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viernes, 31 de mayo de 2013

¡Harto de la tolerancia!

Se deduce del título que hoy vengo caliente y voy a despacharme. Esto se aparta ligeramente del tema del blog —o puede que no tanto, pero por algún sitio tengo que explotar. ¡Y es que ya está bien, joder! Ya está bien de tanta desfachatez. Lo de nuestras leyes, nuestra justicia y nuestra tontería ya apesta. Que me tachen de tirano, de déspota radical o de lo que quieran, pero: 

¡¡TOLERAR LO INTOLERABLE NO ES TOLERANCIA!! ¡¡ES ESTUPIDEZ!!


La crónica de sucesos parece calcada día tras día. La misma infamia insoportable. Acabo de ver una de tantas. No es la primera ni será la última.

CASO A: Un hombre se acerca a otro —compañero suyo de trabajo— y, sin mediar palabra ni discusión alguna, le clava un cuchillo. No contento con eso, le clava un segundo cuchillo antes de tirarlo al mar con ambas armas todavía clavadas. La víctima sobrevive, milagrosamente. Gracias a eso, el agresor será juzgado únicamente por intento de asesinato. Con la mayor desvergüenza de la que un ser humano es capaz, el abogado defensor explica ante los periodistas que pedirá para su cliente la LIBRE ABSOLUCIÓN. Alega que su defendido está diagnosticado de una alteración psíquica, para la que toma medicación. Me encantará saber si opina lo mismo cuando le toque a él ser la víctima. O a su mujer. O a sus hijos. Porque, sí, señor letrado, a usted también le tocará antes o después. Tan solo es cuestión de tiempo. A todos nos tocará si nadie lo remedia.

CASO B: Desvalijan un bar en mitad de la noche. Para los propietarios ya ha dejado de ser noticia. Es la QUINTA vez que lo sufren en los últimos dos meses. Tanto es así, que los destrozos causados en el mobiliario son más cuantiosos que el dinero robado en metálico. El seguro les ha dicho que se vayan buscando otra compañía cuando venza el contrato, ya no quiere saber nada de ellos. Ante tal tesitura, probablemente tendrán que cerrar y buscarse la vida de otro modo, si es que lo hay. 

CASO C: Atracan a mano armada a una octogenaria que vive sola en un pequeño pueblo. Dos individuos —fijaos qué valientes le propinan una atroz paliza a la anciana para robarle la miserable pensión de la que malvive. ¡Coserlos el uno al otro por las pelotas con agujas de calcetar sería poco!

CASO D: Más de lo mismo. La víctima es una mujer de 50 años en silla de ruedas. Le roban tres bolsos que tenía en casa. Tres de los cinco individuos que participaron en el delito, se emplearon a fondo para "neutralizar" a la inválida señoragolpeándola con una barra de hierro.

CASO E: Vehículo siembra el pánico a más de 150 km/h por una ciudad. Invade repetidamente el carril contrario y obliga a otros coches a salirse de la calzada para evitar la colisión. La policía solo puede darle el alto. Por nada del mundo tienen permitido emplear medios más contundentes —sería una muestra de fascismo total—, a pesar de que el conductor asesino pone en riesgo la vida de muchas personas. Cuando le echan el guante comprueban que va borracho y sin carné, aparte de acumular unas ¡100! denuncias anteriores de tráfico. Bien. Pues ya tiene 101. Ahora a por la próxima. Este también matará a alguien antes o después. Falta saber a quién. ¿A ti? ¿A mí? ¿?

Etc, etc, etc... Podría seguir enumerando hasta aburrirme.

Toda esta mierda ocurre CADA DÍA en España. Y todos los casos tienen un denominador común. Los delincuentes, en caso de que los cojan, entran por una puerta de la comisaría y salen por otra. En 48 horas, esa basura humana está de nuevo en la calle para seguir delinquiendo a sus anchas. Pero es que la alternativa es casi peor. Si llegan a meterlos en la cárcel, acumulan condena tras condena toda su vida. Allí les damos de comer y de beber, y una cama donde dormir a pierna suelta. Así hasta que salen y cobran, cómo no, los correspondientes subsidios. No vaya a ser que se sientan discriminados por la insensible sociedad. A partir de 6 meses de cárcel, perciben entre 6 y 18 meses de subsidio. ¡Hala, a vivir y seguir dando palos!

