viernes, 28 de junio de 2013

Cambiar matrícula española por alemana en 10 pasos

Hoy volveré a tocar la vertiente de servicio público, hablando del procedimiento para sustituir una matrícula española por una alemana. Como dije en mi anterior entrada, esta es una de las trampas que nos pone Europa para complicarnos la vida y sacarnos la pasta. Dado que los gerifaltes europeos no han tenido a bien unificar el reglamento, estamos obligados a matricular el vehículo en el país donde oficialmente residimos, y cada estado establece sus propias normas al respecto. Esto trae como consecuencia no pocos gastos y molestias. Ejemplo: Alguien que trasladase su residencia a otro país de la UE y retornase al cabo de 7 meses, siguiendo la normativa a rajatabla, podría lucir fácilmente en su coche CINCO matrículas diferentes en ese periodo de tiempo (cada una de ellas con su pertinente desembolso, claro está). Un verdadero disparate.


Debes saber que existe obligación de cambiar la matrícula en estancias superiores a seis meses (de ahí el ejemplo anterior), salvo dos excepciones: estudiantes matriculados en un centro educativo del país y trabajadores transfronterizos. Eso sí, mientras portes matrícula forastera, no se permite que el coche lo conduzca ningún residente del nuevo país, salvo que tú vayas en él.

A continuación describo los pasos que yo seguí para realizar el cambio de placas, así como los costes (a modo orientativo), que pueden variar ligeramente según la región de Alemania. Nota: No soy uno de los blogueros viajeros a los que le mola fardar con las palabritas superguays que van descubriendo; casi nunca uso términos alemanes en el blog, y mucho menos si no aportan nada. Sin embargo, por razones didácticas, hoy será la primera vez que incluya una buena dosis de ellos, ya que lo considero útil para afrontar esta situación real sin conocer bien el idioma.

1) Buscar un seguro alemán para el coche. Tras llegar a un acuerdo con ellos sobre el tipo de cobertura (más información en el punto 8), te dan un justificante provisional (Versicherungsbestätigung) que debes presentar en la oficina de matriculaciones (Kfz-Zulassungsstelle).

Precio: 0€.

2) Pasar la inspección técnica (TÜV), que incluye una inspección general (Hauptuntersuchung) y una de emisión de gases (Abgasuntersuchung). Para ello es necesario el certificado de conformidad del fabricante (Übereinstimmungserklärung o Übereinstimmungsbescheinigung, también llamado CoC por sus siglas en inglés) o una revisión técnica completa (Vollgutachten) un poco más "especial" que le hacen a los vehículos extranjeros. El certificado me costaba 71,40€ pidiéndolo al fabricante. Es interesante señalar que existen otros talleres autorizados para realizar las inspecciones del TÜV (p. ej. grandes cadenas como ATU, DEKRA...). Yo decidí utilizar esa opción, ya que me resultaba más rápida y sencilla, para lo cual tuve que presentar solamente la documentación española del coche (tarjeta de ITV y permiso de circulación).

Precio: 89€ (inspecciones estándar) + 58,31€ (revisión "especial").

3) Ir a la oficina de tráfico con todo esto en la mano:
  • Papeles españoles del coche (puede que te interese hacerle copias, porque se quedan los originales).
  • Placas españolas (también se las quedan).
  • Justificante de la inspección técnica (TÜV).
  • Justificante temporal del seguro (Versicherungsbestätigung). 
  • Formulario del impuesto de circulación alemán (Kraftfahrzeugsteuer o Kfz-Steuer) que te dan allí. Desde este momento te lo pasarán cada año por domiciliación bancaria.
  • Pasaporte o DNI en vigencia.
  • Justificante de empadronamiento del ayuntamiento (Anmeldebestätigung). En teoría no hace falta, pero les encanta pedirlo para TODO, así que no está de más llevarlo encima, por si acaso.
  • ¡Destornillador para quitar y poner las placas!
Una vez verifican todos los documentos te asignan un número de matrícula. Si lo deseas, puedes elegir el que quieras entre los que hay libres pagando unos 10€ extra, y se puede reservar con antelación por Internet pagando otros 2€ y pico (ver comentario final). Entonces, te dan dos recibos. Uno para pagar en caja el coste de la gestión administrativa (en la misma oficina). Otro para obtener las placas de matrícula. También recibes un documento acreditativo de que el coche está registrado en Alemania, para presentarlo en tráfico de España y darlo de baja allí.

