
"En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada."
- Franklin D. Roosevelt -

miércoles, 27 de marzo de 2013

¿Y ahora qué?

Un día llegas al trabajo y te llaman a una habitación. Te explican que la empresa pasa por dificultades que le obligan a tomar decisiones drásticas y, antes de que te des cuenta, estás recogiendo tus cosas del lugar de trabajo y saliendo de allí para no volver. Estás despedido. ¿Y ahora qué?



Esta pregunta ya es difícil de responder ante tal situación estando en tu tierra. Pero si además resulta que estás en otro país, las preocupaciones que te asaltan sobre tu futuro hacen que tu vida se parezca de repente a un túnel sin salida. Desconoces las leyes, los procedimientos y hasta tus derechos básicos, y encima no puedes expresarte plenamente a causa del idioma. Una experiencia francamente desagradable, la verdad.

Cuando eso ocurrió, empecé a buscar soluciones y a hacerme infinidad de preguntas. Por ejemplo, de repente debía replantearme mi lugar de residencia: "¿Me quedo en Alemania? ¿Me vuelvo a España? ¿Huyo hacia adelante y pruebo en otro país?" Estas cuestiones en particular se fueron respondiendo solas a medida que recogía información por el camino. Es de lo que hablaré a continuación. Otras muchas, sin embargo, aún siguen sin respuesta.

Personalmente, mi decepción fue de tal magnitud que me hizo perder las ganas de seguir dando tumbos por el mundo. No podía quitarme de la cabeza un pensamiento: tanto sacrificio para terminar así; para eso es mejor estar en mi casa. Si hubiese tenido una varita mágica que me permitiese hacer lo que quisiera, yo hubiera vuelto a casa inmediatamente tras el despido. Es verdad que luego he ido relativizándolo un poco, pero la enorme decepción no se borrará nunca. Hasta tal punto es así, que muchos de mis puntos de vista han cambiado.

Si miro atrás me asombro al pensar con qué decisión me lancé a la emigración. A veces creo que debía estar loco para elegir este camino, pero no me asustaba y estaba convencido de que quería hacerlo. Ahora en cambio, con todo lo ocurrido, esas ganas han desaparecido, y he dejado de pensar que la mejor forma de mejorar es irse a otro país (puede que en otra entrada desarrolle el porqué).

En cualquier caso, pese a mis muchas meditaciones y deseos, es la realidad la que de momento se encarga de decidir por mí.

En primer lugar, la búsqueda de trabajo en ciertos países se trunca de nuevo a causa de sus respectivos idiomas (una lección que ya aprendí). A esto se suma el hecho de que no estoy muy por la labor de volver a empezar de cero. Después de haber superado ya aquí las dificultades iniciales y conseguir adaptarme... sería como en el parchís volver a la casilla de salida cuando llevas todo el tablero recorrido. No pensaba así hace unos meses, cuando seguía atraído por conocer otros países. Pero como digo, ahora mis prioridades han cambiado.

En segundo lugar, lo de encontrar trabajo en España ya sabemos cómo está. Desde el primer momento tuve que resignarme en este sentido. Salvo milagro improbable, es una utopía volver ahora.

Por tanto, parece que la opción de permanecer en Alemania es la más adecuada. Y en efecto, así es. Tiene que serlo a co..nes, porque es la única. No sólo por eliminación, sino también por motivos legales derivados de la normativa europea en materia de desempleo.

Me explico.

Simplificando mucho para no aburrir: los periodos trabajados en cualquier país de la unión se computan para calcular cuánto tiempo de paro te corresponde (para lo cual se necesita el formulario europeo PD U1; no entraré en eso ahora, si alguien tiene interés no tengo inconveniente en contestar preguntas). Pero tienes derecho a percibir la prestación en el país donde nació tal derecho. En mi caso, Alemania (que es donde me quedé en paro), no España (a pesar de que allí haya cotizado más años).

Eso por un lado está bien, porque obviamente la prestación es de mayor cuantía en Alemania. Pero por otro lado no tanto, porque la prestación dura menos tiempo (en mis condiciones, la mitad, para ser exactos).

La consecuencia es que, si quisiera volver a España ahora, tendría que hacerlo con una mano delante y otra detrás, puesto que trabajo no hay y allí no tengo derecho a paro, lo que sería una verdadera locura. De ahí que quedarme en Alemania sea mi única opción razonable de momento.

Es cierto, como muchos sabréis, que la legislación europea permite exportar la prestación por desempleo entre países de la unión (formulario PD U2). Pero tan solo puedes "llevarte" tres meses, tengas el tiempo que tengas. Es decir, si te queda por ejemplo un año entero de paro y solicitas su exportación a otro país, te conceden tres de esos doce meses. Una vez transcurridos esos tres meses, si sigues en paro y no vuelves al país de origen, el resto lo pierdes definitivamente.

Así pues, todavía no es una opción para mí. Ese tiempo lo consumiría prácticamente ya sólo en mudarme. Hoy por hoy, sólo puedo plantearme volver a España si tengo trabajo, lo cual es sinónimo de decir que no puedo volver.

Lo peor de este galimatías legal es que también obstaculiza otra de las vías para intentar salir adelante: crear mi propia empresa. Dado que no tengo derecho a paro en España, no puedo acogerme a la famosa capitalización del mismo ni a ninguna otra de las supuestas ventajas que anuncian para emprendedores. A no ser, claro está, que me la juegue y haga un salto mortal sin red (todo llegará...).

