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domingo, 13 de octubre de 2013

Encuentra las 7 diferencias

Los cientos —o quizá miles— de ofertas de empleo que he analizado durante los últimos meses me han mostrado otra de las muchas y profundas diferencias entre la cultura española y la alemana. Es obvio que, los buenos modales, se tienen o no se tienen, y se demuestran en cualquier ámbito de la vida. Pero vamos al grano. A continuación expongo la estructura tipo de los anuncios de trabajo en cada país. ¿Conseguiréis detectar las diferencias? ;)



ANUNCIO TIPO EN ALEMANIA

El contenido suele ser bastante estándar e incluye siempre los apartados siguientes:
  • Presentación: Breve pero descriptiva introducción de la empresa. Como mínimo se cita el sector, productos y ámbito de aplicación, aunque no es extraño que se mencionen también algunas de las ventajas más atractivas para los empleados, así como su filosofía empresarial. 
  • Lugar de trabajo y denominación exacta del puesto. 
  • Responsabilidades: Descripción detallada de las principales tareas que conciernen al puesto, departamentos con los que se deberá interactuar, etc. 
  • Requisitos: Estudios y experiencia necesarios, así como idiomas u otros posibles requerimientos, todo ello ajustado al puesto, con un enfoque realista y sin sobredimensionar las exigencias. 
  • Observaciones: Modo en que han de ser enviadas las solicitudes (correo postal, correo electrónico, página web...) y documentos o datos que deben incluirse. 
  • Contacto: Animan a los interesados a presentar su solicitud y a preguntar cualquier duda que exista al respecto de la oferta. Para ello aparece siempre el nombre de la persona de contacto junto con su dirección, teléfono y/o correo eléctronico.
Una vez enviadas, en casi todos los casos, las solicitudes son recibidas, atendidas y respondidas con exquisita corrección y respeto hacia el aspirante, tanto si este sigue en el proceso como si no.

ANUNCIO TIPO EN ESPAÑA

En cualquiera de los portales de empleo españoles es habitual ver cosas como estas:
  • Descripción de la empresa: Se zanja con la manida expresión "empresa líder en su sector" —curiosamente siempre lo son—. Eso es todo. Nombre, actividad y productos brillan por su ausencia. 
  • Puesto vacante: En mi profesión se ha puesto de moda designar el cargo con la palabra 'técnico' en lugar de 'ingeniero' —una declaración de intenciones en toda regla, que ya anuncia la mierda que van a pagarte—.
  • Descripción del puesto: Aquí se imponen dos corrientes principales:
    • la minimalista, o sea, rellenar este campo con apenas tres palabras que nada explican sobre las tareas a realizar;
    • y la ecléctica, lo que viene a ser el chico para todo, vamos. Mezclan cosas del tipo "gestionar proyectos, dirigir equipos, tomar decisiones estratégicas, desarrollar el producto..." con otras como "manejar carretilla, operar grúa, recoger residuos, manipular herramientas..." —curiosa fusión de conceptos—.
  • Requisitos: Llega el desparrame. Por pedir que no quede. Titulaciones por doquier, años de experiencia y sólidos conocimientos de todas las disciplinas habidas y por haber. Nivel bilingüe de inglés, francés, alemán, italiano, portugués, chino mandarín y swahili, valorándose también esperanto y lengua élfica. Disponibilidad para viajar y para trabajar a turnos, noches, fines de semana, festivos y fiestas de guardar. Incorporación inmediata. Imprescindible residencia próxima al lugar de trabajo —me pregunto qué coño importará eso—. 
  • Tipo de contrato: "Otros contratos" —¿?—.
  • Salario: Y todo ello por el módico precio de... ¡900€ brutos al mes! genial, ¿a que sí?—.
Una vez enviadas, en casi todos los casos, las solicitudes son tratadas con la más vulgar zafiedad, desconsideración y falta de respeto hacia el aspirante, quien desconoce si la documentación remitida ha llegado a manos de alguien o se ha perdido en una dimensión paralela, tanto si sigue en el proceso como si no.


PD: ¿Aún creéis que solo políticos y banqueros son culpables de la situación del país? Señores, España la hacemos TODOS.

