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sábado, 18 de junio de 2016

Cosas que me enseñó la emigración


Todo tiene un principio y un final, y me temo que el de este blog ha llegado. Cuando empecé creí que este momento coincidiría con mi retorno a casa, lo cual, para bien o para mal, no se cumplirá. Aunque nunca he dejado de responder consultas, la larga temporada que llevo sin publicar me indica que es hora de cerrar el chiringuito. Las cosas, o se hacen bien o no se hacen. Me gusta escribir pero, hacerlo como yo quiero, exige un tiempo del que ahora no dispongo. Simple cuestión de prioridades.

Me despido con tres sensaciones que resumen tres años (y pico) de blog:


Satisfacción: Por lo mucho que me ha enseñado y enriquecido la emigración, a pesar de las dificultades. Entre otras muchas cosas, me ha permitido, por ejemplo:

Hacer un blog ;-)
Conocer nuevos idiomas, lugares, culturas, costumbres...
Abrir la mente a nuevas ideas.
Rectificar puntos de vista erróneos, pero también confirmar otros totalmente acertados.
Madurar personal y profesionalmente.
Juzgar con más objetividad los defectos y virtudes de mi sociedad y de otras sociedades, y comprender porqué, en general, cada una tiene lo que merece.

Rabia: Por tener que asistir impotente al esperpento que es España —donde la incompetencia se aplaude, se premia y se fomenta—, por tener que asumir que nunca cambiará y por tener que resignarme a estar lejos de casa para vivir con dignidad.

Y finalmente, si me lo permitís,

Orgullo: Por no deberle nada a nadie, por no contribuir hipócritamente a perpetuar nuestro asqueroso modelo español de servilismo, porque todo lo que tengo, mucho o poco, lo he conseguido por mí mismo y por haber sido capaz de sobreponerme a la difícil situación que dió origen a este blog.

"El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia."
Henry Ford

Gracias por la atención prestada y hasta la vista.

lunes, 6 de enero de 2014

Alimentando un modelo podrido

Comienza un nuevo año y algunos quieren vendernos que será el de la recuperación. Yo sin embargo soy abiertamente escéptico sobre la posibilidad de que España mejore en un futuro próximo. Y no me refiero a que se acabe lo que erróneamente llaman crisis, sino a que se produzcan cambios de fondo más allá de modas y coyunturas. Puede que un día de estos el dinero vuelva a fluir, pero eso no arreglará los defectos de base. Más bien al contrario, creo que los volverá a potenciar, como ya ocurrió en el pasado.


Una de nuestras muchas lacras es el paupérrimo panorama laboral, del cual, como es costumbre, culpamos a otros. Somos maestros de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. Y si no respondedme a estas preguntas:

¿Quién es culpable de que no haya oportunidades si somos incapaces de generarlas?

Nadie tiene la obligación de servírnoslas en bandeja, señores. Y es que somos un país con una deficiente capacidad empresarial y comercial. En parte, por la humillante normativa que castiga a todo el que se establece por cuenta propia, y en parte, por nuestra brutal carencia de iniciativa y formación. Vivo en un lugar en el que la gente no considera el trabajar por cuenta ajena como la única opción, ni ve en el funcionariado un ideal de vida. Se dice que en Alemania hay más oportunidades como si hubiesen llovido del cielo, pero las hay únicamente porque las han creado y conservado. Aquí el que sabe hacer algo se lo monta por su cuenta, no espera a que venga nadie a darle limosna. Nuestra total inoperancia, por el contrario, hace de España un país de saldo. Oleadas de oportunistas extranjeros están comprando ahora mismo una empresa tras otra a precio de ganga. La lista es interminable. Y nosotros encantados, oiga. ¡Qué se compliquen otros haciendo números! Luego, cuando les convenga llevarse esos puestos de trabajo a otro sitio, diremos que son unos cabrones desalmados. ¡Tiene huevos!

¿Quién es culpable de que la dichosa "marca España" esté devaluada si no sabemos venderla?

De las decenas de ejemplos que existen, voy a escoger hoy uno clamoroso: el caso del aceite de oliva. España, el mayor productor mundial, debería ser inmediatamente relacionada con ese producto en cualquier punto del planeta. Con la sola mención de la palabra 'aceite', a cualquier persona se le tendría que venir a la mente España ipso facto, y viceversa. Sin embargo, no es así. ¿Porqué? Pues, entre otras cosas, porque vendemos la mitad de nuestra producción a granel a Italia, quienes lo embotellan, le ponen una etiqueta en italiano y lo venden a precio de oro por todo el mundo como si fuera suyo —por ejemplo en mi tienda más próxima a 8-9€ el litro, cuando no más caro—. Resultado: el consumidor asocia aceite de oliva y calidad con Italia, no con España. Claro, con nuestra marca nos interesa más asociar toros y flamenco. Eso sí que nos va a dar la gloria, vamos.

¿Quién es culpable de que el único modo de tener trabajo sea por enchufe si todos hacemos uso de él?

Vengo de pasarme en el paro buena parte de 2013. Durante varios meses, me desgañité sin éxito por conseguir un trabajo en un país donde abundan. Mientras tanto veía cómo en España, un país desolado por el desempleo, determinada gente conseguía nuevos trabajos con una facilidad asombrosa, sin despeinarse. Curiosamente, esos puestos nunca están a la vista del gran público, sino que parecen creados ex profeso para alguien —el cuñado de un primo que conoce a un amigo, ya sabéis—. Con todo el descaro, esas mismas personas critican situaciones semejantes cuando son otros quienes lo hacen. Pero, ay amigo, cuando son ellos todo vale. Esta es exactamente la misma hipocresía que nos caracteriza ante la corrupción y las injusticias con las que convivimos. Hablar es gratis y es muy fácil quejarse del enchufismo, de la corrupción o de lo que sea. Pero luego, cuando nosotros podemos sacar tajada, lo hacemos, así que somos tan responsables de este podrido sistema como lo son otros más poderosos.