Precio: 44,10€ (tasa administrativa) + impuesto circulación (actualmente, los diesel pagan 9,50€ por cada 100cm³ + 2€ por cada g/km de CO2 que supere los 110g/km; los de gasolina pagan 2€ por cada 100cm³ + 2€ por cada g/km de CO2 que supere los 110g/km).

4) Ir a comprar las placas (siempre hay tiendas que se dedican a eso al lado de las oficinas de tráfico). Con el recibo de tráfico te troquelan en las placas el número que te corresponde.

Precio: 35€.

5) Elegir método de fijación de las placas. Mientras que en España solemos llevar las placas atornilladas "a pelo", en Alemania es típico acoplarlas a un soporte (por razones puramente estéticas). Por defecto, no te hacen agujeros en ellas; si los quieres debes pedirlos en la tienda de troquelar (recuerda tomar medidas para indicarle dónde hacerlos). Si no, puedes comprar el susodicho soporte, que se atornilla y sobre él se fijan las placas.

Precio del soporte (opcional): 12€.

6) Volver a tráfico con las placas "recién hechas" para que te pongan en ellas los sellos de la región y el de validez de la inspección técnica (la placa que lleva dos sellos debe ponerse atrás). Recibes entonces la documentación alemana del coche, que consta de dos partes. La primera se llama Zulassungsbescheinigung Teil I (también conocida como Fahrzeugschein o simplemente Schein) y es la que se debe llevar siempre en el coche. La segunda se llama Zulassungsbescheinigung Teil II (también conocida como Fahrzeugbrief o simplemente Brief) y es como el “título de propiedad” del coche, se deja siempre en casa a buen recaudo; perderla conlleva problemas. Ya se pueden instalar las nuevas placas en el coche y circular con él.

Precio: 0€.

7) Notificar la baja al seguro español y solicitarle un certificado de no siniestralidad en formato internacional (inglés) para que te apliquen la bonificación en el seguro alemán.

Precio: 0€.

8) Hacer el seguro definitivo alemán. Hay un plazo de 4 semanas desde que se registra el coche con matrícula alemana. En ese plazo, la cobertura es la misma que hayas acordado inicialmente para obtener el justificante provisional (sin límite de movilidad). Debe formalizarse el seguro definitivo en ese periodo de tiempo. El seguro vence siempre por año natural, se haga cuando se haga. Por tanto, si se da de alta en fecha distinta al 1 de enero, cobran la cantidad proporcional según lo que quede de año. Básicamente hay tres tipos de seguro, cuyas coberturas exactas pueden variar según la aseguradora: el obligatorio a terceros (Haftpflichtversicherung), todo riesgo (Vollkasko) y uno intermedio (Teilkasko) que es como a terceros ampliado con daños propios, incendio, robo, etc, pero que no cubre los daños causados a tu coche por terceros. Como es obvio, el precio de cada uno variará según el modelo de coche, la bonificación del conductor, etc. Por lo general sale algo más caro que la cobertura equivalente en España.

Precio: en mi caso particular rondaba los 500€.

9) Dar de baja el coche en España (jefatura provincial de tráfico) por tránsito comunitario. Es conveniente tener a mano, por si acaso, el justificante de registro que recibes en tráfico de Alemania (ver punto 3) y que acredita oficialmente el cambio de matrícula realizado, aunque a mí no me lo pidieron. Por tanto, solo hay que rellenar el formulario español (disponible en Internet: DGT) y pagar la correspondiente tasa.

Precio: 8€.