En conclusión, quiera o no quiera, estoy atrapado aquí. Todo lo que puedo hacer por ahora es seguir buscando trabajo. Si en los próximos meses consigo encontrarlo, pues bien. Si por el contrario no es así y nada cambia, mi condición de emigrante tiene ya fecha de caducidad, y ésta coincide con la de mi derecho a percibir paro. A partir de ahí me convertiré en un emigrante retornado prematuro. Siguiendo mis propios consejos, me niego a permanecer aquí careciendo de ingresos, aunque ello suponga volver a casa derrotado y con el rabo entre las piernas.

Veremos lo que depara el futuro inmediato.

viernes, 22 de marzo de 2013

3 "consejos" para fracasar en Alemania (y III)

Para cerrar esta serie voy a hablaros del segundo obstáculo principal que me impide encontrar trabajo actualmente: la especialización extrema.




Siempre que se habla de tecnología e industria es inevitable que Alemania salga a la palestra. La manida frase "con tecnología alemana" adorna las promociones de no pocos artilugios mecánicos, electrónicos, etc. Parece que esa frase por sí sola hace mejor a cualquier producto. Ya puede tratarse del objeto que sea.

"Ah, si es alemán es bueno", pensamos.

Todos tenemos un gran concepto de este país en ese aspecto. Merecido, por otra parte.

Sin embargo, esa reputación bien ganada mediante el esfuerzo y trabajo de muchos especialistas en los más diversos campos tiene un lado oscuro. Un arma de doble filo que puede volverse contra ti si no juegas bien tus cartas, como me pasó a mí.

El alemán es un mercado laboral extremadamente especializado. Para desarrollar los avanzados productos tecnológicos que aquí se fabrican, es necesario contar con gente fuertemente especializada en parcelas muy concretas. Eso está muy bien, claro. Tener grandes especialistas en cada campo brinda una ventaja competitiva sobre los demás. Pero la trampa que esconde sale a la luz en el momento en que el chiringuito se viene abajo.

Es decir, el salto de calidad que te da profesionalmente tu especialización en un área es muy interesante. Pero eso sí, procura no hacerlo en un área equivocada. Escoge una que ofrezca pocas expectativas (a priori) de derrumbarse. De lo contrario, cuando eso ocurra no valdrás nada. Si eres especialista dentro de algo que entra en crisis, lo primero que puede pasarte es perder tu trabajo, como en cualquier sitio. Pero además, eso significa que no encontrarás otro en tu mismo sector, ya que está en crisis y no hay opciones.

Entonces debes buscarte la vida en otro sector en el que no eres especialista. Y claro, por este motivo, resulta que ahí tampoco tienes opciones, aunque poseas ciertos conocimientos del mismo. Aquí no te pagan por enseñarte, quieren resultados desde el principio. Y la forma de conseguirlos es contratando especialistas. ¿Porqué van a contratarte a ti, que no lo eres, cuando hay otros en el mercado que sí lo son?

Consecuencia: un círculo vicioso del que no es fácil salir.

Yo me encuentro ahora mismo en esa situación. Y las expectativas de escapar a esta trampa son de momento inexistentes.

Puede discutirse si el tema que expliqué del idioma compite en importancia con este error. Sin embargo, considero este último mucho más imperdonable que aquel. NUNCA debí tomar este camino sabiendo como sabía que el sector se desmoronaba. Creí equivocadamente que aquí el impacto sería menor. Y además me convencí de que no sería tan difícil cambiar de palo si la cosa iba mal. Me equivoqué en todo.

También en otra cosa. En mi cabeza se había instalado la convicción de que mi experiencia en Alemania me revalorizaría si algún día quería volver a España. Pensé que podría ser más "deseado" por el hecho de tener experiencia internacional.

De eso nada. A las empresas españolas les resbala. Siguen queriendo lo de siempre, licenciados que hablen cuatro idiomas, tengan un porrón de conocimientos y años de experiencia y estén dispuestos a trabajar de 8:00 a 20:00 regalándole las horas extras que pidan por mil euritos pelados sin el menor plan de crecimiento profesional a la vista.

Eso si tienes suerte de encontrar algo, claro está. Desgraciadamente, la situación es tal, que ni siquiera encuentro una opción de ese tipo. Así que ya podéis imaginaros el panorama.

Esta lamentable situación es fruto de los errores comentados (y otros que iré citando) junto con ciertos factores externos. El caso es que, entre unas cosas y otras, mi carrera se ha ido al tacho y tengo muy difícil recuperarla. ¿Quién iba a decirme que ese sería el resultado de emigrar a Alemania?

Por eso os aconsejo elegir cuidadosamente. Tened en cuenta las experiencias de otra gente que ha pasado por esto. Meditad muy seriamente la decisión atendiendo a todos los factores.

Y, si queréis aceptar un último consejo adicional, no emigréis a la aventura. No le recomiendo a nadie irse a otro país sin un contrato de trabajo. Hay muchos casos así. Gente que ha salido pensando que total, en España no hay nada, y que ya encontrarán algo por ahí. Algunos de ellos tienen que malvivir y pedir ayudas, que no siempre se le conceden (aquí el que no produce no es bienvenido). Otros con algo más de suerte, van tirando con lo que ganan en los trabajos más precarios.

Ya sé que España está muy jodida y no da ni para eso pero, ¿es lo que queréis hacer de verdad? ¿Y encima lejos de casa, pasando frío y penurias? Pensadlo muy bien.

Lee también:
3 "consejos" para fracasar en Alemania (I)
3 "consejos" para fracasar en Alemania (II)