En resumen: nuevo año, mismas prácticas nefastas. Pautas de comportamiento como estas, que nos han traído a este despeñadero, persisten y persistirán, de modo que no puedo augurar resultados mejores para los años venideros. Ojalá me equivoque. Entretanto, una cosa es segura. Muchos hemos pasado otra Navidad lejos de casa, y no tengo motivos para pensar que sea la útima...

"A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa."
Michel Eyquem de Montaigne

viernes, 30 de agosto de 2013

La destrucción como pasatiempo

Actuar correctamente incluso cuando nadie te ve. No es esta su definición oficial, pero así me gusta a mí describir lo que es el civismo —transformando ligeramente una célebre frase de Henry Ford—. Comoquiera que la definamos, es indudable que esa virtud —la carencia de ella— explica muchos porqués de nuestra situación actual. Ya lo mencioné en su día al explicar porqué España nunca será como Alemania, y no pasa un día sin que los hechos demuestren la clase de país que somos.
"Un país habrá llegado al máximo de su civismo cuando en él se puedan celebrar los partidos de fútbol sin árbitros."
- José Luis Coll -



El otro día, leyendo una entrada en el blog de Arabella —española afincada en el Reino Unido—, me vino de nuevo a la cabeza ese concepto de 'civismo'. El artículo hablaba de los objetos que están a la venta en la calle sin vigilancia alguna, con total confianza en que nadie se los llevará sin pagar. Cosas como esta nos causan gran sorpresa a los españoles —y latinos en general, me atrevo a añadir, lo cual es, sin duda, muy significativo. Con esa mentalidad, ¿quién puede extrañarse del número de ladrones que tenemos por metro cuadrado? Y es que todos llevamos dentro un pequeño ratero. Esos folios que te llevas de la oficina, ese medicamento que "trincas" con la cartilla del abuelo, esas facturas personales que te desgravas a través de una sociedad... ya sabes, lo típico.

Pero no solamente robando sabemos joder al prójimo. Que va. Tenemos un repertorio de lo más amplio y variado. Muchos de vosotros estaréis HASTA LOS HUEVOS, como yo, de ver mobiliario y espacios públicos destrozados, parques y jardines sembrados de mierda de perro o portales llenos de pintadas y meadas —cuando no cosas peores—. No hay que buscar muy a fondo para encontrar comportamientos incívicos.

En eso mismo pienso estos días al presenciar, como cada verano, la quema masiva de montes por parte de BASTARDOS HIJOS DE LA GRAN PUTA que destruyen nuestros recursos naturales y, de paso, atentan contra la vida de las personas. El ser un español en Alemania hace que la comparación entre ambos países me resulte siempre ineludible ante cualquier suceso. Sin haber estudiado el asunto, tenía la sensación de que aquí los incendios no son un problema tan grave. Pero para hablar con más rigor, decidí documentarme un poco. He aquí mis hallazgos:
  • En 2012 hubo en España cerca de 15.000 incendios, que quemaron prácticamente 200.000 ha (fuente: MAGRAMA). En ese mismo año se registraron en Alemania 701 incendios, y la superficie quemada fue de unas 270 ha (fuente: BLE). Es decir, en España se quemó una superficie 740 veces mayor que en Alemania. 
  • Claro, España es más grande y tiene más bosques, por lo que no sería justo comparar así a pelo. Por eso me informé sobre la proporción de masa forestal en ambos países. La superficie forestal de España supone más de la mitad del área total del país, mientras que en Alemania la relación no llega a un tercio. Además, España es un 40% más extensa que Alemania. Por tanto, nuestra superficie forestal total es 2,5 veces mayor (fuente: Eurostat). 
  • Conclusión: una superficie 2,5 veces mayor sufrió 740 veces más daños. O sea, que nuestro "índice de destrucción", por así llamarlo, fue 296 veces superior. Creo que el dato habla por sí solo.
Por otro lado, en un país tan propenso a estas agresiones caben muchas reflexiones al respecto. ¿Porqué no se pone al ejército en pleno a patrullar los montes para evitar los incendios? Enviarlos cuando la situación se va de las manos puede servir de ayuda, pero ahí el mal ya está hecho. ¿Porqué permanecen los montes en tal estado de abandono? ¿Porqué no se revalorizan y se les saca partido mediante una explotación sostenible que reporte beneficios económicos y ambientales? ¿Porqué países con mucha menos masa forestal que España sacan bastante más provecho de ella? ¿? ¿? ¿?

En fin, este es tan solo un ejemplo de los muchos que evidencian que, en España, se practica la destrucción como pasatiempo, con el inestimable "patrocinio" de nuestra justicia de pacotilla, claro está, que nada hace por meter en cintura a los delincuentes.

viernes, 31 de mayo de 2013

¡Harto de la tolerancia!

Se deduce del título que hoy vengo caliente y voy a despacharme. Esto se aparta ligeramente del tema del blog —o puede que no tanto, pero por algún sitio tengo que explotar. ¡Y es que ya está bien, joder! Ya está bien de tanta desfachatez. Lo de nuestras leyes, nuestra justicia y nuestra tontería ya apesta. Que me tachen de tirano, de déspota radical o de lo que quieran, pero: 

¡¡TOLERAR LO INTOLERABLE NO ES TOLERANCIA!! ¡¡ES ESTUPIDEZ!!


La crónica de sucesos parece calcada día tras día. La misma infamia insoportable. Acabo de ver una de tantas. No es la primera ni será la última.

CASO A: Un hombre se acerca a otro —compañero suyo de trabajo— y, sin mediar palabra ni discusión alguna, le clava un cuchillo. No contento con eso, le clava un segundo cuchillo antes de tirarlo al mar con ambas armas todavía clavadas. La víctima sobrevive, milagrosamente. Gracias a eso, el agresor será juzgado únicamente por intento de asesinato. Con la mayor desvergüenza de la que un ser humano es capaz, el abogado defensor explica ante los periodistas que pedirá para su cliente la LIBRE ABSOLUCIÓN. Alega que su defendido está diagnosticado de una alteración psíquica, para la que toma medicación. Me encantará saber si opina lo mismo cuando le toque a él ser la víctima. O a su mujer. O a sus hijos. Porque, sí, señor letrado, a usted también le tocará antes o después. Tan solo es cuestión de tiempo. A todos nos tocará si nadie lo remedia.