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viernes, 19 de abril de 2013

Semana a la alemana

Desde que vivo en Alemania, muchas han sido las cosas que me han chocado enormemente, circunstancia normal cuando uno se va a otro país. En algunos casos, ese choque cultural resulta más sencillo de encajar y en otros más complejo. Unas veces hace gracia y otras cabrea. Pueden ser cosas sorprendentes o más o menos esperadas. Reconozco también que hay temas en los que soy más alemán que español (ya lo era antes de venir, no me han colonizado). En todo caso, son cuestiones que suelen dar lugar a numerosas anécdotas y no pocas desesperaciones. Por eso, creo que vale la pena dedicar alguna que otra entrada a los aspectos que hacen a los alemanes tan alemanes a ojos de un español. Como prometí hace unos días, hoy hablaré de su obsesión con la hora y sus hábitos semanales.


Para empezar hay que recordar nuestras grandes diferencias en tema de horarios. Debemos reconocer que, en eso, somos nosotros los que llevamos el paso cambiado con respecto a Europa. Aquí se come a las 12:00 (en algunos sitios incluso a las 11:30). Y las 12:00 son las 12:00, no las 12:01. En las empresas, cuando llega la hora en punto, se dirigen cual estampida de búfalos hacia la cantina. Si no te apartas te llevan por delante. Deben pensar que la comida no llega para todos...

La cena de diario, por lo que veo a mi alrededor, suelen despacharla en torno a las 19:00 (media hora arriba, media hora abajo). Y resulta improbable encontrarlos despiertos más allá de las 21:30 o 22:00.

El tiempo juega constantemente un papel primordial. Toda tarea está medida al milisegundo, haciendo del reloj un instrumento básico para la vida cotidiana. En este sentido, llaman la atención los horarios comerciales. En España, los establecimientos tienen UN horario de apertura válido para todos los días de la semana. En Alemania, en cambio, tienen un horario para cada día, cuyo eventual parecido es pura coincidencia. Por tanto, si quieres ir a un sitio determinado, debes tener muy presente la hora y el día de la semana que es, o te lo puedes encontrar cerrado aun en las horas centrales.

Es obvio que hay ocasiones en las que se tiene prisa, pero aquí todo el mundo va siempre a tope. ¿Cómo es posible tener prisa SIEMPRE? No importa cómo se desplacen. Ya sea en coche, en bici o andando, siempre lo hacen a toda pastilla. Es un ritmo de vida que desgasta una barbaridad. Yo prefiero vivir más pausado. Si no tengo necesidad de correr, pues no corro.

Una curiosidad es que, nada más subirse al coche, programan siempre la ruta en el GPS, aunque vayan a 5 km y conozcan de sobra el trayecto. Explicación: primero, que les encanta jugar con sus cachivaches tecnológicos; segundo, que podría existir un atasco de proporciones bíblicas (pan de cada día por estos lares) y tratan de esquivarlo con ayuda del aparato; tercero, por el placer de contar a todos cómo se ahorran 15 segundos de trayecto gracias a los sofisticados algoritmos de cálculo en tiempo real que incorpora su flamante GPS.

En cuanto al modo de estructurar la semana, la vida de lunes a viernes se resume fácilmente: solo trabajan. Se levantan lo más temprano posible para poder terminar la jornada también prontito, salen y se van a casa directos (lo que a menudo supone más de una hora de viaje), cenan cuando nosotros merendamos y se acuestan cuando nosotros cenamos. Así todos los días sin variación. Quedar con alguien, tomar unas cañas... esos conceptos no existen. En poblaciones pequeñas, y especialmente en invierno (que aquí dura mucho más de tres meses), no hay un alma en las calles al anochecer (o sea, poco después de las 16:00). En las ciudades se sigue detectando vida basada en el carbono hasta más tarde. Eso sí, nadie está dándose una vuelta o paseando por el simple placer de hacerlo. Todos van de camino a alguna parte. Solo ciudades con una tradición más universitaria y cosmopolita rompen esa disciplina.