10) Solicitar la devolución de la parte proporcional del impuesto municipal del vehículo (en el ayuntamiento donde estaba registrado en España), si procede. Para ello te piden el justificante que expide tráfico de la baja definitiva del coche. El impuesto se paga por año natural y se prorratea por trimestres, así que te devolverán tres trimestres si das la baja hasta el 31 de marzo, dos trimestres si la das hasta el 30 de junio, un trimestre si la das hasta el 30 noviembre y nada si das la baja después de esa fecha.

Precio: 0€.

¡LISTO!

Nota importante: En Alemania, los únicos documentos obligatorios que se deben llevar en el coche son el carné de conducir y el Fahrzeugschein (no se necesita el seguro ni nada más).

Y un último comentario a modo de curiosidad: La matrícula en Alemania va asociada al propietario, no al vehículo como en España. Eso quiere decir que un mismo coche puede portar varias matrículas a lo largo de su vida útil, y que puedes mantener la misma durante toda tu vida pasándola de un coche a otro. La estructura de letras y números es como sigue: XXX YY NNNN. 'X' son las letras identificativas de la región (puede haber de una a tres) y es la única parte que no se puede elegir. 'Y' son letras a elegir (mínimo una, máximo dos), aunque no se admiten ciertas combinaciones catalogadas como "indeseadas". 'N' son números a elegir (pueden ponerse entre una y cuatro cifras).

jueves, 20 de junio de 2013

¿Para qué sirve Europa?

Desde que se creó este invento de la Unión Europea nos han vendido las ventajas que tiene para todos nosotros. Cuando empezamos a oír hablar de ello, allá por los 80, sonaba casi a ciencia ficción. ¡Pasar de un país a otro sin fronteras! Resultaba intrigante, enigmático y hasta exótico. Pero pronto nos acostumbramos. Más tarde llegó la moneda única, que parecía igual de extravagante. Del mismo modo, se fueron incorporando tratados, acuerdos, leyes y normativas diversas, que se supone deben facilitarnos la vida y simplificarnos las cosas. Pero tras todos estos años de conversiones, adaptaciones y cambios, uno sale de su país y se encuentra con una serie de obstáculos que le hacen preguntarse: ¿para qué sirve realmente este tinglado?


De entrada, una de las primeras cosas que se deben afrontar al llegar a otro país es abrir una cuenta bancaria. A pesar de la unidad monetaria y del mercado común, uno no puede seguir operando solo con su banco de antes.

Si te vas al extranjero de vacaciones, tu atención médica está cubierta con la tarjeta sanitaria europea, pero si trasladas tu residencia ya necesitas un nuevo seguro de salud. Los convenios existentes en cuanto a atención médica o pensiones no impiden que debas cambiar de seguridad social.

Naturalmente, llegará el inexorable momento de rendir cuentas a Hacienda, claro está. Por eso, necesitas también tu nuevo número de identificación fiscal. Los acuerdos transfronterizos en este sentido no te librarán de un jaleo morrocotudo cuando llegue la temida declaración. Haber residido en un año fiscal en dos países, las distintas normativas de cada uno o poseer bienes en el extranjero suelen complicar las cosas sobremanera.

En el plano académico y laboral también podemos toparnos con algunas trabas. Son conocidas las posibilidades que se ofrecen para la movilidad estudiantil, pero sin embargo esto choca con la disparidad de sistemas educativos. No siempre se reconocen por igual titulaciones obtenidas en países diferentes, lo que puede representar un agravio comparativo en determinadas situaciones.

Otro caso ya comentado es el tema del paro. Existen regulaciones comunitarias que nos permiten exportar prestaciones e ir a buscar trabajo en otro país. No obstante, es un derecho limitado, porque no puedes trasladarlo en su totalidad. Por otro lado, se reconocen cotizaciones realizadas en países ajenos, pero deben acreditarse mediante documentos expedidos por aquellos. Si hay administración común para unos trámites, ¿porqué no para otros?