Y ojo. Que no se te ocurra defenderte de uno que entra a TU casa con la intención de darte una paliza a ti y a tu familia. ¡Entonces te vas tú a la cárcel! No no. Debes esperar a que él te dispare y, cuando estés herido de muerte, solo ahí, tienes quizá derecho a pedirle, por favor, que deponga su actitud o te verás obligado a afearle la conducta.

¡Venga-a-tomar-por-culo-ya!

Autoridad y MANO DURA de una vez, eso es lo que hace falta.

Mientras nadie le pare los pies a esos inmundos sacos de mierda, seguiremos viendo casos iguales todos los días. Mientras políticos, jueces, policía y sociedad en general no se atrevan a poner los huevos encima de la mesa y decir "ESTO SE ACABÓ", España seguirá siendo un paraíso para toda esa pléyade de atracadores, asesinos, violadores, estafadores y criminales varios que se regodean en la impunidad de sus despreciables actos.

Lo mismo puede decirse de otros delitos más mediáticos. ¿Para qué se representa un patético sainete en el que se juzga a cierta folclórica archiconocida? ¿Para imponerle una condena que no va a cumplir por tratarse de su primer delito? ¿O sea que a todos nos corresponde por ley un delito "gratis", sin pagar por ello? Pero, ¿qué broma es esta? ¡Ah! Y luego seguimos demostrando nuestra inteligencia contratando a la misma elementa que nos robó para nuevos bolos pagados con más dinero público. Sí que nos repugna la corrupción... sí.

Sin embargo, no son esos casos de portada los más indignantes. Para mí son más flagrantes los que comenté antes, porque atentan contra los derechos más básicos de las personas.

La seguridad ciudadana es peor que nunca. La gente de bien ya no puede pasear por la calle ni sentirse segura en casa o en el trabajo sin temer que la asalten, la agredan, la amenacen o la intimiden, porque tiene menos derechos que los criminales. ¿Quién puede extrañarse entonces de que haya cada vez más? Camorristas y maleantes de medio mundo saben de las ventajas que les ofrece un país como el nuestro, así que acuden en masa para unirse a los autóctonos —ya de por sí abundantes— y perpetrar todas las fechorías imaginables. Siempre cuentan con algún atenuante legal al que acogerse para esquivar o reducir sus penas: enajenación, ser menor, ir bebido, ir drogado... Pero, ¿en qué cabeza cabe? ¿Consumir alcohol y drogas un atenuante? ¡En todo caso será un agravante! ¿O acaso le han obligado a tomarlas? Es que tiene cojones. Lo que está diciendo la ley es: "Eh, cuando vayáis a cometer el crimen no os olvidéis de colocaros antes hasta las cejas, que tiene premio."

Si otros países tienen menos delincuencia no es solo porque sean más civilizados, sino porque tienen más miedo a las consecuencias. Las autoridades no se andan con chorradas, así que muchos se lo piensan dos veces antes de hacer cualquier tropelía.

Hoy por hoy, en España sale más a cuenta ser DELINCUENTE.

¡¡¡Y NO HAY DERECHO!!!
"El mundo es un lugar peligroso; no por las personas que hacen el mal, sino por las que no hacen nada al respecto."
- Albert Einstein -

viernes, 3 de mayo de 2013

Responsabilidad, madurez... EDUCACIÓN

Algo bueno de salir a otros países es que te percatas de las cosas que hacen de manera muy diferente al tuyo. Así, al comparar los modos de actuación en diversos asuntos, se comprende perfectamente porqué cada uno está como está. Por desgracia, no se exige esta experiencia para dedicarse a la política. Solo mediante la observación y el sentido común aprenderían más que en sus universidades privadas, sus escuelas de negocios y sus emebeás superelitistas. Ningún país en el mundo es un modelo perfecto, pero hay que aprender de aquellas virtudes que otros tienen y nosotros no. 