CASO B: Desvalijan un bar en mitad de la noche. Para los propietarios ya ha dejado de ser noticia. Es la QUINTA vez que lo sufren en los últimos dos meses. Tanto es así, que los destrozos causados en el mobiliario son más cuantiosos que el dinero robado en metálico. El seguro les ha dicho que se vayan buscando otra compañía cuando venza el contrato, ya no quiere saber nada de ellos. Ante tal tesitura, probablemente tendrán que cerrar y buscarse la vida de otro modo, si es que lo hay. 

CASO C: Atracan a mano armada a una octogenaria que vive sola en un pequeño pueblo. Dos individuos —fijaos qué valientes le propinan una atroz paliza a la anciana para robarle la miserable pensión de la que malvive. ¡Coserlos el uno al otro por las pelotas con agujas de calcetar sería poco!

CASO D: Más de lo mismo. La víctima es una mujer de 50 años en silla de ruedas. Le roban tres bolsos que tenía en casa. Tres de los cinco individuos que participaron en el delito, se emplearon a fondo para "neutralizar" a la inválida señoragolpeándola con una barra de hierro.

CASO E: Vehículo siembra el pánico a más de 150 km/h por una ciudad. Invade repetidamente el carril contrario y obliga a otros coches a salirse de la calzada para evitar la colisión. La policía solo puede darle el alto. Por nada del mundo tienen permitido emplear medios más contundentes —sería una muestra de fascismo total—, a pesar de que el conductor asesino pone en riesgo la vida de muchas personas. Cuando le echan el guante comprueban que va borracho y sin carné, aparte de acumular unas ¡100! denuncias anteriores de tráfico. Bien. Pues ya tiene 101. Ahora a por la próxima. Este también matará a alguien antes o después. Falta saber a quién. ¿A ti? ¿A mí? ¿?

Etc, etc, etc... Podría seguir enumerando hasta aburrirme.

Toda esta mierda ocurre CADA DÍA en España. Y todos los casos tienen un denominador común. Los delincuentes, en caso de que los cojan, entran por una puerta de la comisaría y salen por otra. En 48 horas, esa basura humana está de nuevo en la calle para seguir delinquiendo a sus anchas. Pero es que la alternativa es casi peor. Si llegan a meterlos en la cárcel, acumulan condena tras condena toda su vida. Allí les damos de comer y de beber, y una cama donde dormir a pierna suelta. Así hasta que salen y cobran, cómo no, los correspondientes subsidios. No vaya a ser que se sientan discriminados por la insensible sociedad. A partir de 6 meses de cárcel, perciben entre 6 y 18 meses de subsidio. ¡Hala, a vivir y seguir dando palos!

Y ojo. Que no se te ocurra defenderte de uno que entra a TU casa con la intención de darte una paliza a ti y a tu familia. ¡Entonces te vas tú a la cárcel! No no. Debes esperar a que él te dispare y, cuando estés herido de muerte, solo ahí, tienes quizá derecho a pedirle, por favor, que deponga su actitud o te verás obligado a afearle la conducta.

¡Venga-a-tomar-por-culo-ya!

Autoridad y MANO DURA de una vez, eso es lo que hace falta.

Mientras nadie le pare los pies a esos inmundos sacos de mierda, seguiremos viendo casos iguales todos los días. Mientras políticos, jueces, policía y sociedad en general no se atrevan a poner los huevos encima de la mesa y decir "ESTO SE ACABÓ", España seguirá siendo un paraíso para toda esa pléyade de atracadores, asesinos, violadores, estafadores y criminales varios que se regodean en la impunidad de sus despreciables actos.

Lo mismo puede decirse de otros delitos más mediáticos. ¿Para qué se representa un patético sainete en el que se juzga a cierta folclórica archiconocida? ¿Para imponerle una condena que no va a cumplir por tratarse de su primer delito? ¿O sea que a todos nos corresponde por ley un delito "gratis", sin pagar por ello? Pero, ¿qué broma es esta? ¡Ah! Y luego seguimos demostrando nuestra inteligencia contratando a la misma elementa que nos robó para nuevos bolos pagados con más dinero público. Sí que nos repugna la corrupción... sí.

Sin embargo, no son esos casos de portada los más indignantes. Para mí son más flagrantes los que comenté antes, porque atentan contra los derechos más básicos de las personas.

La seguridad ciudadana es peor que nunca. La gente de bien ya no puede pasear por la calle ni sentirse segura en casa o en el trabajo sin temer que la asalten, la agredan, la amenacen o la intimiden, porque tiene menos derechos que los criminales. ¿Quién puede extrañarse entonces de que haya cada vez más? Camorristas y maleantes de medio mundo saben de las ventajas que les ofrece un país como el nuestro, así que acuden en masa para unirse a los autóctonos —ya de por sí abundantes— y perpetrar todas las fechorías imaginables. Siempre cuentan con algún atenuante legal al que acogerse para esquivar o reducir sus penas: enajenación, ser menor, ir bebido, ir drogado... Pero, ¿en qué cabeza cabe? ¿Consumir alcohol y drogas un atenuante? ¡En todo caso será un agravante! ¿O acaso le han obligado a tomarlas? Es que tiene cojones. Lo que está diciendo la ley es: "Eh, cuando vayáis a cometer el crimen no os olvidéis de colocaros antes hasta las cejas, que tiene premio."

Si otros países tienen menos delincuencia no es solo porque sean más civilizados, sino porque tienen más miedo a las consecuencias. Las autoridades no se andan con chorradas, así que muchos se lo piensan dos veces antes de hacer cualquier tropelía.