Y como último ejemplo puedo citar lo que ocurre con el tránsito de vehículos, tema ciertamente sangrante del que volveré a hablar en unos días. Resulta que con tu coche puedes circular por toda Europa, tengas la matrícula que tengas, y basta con llevar la carta verde del seguro para cubrir cualquier eventualidad. Pero si te lo llevas al fijar tu residencia en el extranjero, ah, ahí ya no puedes mantener la matrícula original; tienes que cambiarla por una del país de destino, lo que normalmente implica también cambiar de seguro. O sea, una auténtica coña marinera que conlleva múltiples trastornos: alta en el extranjero, baja en tu país, inspección técnica y otros papeleos diversos. Y todo ello con sus tasas y costes correspondientes, ¡cómo no!

¡Ah! Y no olvidemos la guinda del pastel. Por si todo esto era poco, cuando decidas volverte a tu país debes deshacer punto por punto todo lo que has hecho a la ida. Si no querías caldo, toma dos tazas. Gastos y trastornos por duplicado. Si es que cuando se trata de sacarnos la pasta se lo montan de miedo...

Lo que está claro, a mi modo de ver, es que todos los ejemplos citados muestran una falta de coordinación administrativa —quizá deliberada—. Por eso, cuando yo me hago la pregunta de para qué sirve Europa, suelo llegar a la misma respuesta: a mí solo me sirve para no tener que cambiar mi dinero y para no parar en las aduanas. No voy a negar que son comodidades, pero me parece escaso botín para el alto precio que nos cuesta. Da la sensación de que la Unión Europea es solo una unión a medias. Y tal como están las cosas, ya veremos cuánto dura esto...

viernes, 7 de junio de 2013

Autontomática

Los alemanes adoran todo lo automático. Tanto da que sea en el coche, en el trabajo, en casa o en cualquier otro contexto. Si algo funciona solo, les encanta. Puertas, grifos, secamanos, luces... En ningún otro sitio he visto jamás tantos cachivaches de todo tipo diseñados para realizar las funciones más inverosímiles, incluso aquellas para las que yo nunca pensé que pudiera existir una máquina. El catálogo es interminable, y toda la gente cuenta con un amplio surtido de esos artilugios. Son sus "juguetes".


Veréis, no pongo en duda que muchos de los aparatos que proliferan pueden ser útiles —aparte de curiosos, cuando menos—, pero personalmente encuentro excesiva esta manía por lo automático, que llega a alcanzar niveles absurdos de dependencia. Puede que yo sea un bicho raro, pero creo que el exceso de tecnología atrofia a las personas de forma innecesaria. Hay aparatos que son auténticos mataneuronas; nos vuelven más tontos. Perdemos la capacidad de hacer cosas increíblemente sencillas solo porque las hace una máquina. Puedo entender el uso de ciertos mecanismos que proporcionan mejor calidad de vida o facilitan tareas, especialmente en el caso de personas con alguna limitación. Pero una automatización desmedida hasta el disparate produce más molestias que bienestar, lo que representa una absoluta contradicción.

Entre los muchos ejemplos que se pueden citar, uno de los ámbitos más destacables de esta tendencia alemana es el del coche. Siendo como es para ellos una religión, no podía escapar a esta manía. Un caso que ya he mencionado es la dependencia que tienen del GPS, el cual considero muy útil en determinadas situaciones, pero no en todo momento por sistema. Luego está muy extendido el cambio automático, cosa que a mí nunca me ha gustado. Creo que resta gran parte del placer de conducir, aparte de consumir más. También es raro ver un coche que no venga equipado hasta los topes con todo cuanto sensor pueda existir: aparcamiento, puertas, ventanillas, luces, limpiaparabrisas... todo se activa solo. Coño, ¿cuesta tanto pulsar un botón con el dedo? ¡Digo yo que así la cosa ya es bastante simple! La verdad, encuentro escasa utilidad en gran parte de ese equipamiento. Total, la mayoría de las veces se enciende algo cuando no toca, o no lo hace cuando debe...

Sin embargo, no es ese el foco de mis iras y causante de esta entrada, sino algo que tengo en casa y que me saca de quicio. Una verdadera chatarra automática inútil.