El sábado es el día de las tareas domésticas. Todo el mundo hace la compra semanal ese día por la mañana (mañana: dícese del lapso de tiempo que concluye a las 12:00 del mediodía, por eso se llama a este mediodía). Se aseguran de no necesitar otra compra imprevista antes del próximo sábado cargando sus coches con cajas (literalmente) de víveres. Limpian a fondo sus casas y rinden culto a sus coches. Este último es un ritual que tiene lugar en la puerta de casa e incluye el lavado (y posterior secado) manual de cada centímetro de vehículo con el mayor de los mimos, empleando una amplísima gama de productos para el cuidado de los mismos.

Domingo: ¡por fin un tiempo de asueto! El disfrute consiste básicamente en salir a pasear con la familia al completo. Las alternativas, en función del azote del tiempo, pueden ser: paseo por parques y caminos cercanos o excursión al monte u otro lugar de esparcimiento en la naturaleza. Ambas opciones cuentan con variante a pie y en bicicleta. Otra actividad propia del domingo son las aficiones personales de cada uno. Deportes, aeromodelismo o montar a caballo son algunas frecuentes en mi zona. Los que no hacen negocio aquí son los bares, desde luego. Esta gente es de exterior, no de apoltronarse en cafeterías. Por eso hay menos en toda Alemania de las que hay en tan solo una ciudad española cualquiera.

¡Ah! Si hace buen día (o sea, un par de veces cada verano...), la barbacoa en el jardín también está asegurada los domingos.

Bueno, otro día contaré más historias sobre choque de culturas.

viernes, 12 de abril de 2013

Mi visión de Alemania

Todo lo que tiene que ver con Alemania está de moda, algo que probablemente debemos agradecer a la actual situación financiera. Será por eso que la literatura dedicada a su "obra y milagros" se ha incrementado exponencialmente en los últimos años. Si antes era habitual recurrir a tópicos sin conocer demasiado el asunto, ahora es fácil encontrar impresiones de gente que lo padece vive en sus carnes. Es muy interesante leer esas experiencias pues, a pesar de ser personales, poseen puntos en común que ayudan a comprender el verdadero carácter del país.

Todo el que se precia de escribir un blog con esta temática suele ir contando sus impresiones generales sobre la nación que le acoge y sus gentes. Yo no voy a ser menos. A las diversas pinceladas que ya he ido dejando añadiré hoy otra batería de cosas, algunas de las cuales equilibran un poquito la balanza tras la entrada anterior.



Una de las principales características de la sociedad alemana es su rigidez a todos los niveles. Se rigen por férreas normas y costumbres de las cuales difícilmente se apartan. Es muy inusual que un alemán se salga del guion, para bien o para mal. Puede decirse que el prejuicio de cuadriculados está más que justificado. Un ejemplo es su obsesión con la hora y la estructura de sus hábitos semanales, que describiré próximamente. Por supuesto que a veces se divierten, cantan y bailan, pero eso también forma parte del guion. Lo hacen solo cuando toca. El resto del tiempo son más secos que la mojama.

Esta rigidez afecta de pleno a las relaciones humanas. Entablar contacto con la gente es una empresa complicada y el trato se restringe a lo imprescindible. Los escasos diálogos suceden generalmente con educación, eso es cierto. Nunca faltan los buenos días, gracias y por favor, pero arrancar algo más puede considerarse un milagro. Puedes vivir meses o años junto a los mismos vecinos, que ellos seguirán tratándote de usted y dándote nada más que los buenos días. Dudo que lo hagan por mal, simplemente no tienen la espontaneidad y calidez propias del carácter latino.

Pienso que lo anterior también tiene mucho que ver con el individualismo y la autosuficiencia, dos rasgos muy característicos de esta cultura. Por lo general, a nadie le interesa la vida de los otros y son, a su vez, celosos de su vida privada. Por eso es difícil que se produzcan conversaciones personales más profundas.

Pero el concepto de autosuficiencia va más allá. Existe una actitud muy arraigada de resolverse uno mismo sus propios problemas, sin recurrir a nadie, hasta el punto de que ofrecer ayuda pueda resultar hasta ofensivo en ocasiones. Por regla general, nadie se molesta en echarte una mano con tus problemas, por lo que no conviene esperar ayuda a priori. Hay que arreglárselas solo.