Hoy por hoy, en España sale más a cuenta ser DELINCUENTE.

¡¡¡Y NO HAY DERECHO!!!
"El mundo es un lugar peligroso; no por las personas que hacen el mal, sino por las que no hacen nada al respecto."
- Albert Einstein -

viernes, 3 de mayo de 2013

Responsabilidad, madurez... EDUCACIÓN

Algo bueno de salir a otros países es que te percatas de las cosas que hacen de manera muy diferente al tuyo. Así, al comparar los modos de actuación en diversos asuntos, se comprende perfectamente porqué cada uno está como está. Por desgracia, no se exige esta experiencia para dedicarse a la política. Solo mediante la observación y el sentido común aprenderían más que en sus universidades privadas, sus escuelas de negocios y sus emebeás superelitistas. Ningún país en el mundo es un modelo perfecto, pero hay que aprender de aquellas virtudes que otros tienen y nosotros no. 


En la entrada anterior di mi opinión acerca de cómo romper el círculo vicioso en el que España está inmersa. Como dije entonces, creo que eso solo puede lograrse por la vía del conocimiento y el esfuerzo, piedras angulares de cualquier país avanzado. Solamente en torno a eso se construye una sociedad más capacitada, más próspera, más madura y más respetuosa. Con todas las objeciones que se le quieran poner —que las hay—, Alemania es un ejemplo de esto. 

Aquí la gente alcanza un mayor grado de madurez mucho antes que en España. Me ha sorprendido a menudo encontrarme personas de corta edad con la cabeza muy bien amueblada, que hablan con criterio y responsabilidad de temas muy serios. A mi modesto entender, esa actitud rara avis entre la juventud española es debida a la educación recibida en todos los ámbitos desde muy pequeños. Responsabilidad, esfuerzo y formación son valores clave que se potencian en todo momento, tanto en el seno familiar como fuera de él.

A diario veo a los críos que vienen con sus mochilas de la escuela. No levantan un palmo del suelo, pero van caminando, en bici o en bus, sin que los acompañe ningún adulto. No es necesario. Esos pequeños cabroncetes ya pueden hacerlo solos.

Pocos años más tarde, siendo tan solo unos niños, ya toman contacto con sus primeras experiencias laborales. Es normal verlos repartiendo periódicos, folletos de ofertas o la hoja parroquial a cambio de un dinerito con el que se financian sus pequeños caprichos. Pero incluso a esa temprana edad surge la semilla de futuros emprendedores. Hace solo unos días vi un cartel por la calle que me llamó la atención. Era un folio DIN-A4 pegado en una farola, en el cual figuraba la foto de unos perritos a todo color. En la parte inferior tenía los típicos cortes para arrancar el trocito de papel con el número de teléfono. A primera vista pensé que se trataría de un anuncio por un perro perdido, unos cachorros regalados o algo así. Cuál fue mi sorpresa cuando me acerqué y leí lo siguiente:

"Cuidadora de perros. 11 años. Responsable y muy cariñosa con los animales."

A-CO-JO-NAN-TE. Subrayo la edad porque tiene bemoles la niña. Con 11 añitos y toda una empresaria en ciernes... Pues eso, los niños pasean, cuidan o dan de comer a los perros por un dinerillo. Y los "clientes" los contratan a pesar de su edad porque saben que pueden fiarse, además de para fomentar esa toma de responsabilidad temprana. A muchos esto le parecerá una chorrada, pero a mí me parecen cosas extremadamente significativas, porque sientan las bases de lo que viene después.

Cuando llegan a la adolescencia, cuentan con unos mecanismos de integración al mercado laboral dignos de mi admiración. La formación que reciben los chavales es increíble. No entro a valorar la que reciben en las aulas o en los libros, porque no la he visto. Yo hablo de la formación de verdad, la que se adquiere con las manos en la masa al lado de los que saben, y no chapando lecciones para repetirlas como un loro.

Todos los meses llega a cada empresa una nueva remesa de estudiantes en prácticas. Yo alucinaba las primeras veces que vi a chicos de 14 o 15 años donde trabajaba. Era algo tan desconocido para mí que pensaba si sería una jornada de puertas abiertas o quizá los hijos de algún empleado esperando a su padre. Pero no. A esa edad, los chicos toman su primer contacto con el mundo real. Realizan tareas que no se limitan a cargar cajas y hacer los recados. Asumen ya desde entonces responsabilidades y encargos serios. Empiezan a aprender lo que es un oficio y lo que es la vida. En otras palabras: maduran como personas.

Asimismo, llegan también estudiantes universitarios. Aquí es inconcebible terminar una carrera sin haber realizado unas prácticas en empresa. Y unas prácticas son unas prácticas, no una pantomima. Os garantizo que los trabajos que hacen son muchas veces imprescindibles, más importantes incluso que los de alguna gente que está en plantilla. Aportan nuevas ideas, frescura y el empuje propio de la juventud, que unidos a la experiencia de los veteranos con los que colaboran producen mejoras muy valiosas para la empresa.

Por eso no es casualidad que las empresas se rifen a los estudiantes. Mantienen una feroz competencia por atraerlos, y el abanico de opciones que tienen ellos para elegir es sencillamente envidiable. Y claro, habiendo demostrado su capacidad durante las prácticas, ¿qué empresa va a dejarlos escapar? Ninguna con dos dedos de frente. La práctica totalidad de los que entran en prácticas reciben una oferta de contrato de trabajo al concluir ese periodo, incorporándose así inmediatamente al mercado laboral.

Pero no termina ahí la cosa. Durante todo ese proceso, son muchos los que adquieren conocimientos y madurez suficiente como para dar el salto y crear su propia empresa. Y manteniendo el estrecho contacto empresa-universidad, pueden seguir desarrollando productos innovadores que las hacen crecer. Esas nuevas empresas generarán más riqueza para la región y a su vez servirán como trampolín para otros profesionales en el futuro. Habrá cada vez mejores opciones para no tener que marcharse a otra parte.