Vaya por delante que tengo la suerte de contar con persianas en mis ventanas, avance "tecnológico" poco común por estas tierras. Es más, incluso tengo un toldo que me protege del sol abrumador que tan severamente nos castiga (¿se percibe la ironía?). Entonces claro, con tan espléndido equipamiento, el faraónico proyecto solo podía culminarse dotándolo de unos excelsos mecanismos automáticos.

Así, tanto las persianas como el toldo de marras, tienen un sistema automatizado de apertura y cierre que es casi tan inútil como exasperante. Puedes programar unas horas determinadas a las que abrir y cerrar cada una, así como el punto en el que se detienen. Pero aunque no lo programes, debes subir y bajar la persiana mediante los mismos botoncitos, lo cual requiere un tiempo muy superior al que tardaría con el tradicional tirón de cuerda. A esto hay que añadirle la cantidad de veces que se bloquea el puto mecanismo y no va ni para arriba ni para abajo. Entonces, jurando en hebreo, tengo que desmontarlo para poder mover una simple persiana, cosa que podría hacer con extrema sencillez y sin consumir gota de electricidad si no estuviera automatizada. Ah, y olvídate de persianas si hay un apagón, porque mientras dure se quedan muertas de risa. Ahí el azar decidirá. Si se quedan abiertas te joderás de noche y si se quedan cerradas te joderás de día.

Por si fuera poco, el toldo —como digo, tan necesario en Alemania aún presenta otro agravante adicional. Este se rige por la señal que le proveen un sensor de luz y un anemómetro. En función de la intensidad de luz y viento, el toldo se recoge o se extiende. Huelga decir que no lo he utilizado jamás y he tratado de desenchufar todo cuanto cable he podido, pues es otro consumidor parásito de electricidad hago hincapié porque aquí la luz cuesta un huevo y la yema del otro. Pero a pesar de todo, cuando varían las condiciones, sigue ejecutando repetidos amagos de movimiento que son de lo más molesto, por producirse acompañados de ruido y a cualquier hora del día o de la noche. Son incontables las veces que de nuevo jurando, esta vez en arameo he estado tentado de levantarme de la cama cuchillo en mano y ponerme a cortar cables como un psicópata.

¿Y todo esto para qué? ¿Para ahorrarme un gesto que me lleva exactamente tres segundos y me supone un esfuerzo insignificante? Pues oigan, les diré una cosa:

¡Métanse sus maquinitas por donde yo les diga!

viernes, 31 de mayo de 2013

¡Harto de la tolerancia!

Se deduce del título que hoy vengo caliente y voy a despacharme. Esto se aparta ligeramente del tema del blog —o puede que no tanto, pero por algún sitio tengo que explotar. ¡Y es que ya está bien, joder! Ya está bien de tanta desfachatez. Lo de nuestras leyes, nuestra justicia y nuestra tontería ya apesta. Que me tachen de tirano, de déspota radical o de lo que quieran, pero: 

¡¡TOLERAR LO INTOLERABLE NO ES TOLERANCIA!! ¡¡ES ESTUPIDEZ!!


La crónica de sucesos parece calcada día tras día. La misma infamia insoportable. Acabo de ver una de tantas. No es la primera ni será la última.

CASO A: Un hombre se acerca a otro —compañero suyo de trabajo— y, sin mediar palabra ni discusión alguna, le clava un cuchillo. No contento con eso, le clava un segundo cuchillo antes de tirarlo al mar con ambas armas todavía clavadas. La víctima sobrevive, milagrosamente. Gracias a eso, el agresor será juzgado únicamente por intento de asesinato. Con la mayor desvergüenza de la que un ser humano es capaz, el abogado defensor explica ante los periodistas que pedirá para su cliente la LIBRE ABSOLUCIÓN. Alega que su defendido está diagnosticado de una alteración psíquica, para la que toma medicación. Me encantará saber si opina lo mismo cuando le toque a él ser la víctima. O a su mujer. O a sus hijos. Porque, sí, señor letrado, a usted también le tocará antes o después. Tan solo es cuestión de tiempo. A todos nos tocará si nadie lo remedia.