Todos los factores hasta aquí mencionados hacen de este un país tremendamente inhospitalario. Nada ni nadie facilita la integración al forastero. Al contrario (he sufrido ejemplos de ello). Te sientes constantemente un extraño fuera de lugar allá por donde vayas.

Como iba diciendo, nadie se mete en tu vida... salvo si se te ocurre cometer alguna infracción. Eso siempre les incumbe. Podrías dejar tu coche abierto y con las llaves puestas en pleno centro y probablemente seguiría allí dos horas después. Ahora, apárcalo por error en un lugar inapropiado y antes de bajarte de él recibirás la severa reprimenda del primer transeúnte que pase. Los alemanes viven con el deseo irrefrenable de hacer cumplir las normas, ¡no desaprovechan la ocasión de reprochar al que no lo hace! Faltar a ese código los convierte en verdaderos proscritos rechazados por sus congéneres. Sin entrar en que sean más o menos cívicos, la clave es que tienen mucho más miedo a las consecuencias. Aquí las autoridades no tienen remilgos con los delincuentes, por eso no se mea fuera del tiesto tan fácilmente.

Además, esta costumbre casa a la perfección con otra de sus grandes aficiones: discutirlo y protestarlo todo. Cualquier tema, por nimio que sea, es susceptible de generar controversias y acalorados debates en los que nadie da nunca su brazo a torcer.

Una de las partes más negativas para mí (aparte del clima, ya comentado) es la comida, cuya calidad deja bastante que desear en comparación con la excelente gastronomía española. Admito que hay carne aceptable, pero el pescado... es horrible, carísimo y rara vez fresco. Esto remueve los cimientos de la pirámide alimenticia para alguien como yo, tan "pescadívoro" como carnívoro. Los platos típicos regionales me gustan, no lo niego, pero la variedad del menú es muy reducida si has de comer fuera de casa. Prácticamente, de cada tres comidas, una es Schnitzel (filete empanado), otra es salchicha y la tercera, la especialidad de la zona (que a veces es Schnitzel o salchicha). Ya digo que me gusta, pero acaba saliéndote por las orejas de tanto repetir lo mismo, sinceramente.

Hay que decir que aquí no se disfruta del momento de la comida como en España, al menos entre semana. No existe ese componente social en la mesa. Los que optan por el menú de la cantina comen a una velocidad endiablada, más bien engullen como fieras famélicas. Otros se llevan al trabajo cualquier cosa sencilla que para nosotros no tendría rango de comida, como un sándwich o una pequeña ensalada. Buscan solo un tentempié que puedan despachar deprisa y los mantenga con vida. En la empresa yo terminaba siempre de último, bajo sus miradas de desesperación por la espera. La comida es uno de los momentos del día en que yo desconecto. Odio que me lo amarguen, así que al final opté por comer solo siempre que podía. Me gusta disfrutar de la comida con pausa y, por supuesto, ¡sin discusiones de trabajo! 
 
Entre los mitos que se me han desplomado está el de las carreteras. Gran parte de las autopistas alemanas son mucho peores que las españolas. A pesar de estar en obras perpetuamente, uno se pregunta cómo es posible que tengan un firme tan desastroso. ¿Es esta la famosa y mundialmente admirada Autobahn? ¡Pues vaya! Vale que la endemoniada densidad de tráfico que soportan a diario debe causar estragos, y que aquí ya tenían autopistas cuando nosotros usábamos carros tirados por vacas. Pero aún así, pienso que deberían estar mucho mejor, sobre todo teniendo en cuenta las altas velocidades a las que está permitido circular por ellas. 

Y eso de que son gratis... en fin, las financian nuestros astronómicos impuestos. Que digo yo, pagando esos impuestos, es lógico tener servicios, ¿no? Lo ilógico sería no tenerlos.  Es que me hace gracia cuando se alaban ciertos servicios de aquí. No hay nada que alabar. Mérito sería tenerlos sin pagar esos impuestos, ¡qué coño! Como se dice en román paladino: con buena picha, bien se jode. 