En la entrada anterior di mi opinión acerca de cómo romper el círculo vicioso en el que España está inmersa. Como dije entonces, creo que eso solo puede lograrse por la vía del conocimiento y el esfuerzo, piedras angulares de cualquier país avanzado. Solamente en torno a eso se construye una sociedad más capacitada, más próspera, más madura y más respetuosa. Con todas las objeciones que se le quieran poner —que las hay—, Alemania es un ejemplo de esto. 

Aquí la gente alcanza un mayor grado de madurez mucho antes que en España. Me ha sorprendido a menudo encontrarme personas de corta edad con la cabeza muy bien amueblada, que hablan con criterio y responsabilidad de temas muy serios. A mi modesto entender, esa actitud rara avis entre la juventud española es debida a la educación recibida en todos los ámbitos desde muy pequeños. Responsabilidad, esfuerzo y formación son valores clave que se potencian en todo momento, tanto en el seno familiar como fuera de él.

A diario veo a los críos que vienen con sus mochilas de la escuela. No levantan un palmo del suelo, pero van caminando, en bici o en bus, sin que los acompañe ningún adulto. No es necesario. Esos pequeños cabroncetes ya pueden hacerlo solos.

Pocos años más tarde, siendo tan solo unos niños, ya toman contacto con sus primeras experiencias laborales. Es normal verlos repartiendo periódicos, folletos de ofertas o la hoja parroquial a cambio de un dinerito con el que se financian sus pequeños caprichos. Pero incluso a esa temprana edad surge la semilla de futuros emprendedores. Hace solo unos días vi un cartel por la calle que me llamó la atención. Era un folio DIN-A4 pegado en una farola, en el cual figuraba la foto de unos perritos a todo color. En la parte inferior tenía los típicos cortes para arrancar el trocito de papel con el número de teléfono. A primera vista pensé que se trataría de un anuncio por un perro perdido, unos cachorros regalados o algo así. Cuál fue mi sorpresa cuando me acerqué y leí lo siguiente:

"Cuidadora de perros. 11 años. Responsable y muy cariñosa con los animales."

A-CO-JO-NAN-TE. Subrayo la edad porque tiene bemoles la niña. Con 11 añitos y toda una empresaria en ciernes... Pues eso, los niños pasean, cuidan o dan de comer a los perros por un dinerillo. Y los "clientes" los contratan a pesar de su edad porque saben que pueden fiarse, además de para fomentar esa toma de responsabilidad temprana. A muchos esto le parecerá una chorrada, pero a mí me parecen cosas extremadamente significativas, porque sientan las bases de lo que viene después.

Cuando llegan a la adolescencia, cuentan con unos mecanismos de integración al mercado laboral dignos de mi admiración. La formación que reciben los chavales es increíble. No entro a valorar la que reciben en las aulas o en los libros, porque no la he visto. Yo hablo de la formación de verdad, la que se adquiere con las manos en la masa al lado de los que saben, y no chapando lecciones para repetirlas como un loro.

Todos los meses llega a cada empresa una nueva remesa de estudiantes en prácticas. Yo alucinaba las primeras veces que vi a chicos de 14 o 15 años donde trabajaba. Era algo tan desconocido para mí que pensaba si sería una jornada de puertas abiertas o quizá los hijos de algún empleado esperando a su padre. Pero no. A esa edad, los chicos toman su primer contacto con el mundo real. Realizan tareas que no se limitan a cargar cajas y hacer los recados. Asumen ya desde entonces responsabilidades y encargos serios. Empiezan a aprender lo que es un oficio y lo que es la vida. En otras palabras: maduran como personas.

Asimismo, llegan también estudiantes universitarios. Aquí es inconcebible terminar una carrera sin haber realizado unas prácticas en empresa. Y unas prácticas son unas prácticas, no una pantomima. Os garantizo que los trabajos que hacen son muchas veces imprescindibles, más importantes incluso que los de alguna gente que está en plantilla. Aportan nuevas ideas, frescura y el empuje propio de la juventud, que unidos a la experiencia de los veteranos con los que colaboran producen mejoras muy valiosas para la empresa.