CASO B: Desvalijan un bar en mitad de la noche. Para los propietarios ya ha dejado de ser noticia. Es la QUINTA vez que lo sufren en los últimos dos meses. Tanto es así, que los destrozos causados en el mobiliario son más cuantiosos que el dinero robado en metálico. El seguro les ha dicho que se vayan buscando otra compañía cuando venza el contrato, ya no quiere saber nada de ellos. Ante tal tesitura, probablemente tendrán que cerrar y buscarse la vida de otro modo, si es que lo hay. 

CASO C: Atracan a mano armada a una octogenaria que vive sola en un pequeño pueblo. Dos individuos —fijaos qué valientes le propinan una atroz paliza a la anciana para robarle la miserable pensión de la que malvive. ¡Coserlos el uno al otro por las pelotas con agujas de calcetar sería poco!

CASO D: Más de lo mismo. La víctima es una mujer de 50 años en silla de ruedas. Le roban tres bolsos que tenía en casa. Tres de los cinco individuos que participaron en el delito, se emplearon a fondo para "neutralizar" a la inválida señoragolpeándola con una barra de hierro.

CASO E: Vehículo siembra el pánico a más de 150 km/h por una ciudad. Invade repetidamente el carril contrario y obliga a otros coches a salirse de la calzada para evitar la colisión. La policía solo puede darle el alto. Por nada del mundo tienen permitido emplear medios más contundentes —sería una muestra de fascismo total—, a pesar de que el conductor asesino pone en riesgo la vida de muchas personas. Cuando le echan el guante comprueban que va borracho y sin carné, aparte de acumular unas ¡100! denuncias anteriores de tráfico. Bien. Pues ya tiene 101. Ahora a por la próxima. Este también matará a alguien antes o después. Falta saber a quién. ¿A ti? ¿A mí? ¿?

Etc, etc, etc... Podría seguir enumerando hasta aburrirme.

Toda esta mierda ocurre CADA DÍA en España. Y todos los casos tienen un denominador común. Los delincuentes, en caso de que los cojan, entran por una puerta de la comisaría y salen por otra. En 48 horas, esa basura humana está de nuevo en la calle para seguir delinquiendo a sus anchas. Pero es que la alternativa es casi peor. Si llegan a meterlos en la cárcel, acumulan condena tras condena toda su vida. Allí les damos de comer y de beber, y una cama donde dormir a pierna suelta. Así hasta que salen y cobran, cómo no, los correspondientes subsidios. No vaya a ser que se sientan discriminados por la insensible sociedad. A partir de 6 meses de cárcel, perciben entre 6 y 18 meses de subsidio. ¡Hala, a vivir y seguir dando palos!

Y ojo. Que no se te ocurra defenderte de uno que entra a TU casa con la intención de darte una paliza a ti y a tu familia. ¡Entonces te vas tú a la cárcel! No no. Debes esperar a que él te dispare y, cuando estés herido de muerte, solo ahí, tienes quizá derecho a pedirle, por favor, que deponga su actitud o te verás obligado a afearle la conducta.

¡Venga-a-tomar-por-culo-ya!

Autoridad y MANO DURA de una vez, eso es lo que hace falta.

Mientras nadie le pare los pies a esos inmundos sacos de mierda, seguiremos viendo casos iguales todos los días. Mientras políticos, jueces, policía y sociedad en general no se atrevan a poner los huevos encima de la mesa y decir "ESTO SE ACABÓ", España seguirá siendo un paraíso para toda esa pléyade de atracadores, asesinos, violadores, estafadores y criminales varios que se regodean en la impunidad de sus despreciables actos.

Lo mismo puede decirse de otros delitos más mediáticos. ¿Para qué se representa un patético sainete en el que se juzga a cierta folclórica archiconocida? ¿Para imponerle una condena que no va a cumplir por tratarse de su primer delito? ¿O sea que a todos nos corresponde por ley un delito "gratis", sin pagar por ello? Pero, ¿qué broma es esta? ¡Ah! Y luego seguimos demostrando nuestra inteligencia contratando a la misma elementa que nos robó para nuevos bolos pagados con más dinero público. Sí que nos repugna la corrupción... sí.