Por cierto, le pese a quien le pese, afirmo rotundamente que los alemanes conducen como el culo. No importa cuántos carriles tengan disponibles, ellos conducirán siempre por el situado más a la izquierda. Los demás permanecen impolutos para uso exclusivo de camiones (cuando no les da por adelantar también) y quizá para algún extranjero sin prisa, harto de verse sometido a una presión agobiante cada vez que trata de hacer una incursión en el carril de la izquierda. 
 
No obstante, lo que sí es una gozada es tener media Europa a tiro de piedra. En pocas horas de coche te pones en infinidad de sitios interesantes.
 
Para ir acabando, algo que yo no esperaba es que fuese una sociedad tan clasista. Entre otras cosas, padecen de una "titulitis" galopante. Deben pensar que, habiendo invertido tantos años y dinero en sus estudios, es obligado mostrárselo al mundo. Quizá por eso anteponen todos los títulos posibles a su nombre, lo cual desemboca en una simpática ristra de abreviaturas de todas las hazañas académicas del individuo en cuestión. Y no es raro que además se hagan llamar por sus títulos. Resulta muy gracioso ver por ahí escritas retahílas del tipo: 
 
Herr Prof. Dr. rer. nat. habil. Fulano de Tal
 
En esta misma línea, fueron también inesperadas las numerosas connotaciones machistas que existen. Por ejemplo, un sistema impositivo diseñado para que la mujer se quede en casa en vez de trabajar fuera (lo contrario no compensa económicamente). Pero bueno, estos asuntos ya los cuenta mamaenalemania magistralmente.

viernes, 22 de marzo de 2013

3 "consejos" para fracasar en Alemania (y III)

Para cerrar esta serie voy a hablaros del segundo obstáculo principal que me impide encontrar trabajo actualmente: la especialización extrema.




Siempre que se habla de tecnología e industria es inevitable que Alemania salga a la palestra. La manida frase "con tecnología alemana" adorna las promociones de no pocos artilugios mecánicos, electrónicos, etc. Parece que esa frase por sí sola hace mejor a cualquier producto. Ya puede tratarse del objeto que sea.

"Ah, si es alemán es bueno", pensamos.

Todos tenemos un gran concepto de este país en ese aspecto. Merecido, por otra parte.

Sin embargo, esa reputación bien ganada mediante el esfuerzo y trabajo de muchos especialistas en los más diversos campos tiene un lado oscuro. Un arma de doble filo que puede volverse contra ti si no juegas bien tus cartas, como me pasó a mí.

El alemán es un mercado laboral extremadamente especializado. Para desarrollar los avanzados productos tecnológicos que aquí se fabrican, es necesario contar con gente fuertemente especializada en parcelas muy concretas. Eso está muy bien, claro. Tener grandes especialistas en cada campo brinda una ventaja competitiva sobre los demás. Pero la trampa que esconde sale a la luz en el momento en que el chiringuito se viene abajo.

Es decir, el salto de calidad que te da profesionalmente tu especialización en un área es muy interesante. Pero eso sí, procura no hacerlo en un área equivocada. Escoge una que ofrezca pocas expectativas (a priori) de derrumbarse. De lo contrario, cuando eso ocurra no valdrás nada. Si eres especialista dentro de algo que entra en crisis, lo primero que puede pasarte es perder tu trabajo, como en cualquier sitio. Pero además, eso significa que no encontrarás otro en tu mismo sector, ya que está en crisis y no hay opciones.

Entonces debes buscarte la vida en otro sector en el que no eres especialista. Y claro, por este motivo, resulta que ahí tampoco tienes opciones, aunque poseas ciertos conocimientos del mismo. Aquí no te pagan por enseñarte, quieren resultados desde el principio. Y la forma de conseguirlos es contratando especialistas. ¿Porqué van a contratarte a ti, que no lo eres, cuando hay otros en el mercado que sí lo son?

Consecuencia: un círculo vicioso del que no es fácil salir.

Yo me encuentro ahora mismo en esa situación. Y las expectativas de escapar a esta trampa son de momento inexistentes.