Por eso no es casualidad que las empresas se rifen a los estudiantes. Mantienen una feroz competencia por atraerlos, y el abanico de opciones que tienen ellos para elegir es sencillamente envidiable. Y claro, habiendo demostrado su capacidad durante las prácticas, ¿qué empresa va a dejarlos escapar? Ninguna con dos dedos de frente. La práctica totalidad de los que entran en prácticas reciben una oferta de contrato de trabajo al concluir ese periodo, incorporándose así inmediatamente al mercado laboral.

Pero no termina ahí la cosa. Durante todo ese proceso, son muchos los que adquieren conocimientos y madurez suficiente como para dar el salto y crear su propia empresa. Y manteniendo el estrecho contacto empresa-universidad, pueden seguir desarrollando productos innovadores que las hacen crecer. Esas nuevas empresas generarán más riqueza para la región y a su vez servirán como trampolín para otros profesionales en el futuro. Habrá cada vez mejores opciones para no tener que marcharse a otra parte.

Este es, ni más ni menos, el círculo virtuoso al que hacía referencia la semana pasada. 

Y como todo va unido, es obvio que los beneficios de esa educación van más allá del ámbito académico y laboral. Unos jóvenes más maduros y responsables son infinitamente más respetuosos. No adquieren hábitos dañinos, no cometen actos vandálicos, no adoptan la destrucción por pasatiempo y no emplean gratuitamente la violencia. Se independizan inmediatamente de sus padres y no se convierten en perennes parásitos. En definitiva, gozan de una vida más plena: viven y dejan vivir.
"Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela."
- Albert Einstein -

viernes, 26 de abril de 2013

Emigrar no es la solución

Hace unas cuantas entradas ya dejé caer que los acontecimientos ocurridos han cambiado notablemente mis puntos de vista sobre determinados asuntos. Con la perspectiva que dan el tiempo y las experiencias vividas, ya no creo que emigrar sea la mejor solución de futuro, ni la decisión más valiente. Y haber fallado en mi intento no es el motivo para cambiar de idea, hubiese llegado a la misma conclusión antes o después. El fracaso solo me ha abierto los ojos más deprisa.
"Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo."
- Albert Einstein -


En el pasado, los nuestros han salido de España en momentos en que estaba más que justificado. Era una obligación si no querías morirte de hambre. Pero creo que la emigración de hoy en día es muy diferente. La sociedad actual es cada vez más egoísta y ambiciosa. No nos conformamos con nada, todo lo que tenemos es poco, siempre queremos más y lo queremos cuanto antes. Por eso nos vamos buscando reconocimiento, prestigio, plan de carrera, ganar más dinero... con la justificación de que en nuestro país no hay nada decente.

Por supuesto, no solo es legítimo sino comprensible también. Lo que yo me pregunto es, ¿qué pasaría si todo ese talento exportado lo aprovechásemos nosotros mismos? ¿Habéis pensado en el futuro que tiene un país como España, en el que más de la mitad de los jóvenes no tiene trabajo y el resto decide largarse? La respuesta es obvia: ninguno.

Los que hemos optado por irnos hemos oído a menudo cosas del tipo: "¡qué huevos tienes!" o "¡hay que tenerlos cuadrados!".

No estoy de acuerdo.

Valiente es el que se queda en su pueblo peleando día tras día para sacar adelante un pequeño negocio, con más pena que gloria, acuciado por la crisis y pisoteado por la dictadura infame de un sistema financiero que goza del mecenazgo político. Yo creo que lo más fácil en una situación como esta es abandonar el barco, no quedarse.