Sin embargo, no son esos casos de portada los más indignantes. Para mí son más flagrantes los que comenté antes, porque atentan contra los derechos más básicos de las personas.

La seguridad ciudadana es peor que nunca. La gente de bien ya no puede pasear por la calle ni sentirse segura en casa o en el trabajo sin temer que la asalten, la agredan, la amenacen o la intimiden, porque tiene menos derechos que los criminales. ¿Quién puede extrañarse entonces de que haya cada vez más? Camorristas y maleantes de medio mundo saben de las ventajas que les ofrece un país como el nuestro, así que acuden en masa para unirse a los autóctonos —ya de por sí abundantes— y perpetrar todas las fechorías imaginables. Siempre cuentan con algún atenuante legal al que acogerse para esquivar o reducir sus penas: enajenación, ser menor, ir bebido, ir drogado... Pero, ¿en qué cabeza cabe? ¿Consumir alcohol y drogas un atenuante? ¡En todo caso será un agravante! ¿O acaso le han obligado a tomarlas? Es que tiene cojones. Lo que está diciendo la ley es: "Eh, cuando vayáis a cometer el crimen no os olvidéis de colocaros antes hasta las cejas, que tiene premio."

Si otros países tienen menos delincuencia no es solo porque sean más civilizados, sino porque tienen más miedo a las consecuencias. Las autoridades no se andan con chorradas, así que muchos se lo piensan dos veces antes de hacer cualquier tropelía.

Hoy por hoy, en España sale más a cuenta ser DELINCUENTE.

¡¡¡Y NO HAY DERECHO!!!
"El mundo es un lugar peligroso; no por las personas que hacen el mal, sino por las que no hacen nada al respecto."
- Albert Einstein -

jueves, 23 de mayo de 2013

Recursos inhumanos

Resulta evidente que este mundo apesta cada vez más. Lo hace por los cuatro costados, de tal manera que la escasa moral que pudo existir algún día está cerca de esfumarse por completo. Nada importa salvo hacer dinero y medrar a toda costa. Se pisa a quien haga falta sin la menor consideración por su dignidad. Políticos y banqueros representan como nadie esa vil bajeza del ser humano, pero esta filosofía que impera en nuestros días puede observarse en muchos otros colectivos, como el que voy a tratar hoy: los llamados reclutadores, cazatalentos o headhunters.


Para ser sincero, los departamentos de RR.HH. no han sido nunca santo de mi devoción. Quizá haya tenido mala suerte con los que me han tocado, no lo sé, pero la realidad es que he visto siempre comportamientos despreciables por su parte, en distintas empresas y con distintas personas.

El caso es que, en la situación de necesidad que vivimos, muchos han visto la oportunidad de convertirse en buscadores de personal para las empresas. Algunos han creado agencias de reclutamiento y otros trabajan por cuenta propia, incluso desde casa. Las empresas acuden a ellos para demandar un determinado perfil profesional y ellos les proporcionan una serie de personas que cumplen los requisitos. Naturalmente, no les resulta difícil hacerse con montones de CV's de gente deseosa de trabajar, y las empresas aceptan pagar sus servicios para evitarse esa primera criba.

Si uno visita las webs de esos "cazadores", observa unos rasgos comunes a todos ellos. Proclaman a los cuatro vientos su especial vocación por las personas de las que dicen estar al servicio y explican cómo su inigualable ojo clínico les permite identificar el talento evitando que se desperdicie, restaurando así el equilibrio cósmico de forma puramente altruista. 

¡Menuda sarta de mentiras! A esos tiburones, las personas y el talento les importan un carajo.