Puede discutirse si el tema que expliqué del idioma compite en importancia con este error. Sin embargo, considero este último mucho más imperdonable que aquel. NUNCA debí tomar este camino sabiendo como sabía que el sector se desmoronaba. Creí equivocadamente que aquí el impacto sería menor. Y además me convencí de que no sería tan difícil cambiar de palo si la cosa iba mal. Me equivoqué en todo.

También en otra cosa. En mi cabeza se había instalado la convicción de que mi experiencia en Alemania me revalorizaría si algún día quería volver a España. Pensé que podría ser más "deseado" por el hecho de tener experiencia internacional.

De eso nada. A las empresas españolas les resbala. Siguen queriendo lo de siempre, licenciados que hablen cuatro idiomas, tengan un porrón de conocimientos y años de experiencia y estén dispuestos a trabajar de 8:00 a 20:00 regalándole las horas extras que pidan por mil euritos pelados sin el menor plan de crecimiento profesional a la vista.

Eso si tienes suerte de encontrar algo, claro está. Desgraciadamente, la situación es tal, que ni siquiera encuentro una opción de ese tipo. Así que ya podéis imaginaros el panorama.

Esta lamentable situación es fruto de los errores comentados (y otros que iré citando) junto con ciertos factores externos. El caso es que, entre unas cosas y otras, mi carrera se ha ido al tacho y tengo muy difícil recuperarla. ¿Quién iba a decirme que ese sería el resultado de emigrar a Alemania?

Por eso os aconsejo elegir cuidadosamente. Tened en cuenta las experiencias de otra gente que ha pasado por esto. Meditad muy seriamente la decisión atendiendo a todos los factores.

Y, si queréis aceptar un último consejo adicional, no emigréis a la aventura. No le recomiendo a nadie irse a otro país sin un contrato de trabajo. Hay muchos casos así. Gente que ha salido pensando que total, en España no hay nada, y que ya encontrarán algo por ahí. Algunos de ellos tienen que malvivir y pedir ayudas, que no siempre se le conceden (aquí el que no produce no es bienvenido). Otros con algo más de suerte, van tirando con lo que ganan en los trabajos más precarios.

Ya sé que España está muy jodida y no da ni para eso pero, ¿es lo que queréis hacer de verdad? ¿Y encima lejos de casa, pasando frío y penurias? Pensadlo muy bien.

Lee también:
3 "consejos" para fracasar en Alemania (I)
3 "consejos" para fracasar en Alemania (II)

viernes, 15 de marzo de 2013

3 "consejos" para fracasar en Alemania (II)

En la segunda entrega de esta serie comenzada hace una semana, hablaré de lo que yo llamo: la "fachada" de las empresas.


El asunto tiene que ver con el irremediable complejo de inferioridad español, que nos hace creer que todo lo de fuera es siempre mejor que lo propio, ya se trate de otro país, de otra empresa o de la casa del vecino.

Rotundamente falso.

Uno se sorprende al ver la cantidad de cosas que son mejores en España (y no hablo sólo de cosas como la comida; ¡ahí no hay discusión!).

Ese engaño monumental al que han dado en llamar crisis se deja sentir por todas partes, no solamente en España. Y sí, señores, aunque no lo crean, en Alemania las empresas también tienen dificultades, despiden a sus empleados, hacen ERE's, se declaran insolventes y echan el cerrojo. Conozco un buen número de casos aparte del mío.

Como ya mencioné en la presentación del blog, las historias que nos venden han contribuido a tergiversar la realidad en gran medida. Es cierto que a mucha gente le va de fábula en el extranjero, pero a otra tanta (o más) le va de pena. Como en España. Como en todas partes. No es justo contar sólo una parte de la historia, la parte bonita. Puede que no venda tanto la experiencia de aquellos que han acabado (literalmente) pidiendo, no han conseguido un trabajo acorde a su cualificación o simplemente han tenido que volverse porque se les ha acabado el dinero. Pero eso también es parte del juego. Y con esa visión sesgada se ha distorsionado la realidad de los hechos confundiendo a mucha gente, entre la que me incluyo (al menos parcialmente).

A ver, ni siquiera yo soy tan pardillo como para pensar que al llegar me estaría esperando una alfombra roja, una casita en el campo y un Mercedes. No. Pero sí te haces, al abrigo de esas historias, falsas expectativas del nivel (y sobre todo la calidad) de vida que tendrás. Como os digo, nuestros ancestrales complejos hacen que esas ideas cuajen fácilmente en España.