Este es, ni más ni menos, el círculo virtuoso al que hacía referencia la semana pasada. 

Y como todo va unido, es obvio que los beneficios de esa educación van más allá del ámbito académico y laboral. Unos jóvenes más maduros y responsables son infinitamente más respetuosos. No adquieren hábitos dañinos, no cometen actos vandálicos, no adoptan la destrucción por pasatiempo y no emplean gratuitamente la violencia. Se independizan inmediatamente de sus padres y no se convierten en perennes parásitos. En definitiva, gozan de una vida más plena: viven y dejan vivir.
"Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela."
- Albert Einstein -

viernes, 26 de abril de 2013

Emigrar no es la solución

Hace unas cuantas entradas ya dejé caer que los acontecimientos ocurridos han cambiado notablemente mis puntos de vista sobre determinados asuntos. Con la perspectiva que dan el tiempo y las experiencias vividas, ya no creo que emigrar sea la mejor solución de futuro, ni la decisión más valiente. Y haber fallado en mi intento no es el motivo para cambiar de idea, hubiese llegado a la misma conclusión antes o después. El fracaso solo me ha abierto los ojos más deprisa.
"Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo."
- Albert Einstein -


En el pasado, los nuestros han salido de España en momentos en que estaba más que justificado. Era una obligación si no querías morirte de hambre. Pero creo que la emigración de hoy en día es muy diferente. La sociedad actual es cada vez más egoísta y ambiciosa. No nos conformamos con nada, todo lo que tenemos es poco, siempre queremos más y lo queremos cuanto antes. Por eso nos vamos buscando reconocimiento, prestigio, plan de carrera, ganar más dinero... con la justificación de que en nuestro país no hay nada decente.

Por supuesto, no solo es legítimo sino comprensible también. Lo que yo me pregunto es, ¿qué pasaría si todo ese talento exportado lo aprovechásemos nosotros mismos? ¿Habéis pensado en el futuro que tiene un país como España, en el que más de la mitad de los jóvenes no tiene trabajo y el resto decide largarse? La respuesta es obvia: ninguno.

Los que hemos optado por irnos hemos oído a menudo cosas del tipo: "¡qué huevos tienes!" o "¡hay que tenerlos cuadrados!".

No estoy de acuerdo.

Valiente es el que se queda en su pueblo peleando día tras día para sacar adelante un pequeño negocio, con más pena que gloria, acuciado por la crisis y pisoteado por la dictadura infame de un sistema financiero que goza del mecenazgo político. Yo creo que lo más fácil en una situación como esta es abandonar el barco, no quedarse.

Sin embargo, si cuando vienen mal dadas nos marchamos a las primeras de cambio, nos estamos haciendo un flaco favor a la larga. Si todo nuestro talento se pone al servicio de otros, serán siempre otros los que se beneficien, mientras que nuestro país seguirá sumiéndose en su propia inmundicia. Así jamás tendremos la opción de cambiar nuestra realidad, no llegará el día en que tengamos alternativas decentes para quedarnos en vez de emigrar. No basta con protestar y pedir un país digno al que regresar. Si es eso lo que queremos de verdad, tenemos que luchar por ello, no largarnos dejando el camino expedito a los gusanos que lo destruyen.

ESE CAMBIO DEBEMOS HACERLO NOSOTROS. Nadie más lo hará. En lugar de salir corriendo a trabajar para empresas foráneas que nos saquen de un país sin futuro, tenemos que luchar por un futuro en nuestro país. Necesitamos crear valor añadido, atrevernos a hacer cosas que aporten riqueza a largo plazo, que sean soluciones de futuro y no parches temporales, no agarrarnos a la primera anodina oposición que aparezca solo movidos por el afán de lograr una plaza de por vida, apartarnos de actividades especulativas y facilonas que solo llenan los bolsillos ya rebosantes de unos pocos, renunciar a ser un simple país de bares, turismo y servicios... Toda esa mierda ha demostrado ser pan para hoy y hambre para mañana. Puede que a ti te resuelvan la vida por un periodo de tiempo, pero tus hijos volverán a verse obligados a emigrar y a alejarse de sus raíces.

Conocimiento y esfuerzo. Ese es el único camino.

El que aún no haya abierto los ojos que le eche un vistazo a los datos de desempleo. Las zonas de turismo y ladrillo rondan o superan con creces el 30% de paro, en contraposición a las que viven de industria y tecnología. Hace tiempo que el País Vasco es el ejemplo más evidente de esto, un modelo a seguir para toda España con su tejido industrial y su dedicación al I+D.

Para revertir la situación debemos, en primer lugar, formarnos. Formarnos muy bien, desde muy pronto, como hacen en los países avanzados. Y sí, parte de esa formación debería hacerse en el extranjero durante un tiempo. Todos deberíamos hacerlo a modo de aprendizaje, para abrir nuestra mente y adquirir nuevas ideas. Pero solo temporalmente. Tendríamos que absorber lo mejor de esos sitios y luego volver para aplicarlo en nuestros lugares de origen. Eso nos haría crecer. El problema es que ahora lo hacemos justo al contrario. Trasladamos todo nuestro potencial al extranjero, donde son otros quienes lo aprovechan. Así se retroalimenta este círculo vicioso. 

Luego, una vez formados (aunque ese debe ser un proceso sin fin), debemos poner en práctica lo que sabemos. Pero no solamente dando lo mejor de uno mismo para terceros, sino también creando recursos por cuenta propia. Debemos cooperar, asociarnos y complementarnos para sacar adelante proyectos que rompan esta tendencia y generen valor. Así convertiríamos el círculo en virtuoso.

Es evidente que la paupérrima legislación existente no ayuda nada, pero creo que nos falta iniciativa y cultura de emprendimiento. La tendencia ha ido cambiando en los últimos años (más por necesidad que por convicción) pero, en general, cuando el empleo escasea cerca nos vamos lejos a buscarlo. Preferimos desplazarnos para seguir trabajando por cuenta ajena que quedarnos e intentar levantar algo propio. Nos resulta más cómodo trabajar para otros y que sean ellos los que se rompan la cabeza. Pensamos incluso que es una opción "más segura" que arriesgarse a montar un negocio, aunque no siempre es así.