Sin embargo, si cuando vienen mal dadas nos marchamos a las primeras de cambio, nos estamos haciendo un flaco favor a la larga. Si todo nuestro talento se pone al servicio de otros, serán siempre otros los que se beneficien, mientras que nuestro país seguirá sumiéndose en su propia inmundicia. Así jamás tendremos la opción de cambiar nuestra realidad, no llegará el día en que tengamos alternativas decentes para quedarnos en vez de emigrar. No basta con protestar y pedir un país digno al que regresar. Si es eso lo que queremos de verdad, tenemos que luchar por ello, no largarnos dejando el camino expedito a los gusanos que lo destruyen.

ESE CAMBIO DEBEMOS HACERLO NOSOTROS. Nadie más lo hará. En lugar de salir corriendo a trabajar para empresas foráneas que nos saquen de un país sin futuro, tenemos que luchar por un futuro en nuestro país. Necesitamos crear valor añadido, atrevernos a hacer cosas que aporten riqueza a largo plazo, que sean soluciones de futuro y no parches temporales, no agarrarnos a la primera anodina oposición que aparezca solo movidos por el afán de lograr una plaza de por vida, apartarnos de actividades especulativas y facilonas que solo llenan los bolsillos ya rebosantes de unos pocos, renunciar a ser un simple país de bares, turismo y servicios... Toda esa mierda ha demostrado ser pan para hoy y hambre para mañana. Puede que a ti te resuelvan la vida por un periodo de tiempo, pero tus hijos volverán a verse obligados a emigrar y a alejarse de sus raíces.

Conocimiento y esfuerzo. Ese es el único camino.

El que aún no haya abierto los ojos que le eche un vistazo a los datos de desempleo. Las zonas de turismo y ladrillo rondan o superan con creces el 30% de paro, en contraposición a las que viven de industria y tecnología. Hace tiempo que el País Vasco es el ejemplo más evidente de esto, un modelo a seguir para toda España con su tejido industrial y su dedicación al I+D.

Para revertir la situación debemos, en primer lugar, formarnos. Formarnos muy bien, desde muy pronto, como hacen en los países avanzados. Y sí, parte de esa formación debería hacerse en el extranjero durante un tiempo. Todos deberíamos hacerlo a modo de aprendizaje, para abrir nuestra mente y adquirir nuevas ideas. Pero solo temporalmente. Tendríamos que absorber lo mejor de esos sitios y luego volver para aplicarlo en nuestros lugares de origen. Eso nos haría crecer. El problema es que ahora lo hacemos justo al contrario. Trasladamos todo nuestro potencial al extranjero, donde son otros quienes lo aprovechan. Así se retroalimenta este círculo vicioso. 

Luego, una vez formados (aunque ese debe ser un proceso sin fin), debemos poner en práctica lo que sabemos. Pero no solamente dando lo mejor de uno mismo para terceros, sino también creando recursos por cuenta propia. Debemos cooperar, asociarnos y complementarnos para sacar adelante proyectos que rompan esta tendencia y generen valor. Así convertiríamos el círculo en virtuoso.

Es evidente que la paupérrima legislación existente no ayuda nada, pero creo que nos falta iniciativa y cultura de emprendimiento. La tendencia ha ido cambiando en los últimos años (más por necesidad que por convicción) pero, en general, cuando el empleo escasea cerca nos vamos lejos a buscarlo. Preferimos desplazarnos para seguir trabajando por cuenta ajena que quedarnos e intentar levantar algo propio. Nos resulta más cómodo trabajar para otros y que sean ellos los que se rompan la cabeza. Pensamos incluso que es una opción "más segura" que arriesgarse a montar un negocio, aunque no siempre es así.

No pretendo ir de listillo, yo soy tan culpable como el que más. Pero, una vez abiertos los ojos, no voy a resignarme sin pelear. Y cada uno pelea como puede. Las movilizaciones son una manera de hacerlo, pero hay otras que pueden ser efectivas, aun siendo más silenciosas. Por eso espero volver tan pronto me sea posible y poner mi granito de arena para cambiar la situación actual. Puede que acierte o puede que no, pero estaré infinitamente más orgulloso y satisfecho de lo poco o mucho que haga, porque lo estaré haciendo con los míos y para los míos. Y eso para mí vale más que el dinero y el plan de carrera.
"En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada."
- Franklin D. Roosevelt -