Por ello, este sentimiento de anhelo que acabo de describir en relación a la vida en general, se traslada igualmente a lo profesional. ¿Quién de nosotros no sueña con trabajar en un sitio donde te valoran, te permiten conciliar tu vida personal y laboral y te ofrecen un plan de carrera excelente?

Esto hace que resulte muy fácil dejarse cautivar por la imagen que transmiten las compañías alemanas. Es un aspecto que aquí se cuida muchísimo y hace que las empresas tengan mucha "fachada". Les gusta proyectar una imagen de lugar agradable para trabajar y se gastan mucho dinero en fomentarla. Compiten entre ellas para ver quién posee las instalaciones más lujosas y los mejores servicios. Ya desde la primera entrevista te ofrecerán con cortesía algo de beber y unas pastitas, te encandilarán con el halo de grandeza que emana su idílico entorno, te mostrarán las comodidades de las que gozarás como empleado, etc.

En pocas palabras: harán que desees trabajar allí.

Claro, esto viniendo de España resulta muy llamativo. Acostumbrados a ser poco más que ganado y deberle a la empresa el favor de darnos trabajo, ese nuevo mundo te crea la sensación de que estás ante una organización extraordinaria y que ese es el tipo de trato y consideración que quieres recibir de tu empleador. Pero cuando estás aquí un tiempo te das cuenta de que no hay nada extraordinario en ello, sino que es exactamente lo que hacen todos. Y, todos, quiere decir tanto las buenas como las malas empresas. Con lo cual ese factor no debe tenerse en cuenta para optar por una u otra, o puedes llevarte sorpresas desagradables cuando traspases la gruesa fachada y conozcas el percal desde dentro.

¡No os dejéis deslumbrar!

Yo aún recuerdo perfectamente cómo le contaba a mis amigos la experiencia cuando vine a mi primera entrevista. Volví a España extasiado y así se lo hice saber a todos hablándoles de las maravillas que había contemplado.

Al poco tiempo de empezar comprendí mi error. Demasiado tarde.

Lee también:
3 "consejos" para fracasar en Alemania (I)
3 "consejos" para fracasar en Alemania (y III)

viernes, 1 de marzo de 2013

¿Porqué este blog?

Parte de la respuesta reside en la siguiente cita:
"El éxito tiene muchos padres, el fracaso es un huérfano."
- John F. Kennedy -
JFK pronunció estas palabras para asumir la responsabilidad tras su fiasco en Bahía de Cochinos. Ahora servirán para inspirar la primera entrada de este blog, que comienza justo el día en el que he pasado oficialmente a engordar las escuálidas cifras del paro alemán.


Nos hemos acostumbrado a ver en la tele esos programas que tanto han proliferado en los últimos tiempos, los cuales obedecen en su mayoría a nombres del tipo "x por el mundo", donde x equivale a españoles, gallegos, madrileños, andaluces... En ellos suelen mostrarse las vidas extraordinarias de gente emigrada a países maravillosos donde todo es sensacional, tienen una casa de ensueño, tres hijos, dos Mercedes y un largo etcétera de comodidades, por citar sólo algunas cosas. Es inevitable, está en la naturaleza de las personas el exhibirse ante los demás para mostrar sus logros, y a los demás nos encanta escuchar obnubilados esos relatos de éxito que nos transportan a un mundo desconocido de fantasía, especialmente en estos tiempos que corren. Evidentemente, eso vende mucho más que mostrar a los que han corrido peor suerte y, por un motivo u otro, la experiencia les ha salido "rana". No es casualidad que una búsqueda en Google del término "fracaso" arroje aproximadamente 30.000.000 de resultados, mientras que el término "éxito" nos da casi cinco veces más, 149.000.000 nada menos. El fracaso es pues, ese gran despreciado del que nadie quiere saber nada.