A lo largo de mi trayectoria he tenido contacto con un buen número de estos elementos. Prometo que, cada vez que me topo con uno nuevo, dejo de lado cualquier prejuicio y le concedo la presunción de inocencia. Aún así, tienen la asombrosa capacidad de defraudarme en un tiempo récord. En los últimos meses la frecuencia de contacto se ha incrementado todavía más, debido a mi situación, deparándome en todos los casos resultados infructuosos. Ojo, no por el hecho de no conseguir trabajo, sino por el comportamiento lamentable que han tenido. Acepto sin rechistar que no me den un empleo porque no soy la persona indicada, pero no admito que me traten sin el más mínimo respeto. Por ahí no paso.

Os contaré un caso que me ocurrió hace ya tiempo, cuando aún trabajaba. En aquel entonces no estaba buscando trabajo, por lo que no había iniciado ninguna gestión, ni enviado solicitudes, ni datos, ni nada parecido. Bien. Pues un día, me suena el teléfono en el trabajo. Alguien pregunta por mí. "Sí, soy yo" —respondo—. Entonces, el fulano me suelta sin más preámbulos que si estaría interesado en cambiar de empleo, que su cliente es una empresa muy potente, que si patatín que si patatán... Hace falta tener poca vergüenza. Un tío consigue mi teléfono del trabajo sin que yo se lo dé, me llama en plena jornada laboral y me propone dejarlo para irme a otro lado. De entrada, lo considero una flagrante invasión de la intimidad, pero es que aparte podía haberme buscado un lío con mi empresa. El trabajo ya es un bien tan preciado que, solo por venir ofreciéndolo, se creen con derecho a abordarme sin el más mínimo tacto.

Más ejemplos recientes. Alguien que no conozco se pone en contacto conmigo, me habla de una supuesta oferta de empleo, me pregunta si me interesa y me pide que le envíe mi CV y otra información adicional. Propone concertar una entrevista telefónica para comentar un poco los detalles de mi experiencia y tal. Lo típico. Naturalmente valoro la oferta y, al ver que me interesa, accedo. Le indico que estoy de acuerdo y que hablaremos, y procedo a enviarle lo que solicita. Automáticamente, en ese momento el tío se desvanece y no vuelvo a recibir noticias suyas. Le mando un par de correos para ver qué pasa y no me contesta. De la oferta nunca más se supo.

Con algunas variaciones en la historiaasí a bote pronto, puedo recordar media docena de ocasiones en las que se ha repetido esta misma experiencia en los últimos meses.

Ante estos hechos, evidentemente, uno se pregunta: ¿A qué coño juega esta gentuza? ¿Qué pretenden con esa tomadura de pelo? Muy sencillo: simplemente buscan incrementar su particular nómina de candidatos. Muchos de esos indeseables necesitan ampliar el elenco de nombres que poder ofrecer a las empresas, y la forma que tienen de hacerlo es esta. Te ofrecen un hipotético puesto —que a veces directamente se inventan— para conseguir tu CV y todos tus datos de contacto. A partir de ahí, si te he visto no me acuerdo. Ya tienen lo que querían: tu ficha.

Después, si tu perfil encaja, se lo ofrecerán a una empresa que puede llegar a pagar por tu CV aunque no te contrate. Un CV que el reclutador, recordemos, ha obtenido gratis de ti. Uno de ellos tuvo incluso la desfachatez de pedirme que no enviara solicitudes a más empresas, porque así ya tendrían mis datos y él no podría vendérselos. ¡Con dos cojones!

Hay que ser muy ruin para aprovecharse de los dramas de la gente, como es este del desempleo. Para esas sabandijas sin escrúpulos, las personas son simple ganado con el que comerciar.

Tristemente, en la selección de personal y los RR.HH. hace mucho tiempo que todo vale. Gestionar algo tan valioso como los puestos de trabajo les confiere el poder de jugar a ser Dios y decidir a su antojo el futuro de la gente. Avasallar a las personas y dilapidar el talento son prácticas comunes, mientras que escaseala honestidad, el respeto y la elegancia. Lo tenemos crudo aquellos que no contamos con la amistad de algún gerente o cargo importante. Así están las cosas.

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