No pretendo ir de listillo, yo soy tan culpable como el que más. Pero, una vez abiertos los ojos, no voy a resignarme sin pelear. Y cada uno pelea como puede. Las movilizaciones son una manera de hacerlo, pero hay otras que pueden ser efectivas, aun siendo más silenciosas. Por eso espero volver tan pronto me sea posible y poner mi granito de arena para cambiar la situación actual. Puede que acierte o puede que no, pero estaré infinitamente más orgulloso y satisfecho de lo poco o mucho que haga, porque lo estaré haciendo con los míos y para los míos. Y eso para mí vale más que el dinero y el plan de carrera.
"En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada."
- Franklin D. Roosevelt -

viernes, 8 de marzo de 2013

3 "consejos" para fracasar en Alemania (I)

Cuando nos pasa algo malo (como quedarnos en paro), una de las preguntas que suelen venirnos a la cabeza es: ¿pero qué he hecho yo para merecer esto? Para responderla tendemos primero a buscar culpas externas, lo cual es legítimo además de cierto en gran medida. Despotricamos de que la empresa es tal o la empresa es cual, que la crisis tiene la culpa, que yo no merecía esto, etc, etc. Sin embargo, a menudo olvidamos la parte de responsabilidad que nos toca en el suceso.

Algo habremos hecho mal para vernos envueltos en tal calamidad. ¿O no?

Como anuncié en la presentación del blog, quiero ser crítico con muchas cosas. Pero considero que, para ganarse el derecho a criticar algo, primero debes criticarte a ti mismo. Por eso quiero empezar, con esta entrada, una serie titulada "3 consejos para fracasar en Alemania", donde describiré las principales equivocaciones que yo cometí para meterme en este hoyo.

En la lista de errores que me atribuyo, el primero tiene que ver con el idioma, un tema absolutamente crucial.


Antes de venir, yo tenía un gran concepto de los alemanes en este sentido. Las estadísticas reflejan claramente que el nivel medio de inglés en Alemania es bastante superior al de España, algo que por otra parte coincide con el sentir general. Precisamente por eso, me creí inocentemente que con mi buen nivel de inglés podría hacer una vida normal a pesar de no hablar nada de alemán cuando llegué. ¡CRASO ERROR!

Venir a Alemania sin hablar alemán aumenta tus probabilidades de fracaso enormemente. Y no por casualidad subrayo el verbo 'hablar', porque entre 'saber' alemán y 'hablar' alemán hay una diferencia notable (los que habéis pasado por ello me entenderéis). Puedes saberte un montón de palabras a base de chapar vocabulario, incluso ser capaz de juntar dos o tres en una misma frase. Pero de ahí a HABLAR va un mundo. Y no te cuento para entender lo que ellos te dicen, especialmente en según qué zonas... Incluso un nivel medio de alemán no es suficiente en muchas situaciones, pero ya si tu nivel es bajo o nulo, date por jodido.

En este aspecto, el alemán es muy distinto de otras lenguas en las que, tan pronto te aprendes una palabra, estás en disposición de usarla (p. ej. el inglés). Aquí no basta con saberse una palabra para poder utilizarla. Debes saberte también sus declinaciones, plural, género (que no siempre es tan obvio como imaginas)... o de lo contrario serás incapaz de colocarla con sentido en una frase.

Sinceramente, he de admitir que infravaloré la dificultad de este idioma (o sobrevaloré mi capacidad, no lo tengo claro...). Siempre se me han dado bien los idiomas, así que supuse que este sería uno más. Pero no fue así exactamente.

La fama de difícil que tiene el alemán no es gratuita. Sus palabras infinitas rebosando consonantes por los cuatro costados, sus declinaciones o sus 8 vocales en vez de 5 tienen parte de culpa. Pero si tengo que elegir lo que más me irrita de esta lengua, diría que es su exceso de arbitrariedad y falta de lógica, algo de lo que te percatas cuando empiezas a profundizar en su aprendizaje. Recuerdo que esto me llamó mucho la atención, porque no concuerda con el carácter pragmático que se le presupone a sus hablantes. Tal obstáculo se pone de manifiesto, por ejemplo, al asignar el lugar correcto a cada palabra según de qué oración se trate y la función que en ella cumple dicho vocabloAdemás, cada regla presenta más excepciones que ejemplos.

Por estas y otras razones, el sistema resulta caótico y genera verdaderos dolores de cabeza. Y el desacuerdo existente entre los propios nativos a la hora de dar una explicación coherente al respecto, tiene efectos dramáticos en la moral del que está aprendiendo. Muchos hablan el alemán "por sensaciones", o sea, no saben decirte porqué es así, sólo saben que así suena bien y por eso debe ser correcto (¿?).

¡Mátame camión!

Para más pruebas de los infames e intrincados recovecos de esta lengua, quiero remitiros al ensayo que Mark Twain le dedicó hace más de un siglo, tras arduos esfuerzos por comprenderla. Se titula "El horrible idioma alemán" (aquí lo encontraréis traducido al español) y merece la pena leerlo hasta el final. Sencillamente genial.

En resumidas cuentas, lo que quiero transmitir con todo esto es que es muy, pero que muy recomendable, llegar aquí hablando alemán. Tendrás una cantidad de terreno ganado bestial. De lo contrario, te estrellarás contra un muro en cualquier cosa que trates de hacer, hasta lo más sencillo y cotidiano.

Ten en cuenta que, el ciudadano alemán medio puede dominar mejor el inglés de lo que lo hace el español medio, pero a la vez siente mucho más orgullo de su lengua y de su país. Esto lo demuestran muchas empresas demandando un alto dominio del alemán, muy superior al "nivel medio", incluso para optar a puestos que no exigen necesariamente habilidades lingüísticas.