Provengo de un lugar fuertemente ligado a la emigración históricamente. Allí es habitual encontrarse con ese estereotipo de emigrante al que le ha ido de cine, se ha forjado un patrimonio inmenso y es envidiado admirado por todos mientras pasea por el pueblo su cochazo cuando vuelve en vacaciones. Por eso, muchos nos hicimos inconscientemente a la idea de que en eso consistía la emigración: irse a otro país, hacerse muy rico y volver para exhibirlo. Los programas televisivos antes mencionados han ahondado más si cabe en esa falsa creencia. Pero no todos cumplimos con ese paradigma de emigrante triunfador. Uno también puede fracasar en esa aventura, incluso en Alemania, tierra prometida y paraíso del empleo y del bienestar. Y eso también debe contarse, eso también debe saberse. De lo contrario serán más los que se lancen a la aventura alegremente, ignorando la verdadera realidad hasta que se dan de bruces con ella.

Entre los pocos que han contado esta cara oscura están Jordi Évole y su equipo, que han firmado varios capítulos magistrales a este respecto en su programa "Salvados". En este sentido, destaco también algunos blogs, especialmente el de "Una Mamá Española en Alemania", con una genial y elegante ironía, el de "Pepe, Pepito, Pepa que viene Merkel. Trabajo cualificado en Alemania", que explica muy bien múltiples avatares a los que uno se enfrenta cuando decide venirse a Alemania y el de "Berlunes", que reparte asiduamente ácidas críticas a diestro y siniestro (además de ofrecer una interesante bolsa de trabajo). Todos ellos llevan mucho más tiempo contando "las verdades del barquero" y me han inspirado de una u otra manera, así que es de ley citarlos aquí. Si te estás planteando  emigrar, te recomiendo muy seriamente echarles un vistazo, así como también a este excelente artículo de Spaniards.es, el cual suscribo de principio a fin. Disculpadme aquellos a los que no hago mención, seguro que hay más pero estos son los que conozco por ahora.

Por todo lo dicho este blog pretende dar otra visión de las cosas, una perspectiva realista en la que el fracaso también existe. Y no sólo existe. Además no tiene porqué ser necesariamente algo negativo, sino uno de los mejores instrumentos de aprendizaje para el ser humano. De hecho, a mi me ha enseñado muchísimo. Ese es el motivo de haber escogido semejante título para el blog. Voy a ser crítico con muchas cosas, pero sobre todo autocrítico, práctica por desgracia poco frecuente en nuestra sociedad gobernada desde el principio del "y tú más". Esto, sin embargo, no implica que sólo vaya a hablar de fracaso, naturalmente. Dependerá del ánimo que tenga ese día, pero habrá sitio para hablar de lo bueno, de lo malo y de lo regular. Generalmente irá en relación con la emigración, aunque no descarto tocar otros palos también. Alemania es mi lugar de destierro, y por eso acaparará casi todos los focos, pero estoy convencido de que las historias son totalmente trasladables a otros paises. De ahí que considere este no como un blog de emigración a Alemania exclusivamente, sino más bien de emigración a secas.

Quiero dejar muy claro que no soy un experto en nada (mucho menos en blogs, así que perdón de antemano por los fallos que cometeré). Este blog no va de eso, no pretendo sentar cátedra. Aquí voy a dar simple y llanamente mi opinión (¡para eso es mi blog!) y contar mis experiencias, que no serán siempre coincidentes con las de otra gente, por supuesto. Así pues, no entraré en los típicos debates vacíos tipo "...pues yo conozco alemanes que son más salaos que muchos españoles...". Ya adelanto que muchas veces diré cosas que no gustarán; si buscas corrección política, este no es tu sitio. En caso contrario, si además de leer te apetece participar y comentar de forma constructiva, considérate bienvenido. Por último, salta a la vista que la apariencia del blog es muy sencilla (por no decir cutre). Ya he dicho que no soy un experto y, además, espero que lo importante sea el contenido. Le daremos un lavado de cara más adelante si procede.

Esta experiencia arranca sin muchas pretensiones. No me gusta prometer lo que no puedo cumplir. No sé cada cuánto escribiré (lo haré cuando me apetezca) ni hasta cuando (supongo que mientras tenga algo que decir y alguien que me lea). Sólo sé que de momento aquí empieza esto; ya veremos lo que da de sí.