Curiosamente este no fue mi caso, ya que me contrataron a pesar de advertirles de mi completo analfabetismo en su lengua. Quizá por eso, cometí este error. Conseguir el trabajo sin hablar alemán me hizo pensar que ese era un tema secundario y menor.

"Ya lo iré aprendiendo", me decía a mí mismo.

No podía estar más equivocado.

Esto me causó desde el primer día serias dificultades a pesar de contar con el inglés para sobrevivir. Pero es que además, seguí agravando el error al no medir bien la importancia del factor idioma. Debido a múltiples circunstancias que escaparon a mi control no tuve la dedicación necesaria para hablarlo bien, lo cual se ha terminado convirtiendo en una poderosa arma en mi contra.

Estudié muy poco alemán desde que llegué, lo que sé es fundamentalmente por inmersión (escuchar, leer, hablar, escribir...). Y puedo decir que, aun con cantidad de errores, me defiendo con cierto decoro en un buen número de contextos (incluso a veces sorprendentemente mejor de lo que creo). Sin embargo, los hechos demuestran que no es suficiente. Y por eso, me avergüenza reconocer que tras dos años viviendo aquí, mi nivel de alemán representa el mayor de los obstáculos para encontrar trabajo.

¡No cometáis el mismo error!
"Una persona inteligente puede aprender inglés (excepto gramática y pronunciación) en treinta horas, francés en treinta días y alemán en treinta años. Queda en las manos de quienes podrían, enderezar y reparar la tercera lengua mencionada. En caso de que así permanezca, debería ser presentada, amable y respetuosamente, como una de las lenguas muertas, pues sólo los muertos tienen suficiente tiempo para aprenderla."

- Mark Twain -
¿Has tenido experiencias en este sentido? ¿Destacarías otras dificultades del alemán?

Lee también:
3 "consejos" para fracasar en Alemania (II)
3 "consejos" para fracasar en Alemania (y III)

domingo, 3 de marzo de 2013

Definamos fracaso

El fracaso (y el éxito) es claramente un concepto subjetivo. Lo que para unos es un fracaso estrepitoso, para otros puede ser un hecho apenas sin importancia. Todo depende de la óptica con que se mire y de las circunstancias. Por otro lado, el fracaso es un término tan denodado que usarlo suena casi apocalíptico. Yo afirmo que he fracasado, pero eso no significa que esté meditando la mejor manera de suicidarme. Y por supuesto, fracasar no implica ser un fracasado, sino que has intentado algo y te ha salido mal, nada más (y nada menos). Reconocerlo y asumirlo es el primer paso ineludible para ser capaz de rentabilizar el error en forma de aprendizaje.



Dicho esto, voy a poneros en situación para que cada uno decida cómo valorarla.

Hasta hace un par de años trabajaba en una empresa (llamémosle SA) de relativa importancia en el sector industrial-tecnológico. Me gustaba el trabajo y además me permitía vivir en mi ciudad de origen, donde me encontraba muy a gusto. Sin embargo, el desgaste del tiempo, la profunda inestabilidad de la empresa azotada por la crisis y otros factores personales, me hicieron sucumbir a los cantos de sirena de la emigración alemana. Siempre me sentí atraído por este país y ya llevaba tiempo barajando la idea (como algo remoto, eso sí), por lo que fue desde el principio mi primera elección. Naturalmente, el panorama paradisíaco transmitido por ciertos programas televisivos también tuvo su influencia.

Así que, tras darle infinidad de vueltas en la cabeza, me decidí. Cerré mi acuerdo con una multinacional alemana (que vamos a llamar AG) y me dispuse a cambiar de país (y de vida). Aquellos que odiéis profundamente las mudanzas, como yo, no podéis ni imaginaros la locura que es hacer una internacional, ¡convierte a las otras en un juego de niños! Sobre todo cuando vas a lo desconocido. Pero nada, me até la manta a la cabeza, metí lo que cabía de mi vida en un coche y puse rumbo a Alemania, la tierra donde esperaba recibir el ansiado reconocimiento profesional del que todos nos creemos merecedores (¿o no?).

Y por fin, aquí estaba yo, en la Meca de la tecnología, trabajando como ingeniero en la sede central de una sólida empresa (eso creía yo) con presencia en varios países de todo el mundo y con un sueldo que superaba con creces el doble del que tenía en España. A pedir de boca, ¿no? Ya. El problema fue que hasta aquí duró el cuento de hadas. Es como en las películas románticas, que cuando los protagonistas se casan, suena la música, se dan el beso de rigor y salen los títulos de crédito. Ya no muestran cuando luego el marido deja la tapa del váter abierta y se tira pedos por toda la casa o cuando la mujer atasca el desagüe con los pelos que se le caen. Pues ahí donde los cuentos acaban, la vida real continúa. Y desde ese mismo momento, la situación se fue tornando bien distinta hasta encontrarme en el paro dos años después, a causa de la delicada situación financiera por la que AG atraviesa (una verdadera paradoja).

Por cierto, a todo esto, SA, la empresa titubeante de la que me fui, sigue con vida. ¿No es irónico? Bueno, en honor a la verdad diré que han sufrido un ERE al mismo tiempo que yo perdía mi trabajo aquí. Parece que era cosa del destino...

En fin, lo que ocurrió en esos dos años será objeto de otra entrada, donde expondré algunas de las causas que provocaron este revés que yo llamo fracaso. Y tú, ¿cómo lo valorarías?

Como reflexión final sobre fracaso, dejo las palabras de Michael Jordan en un anuncio para su patrocinador de ropa deportiva (puedes verlo aquí). Se ha puesto muy de moda usarlo en charlas de motivación para emprendedores, pero es totalmente aplicable a otras facetas de la vida.
"He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. En 26 ocasiones me han confiado el tiro decisivo del partido... y lo he fallado. He fracasado una, y otra, y otra vez en mi vida. Y es por eso, que tengo éxito."
- Michael Jordan -

viernes, 1 de marzo de 2013

¿Porqué este blog?

Parte de la respuesta reside en la siguiente cita:
"El éxito tiene muchos padres, el fracaso es un huérfano."
- John F. Kennedy -
JFK pronunció estas palabras para asumir la responsabilidad tras su fiasco en Bahía de Cochinos. Ahora servirán para inspirar la primera entrada de este blog, que comienza justo el día en el que he pasado oficialmente a engordar las escuálidas cifras del paro alemán.


Nos hemos acostumbrado a ver en la tele esos programas que tanto han proliferado en los últimos tiempos, los cuales obedecen en su mayoría a nombres del tipo "x por el mundo", donde x equivale a españoles, gallegos, madrileños, andaluces... En ellos suelen mostrarse las vidas extraordinarias de gente emigrada a países maravillosos donde todo es sensacional, tienen una casa de ensueño, tres hijos, dos Mercedes y un largo etcétera de comodidades, por citar sólo algunas cosas. Es inevitable, está en la naturaleza de las personas el exhibirse ante los demás para mostrar sus logros, y a los demás nos encanta escuchar obnubilados esos relatos de éxito que nos transportan a un mundo desconocido de fantasía, especialmente en estos tiempos que corren. Evidentemente, eso vende mucho más que mostrar a los que han corrido peor suerte y, por un motivo u otro, la experiencia les ha salido "rana". No es casualidad que una búsqueda en Google del término "fracaso" arroje aproximadamente 30.000.000 de resultados, mientras que el término "éxito" nos da casi cinco veces más, 149.000.000 nada menos. El fracaso es pues, ese gran despreciado del que nadie quiere saber nada.

Provengo de un lugar fuertemente ligado a la emigración históricamente. Allí es habitual encontrarse con ese estereotipo de emigrante al que le ha ido de cine, se ha forjado un patrimonio inmenso y es envidiado admirado por todos mientras pasea por el pueblo su cochazo cuando vuelve en vacaciones. Por eso, muchos nos hicimos inconscientemente a la idea de que en eso consistía la emigración: irse a otro país, hacerse muy rico y volver para exhibirlo. Los programas televisivos antes mencionados han ahondado más si cabe en esa falsa creencia. Pero no todos cumplimos con ese paradigma de emigrante triunfador. Uno también puede fracasar en esa aventura, incluso en Alemania, tierra prometida y paraíso del empleo y del bienestar. Y eso también debe contarse, eso también debe saberse. De lo contrario serán más los que se lancen a la aventura alegremente, ignorando la verdadera realidad hasta que se dan de bruces con ella.

Entre los pocos que han contado esta cara oscura están Jordi Évole y su equipo, que han firmado varios capítulos magistrales a este respecto en su programa "Salvados". En este sentido, destaco también algunos blogs, especialmente el de "Una Mamá Española en Alemania", con una genial y elegante ironía, el de "Pepe, Pepito, Pepa que viene Merkel. Trabajo cualificado en Alemania", que explica muy bien múltiples avatares a los que uno se enfrenta cuando decide venirse a Alemania y el de "Berlunes", que reparte asiduamente ácidas críticas a diestro y siniestro (además de ofrecer una interesante bolsa de trabajo). Todos ellos llevan mucho más tiempo contando "las verdades del barquero" y me han inspirado de una u otra manera, así que es de ley citarlos aquí. Si te estás planteando  emigrar, te recomiendo muy seriamente echarles un vistazo, así como también a este excelente artículo de Spaniards.es, el cual suscribo de principio a fin. Disculpadme aquellos a los que no hago mención, seguro que hay más pero estos son los que conozco por ahora.

Por todo lo dicho este blog pretende dar otra visión de las cosas, una perspectiva realista en la que el fracaso también existe. Y no sólo existe. Además no tiene porqué ser necesariamente algo negativo, sino uno de los mejores instrumentos de aprendizaje para el ser humano. De hecho, a mi me ha enseñado muchísimo. Ese es el motivo de haber escogido semejante título para el blog. Voy a ser crítico con muchas cosas, pero sobre todo autocrítico, práctica por desgracia poco frecuente en nuestra sociedad gobernada desde el principio del "y tú más". Esto, sin embargo, no implica que sólo vaya a hablar de fracaso, naturalmente. Dependerá del ánimo que tenga ese día, pero habrá sitio para hablar de lo bueno, de lo malo y de lo regular. Generalmente irá en relación con la emigración, aunque no descarto tocar otros palos también. Alemania es mi lugar de destierro, y por eso acaparará casi todos los focos, pero estoy convencido de que las historias son totalmente trasladables a otros paises. De ahí que considere este no como un blog de emigración a Alemania exclusivamente, sino más bien de emigración a secas.

Quiero dejar muy claro que no soy un experto en nada (mucho menos en blogs, así que perdón de antemano por los fallos que cometeré). Este blog no va de eso, no pretendo sentar cátedra. Aquí voy a dar simple y llanamente mi opinión (¡para eso es mi blog!) y contar mis experiencias, que no serán siempre coincidentes con las de otra gente, por supuesto. Así pues, no entraré en los típicos debates vacíos tipo "...pues yo conozco alemanes que son más salaos que muchos españoles...". Ya adelanto que muchas veces diré cosas que no gustarán; si buscas corrección política, este no es tu sitio. En caso contrario, si además de leer te apetece participar y comentar de forma constructiva, considérate bienvenido. Por último, salta a la vista que la apariencia del blog es muy sencilla (por no decir cutre). Ya he dicho que no soy un experto y, además, espero que lo importante sea el contenido. Le daremos un lavado de cara más adelante si procede.

Esta experiencia arranca sin muchas pretensiones. No me gusta prometer lo que no puedo cumplir. No sé cada cuánto escribiré (lo haré cuando me apetezca) ni hasta cuando (supongo que mientras tenga algo que decir y alguien que me lea). Sólo sé que de momento aquí empieza esto; ya veremos lo que da de sí.